ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

martes, 20 de octubre de 2020

VEINTICUATRO DE MAYO


 Edward hopper-Excursion into philosophy-1959





VEINTICUATRO DE MAYO

 

 

El dolor de lo irremediable -oscuro tenebroso

lugar-, está presto a lo largo de la macilenta

mañana. El temor se desvanece cuando

nos sentimos -labios ardientes- en beso

de amor cobijados atrapando el tiempo

que un día más cumple la profecía de la vida,

hoy amargo veinticuatro de mayo.

 

Florecen los geranios en las ventanas

y balcones vecinos. Rondan y pian

los ruiseñores en torno a los tejados

del barrio. Puedo reunir tus palabras

en la palma de mis manos y añadirlas

al almanaque floral de tus sonrisas

para que estallen cuando el espejo

recobre tu hermosa figura de madre

abnegada, descorazonada, herida.

 

No llego a estar a la altura del momento.

Me despisto fácilmente indeciso y timorato.

Doy vueltas como lobo encerrado

por la estancia. Pienso que el ritual

de la purificación reemplazará todo

dolor y, ante el ahogo que siento

abro la ventana para contemplar

la plaza repleta de jóvenes despreocupados

y alegres. Respiro o suspiro 

profundamente. El aire evapora 

el humo de los cigarrillos, el de las copas 

de vino, el de las risas sin fin, el de las huecas 

palabras...

 

Consumiendo en la habitación los momentos

más amargos de la abyecta soledad,

el dolor de la espera es tan intenso,

que no quiero agotarlo. Sí sentirlo,

tomarlo, beberlo sorbo a sorbo 

como elixir de un tiempo que se justifica 

con signos prometedores.

 


Perpignan, 24 de mayo del 1985.

©Teo Revilla Bravo






viernes, 16 de octubre de 2020

EL LIBRE PROCESO CREATIVO…


 Viñedo rojo (1888)  Obra de Vincent van Gogh. Museo Pushkin Moscú. 







EL LIBRE PROCESO CREATIVO…

 

Hay un debate abierto sobre el hecho de si pintar lo que se ve con fidelidad de ojo es un modo fácil de copiar, si a la labor generada mediante ese acto se le puede llamar arte. Algunos afirman que el impresionismo degeneró conceptualmente en mero eco de la naturaleza estimulado por la hermosura hallada -formas, colores, efectos-, siendo el pintor un burdo imitador en la prestación de bellos enfoques. Esta idea es rebatible y opinable. Toda polémica en este sentido acaba siendo algo trivial e innecesario, ya que ante todo está la libertad de expresión y la de sentir profunda y sinceramente  lo que se hace de una forma u otra. Pintar nunca es exactamente copiar, se diga lo que se diga. Cada obra realizada, sea inspirada en algo concreto, imaginario o abstracto, es única, diferente, personal e inseparable de su autor, ya que emana directamente de la sensibilidad y del quehacer que provoca en él la magia e imán del arte. Por otro lado, la naturaleza como tal es inimitable. Cuando alguien siente que se le acusa por lo realizado tomando por modelo algo concreto, sea persona, cosa o paisaje, ha de saber que no es más que una futilidad a la que no debería hacer caso. Todos los genios de la pintura atraídos por algo, “reprodujeron o copiaron” con fidelidad en algún momento. Así aprendieron a ir más allá del efecto causado en ellos por un lápiz o pincel, caídos por primera vez en sus manos. Tenemos el legado asombroso de personalidades artísticas como Renoir, Monet, Pisarro, etc., para desbaratar cualquier duda que se instale al respecto. El arte, recogido de la naturaleza como de un espejo, nos aporta visiones caleidoscópicas imprevisibles, armoniosas, bellas, singulares.

 

El arte no se entendería, sin los pasos dados por el artista  desde Altamira hasta las vanguardias más actuales. Renoir, Monet, Pisarro, Seurat, Degas, o cualquier otro, se diferencian completamente unos de otros pese a estar agrupados en un estilo. Los reconocemos porque crean universos personalizados y únicos, cada uno evolucionando de manera concreta según la sensibilidad poética, artesanal y artística, que posean del color, del volumen, de las formas. Aún pintando desde un mismo lugar cuidadosamente escogido un mismo objeto, esos pintores nos estarían regalando mundos novedosos diferenciados unos de otros, aun partiendo del mismo enfoque. De esta manera, el hombre va ampliando la visión del alma inabarcable de la poética natural que siente le regala la dicha de vivir.

La pintura realizada en este contexto y con esta visión enriquecedora, excede a toda consideración que pudiera llevarnos a pensar en la imitación. Lo mismo sucedería con una obra realizada en estudio con modelo por varios autores: el resultado sería un reflejo del espejo que ese modelo proyecta ante los ojos de cada uno. Especular sobre esto o aquello, sobre si sí o sobre si no, en cuanto al tema que tratamos, es una banalidad que entorpece más que aclara. Es no comprender absolutamente nada de lo esencial. Como decía alguien, no recuerdo quién, la naturaleza en relación al arte es un ejemplo, no un fin; el fin sería  respirar sus panorámicas, pasearla detenidamente, olerla, sentirla, recoger flores, cruzar ríos, apacentarla,  abonar y regarla preparándola para la siembra..

 

Ahí tenemos a Goya, a Velázquez, a Tiziano, a todos los grandes. Cada uno de ellos nos legó unas obras únicas. Los pinceles y tintes cumplen la función de crear, de lo aparente real o natural, deslumbramiento, magia, belleza, asombro. El arte avanza. Da pasos y pasos de gigante, pese a que a veces todo pareciera estar ya constituido y refrendado. ¿Es mejor Pollock, por poner un ejemplo, que nuestro hombre altamirano en cuanto a lo que les llevó a uno y a otro a demostrar su sensibilidad y esmero artísticos? Pensemos en esto seriamente, amigos, y estarán conmigo en que ese estímulo creativo nace de la misma fuente artística innata por fortuna en el ser humano. Y déjenme añadir, con todo el atrevimiento de profano, una evidencia más: el arte desde entonces –tiempos de cavernas-, lo llevamos para bien de la evolución humana asociado a nuestros genes más puros y sensibles. Que nadie interrumpa, manipule, ponga en duda o ensucie, el libre proceso creativo de cada cual.

 

Barcelona.-mayo.-2013.

©Teo Revilla Bravo.

 




martes, 13 de octubre de 2020

SUPIMOS DEL LLANTO


 "Amor y dolor" de Eduard Munch. 

A veces también denominada "Vampiro", aunque nunca lo hizo el pintor.





SUPIMOS DEL LLANTO

                                       A Celeste

                             El juego inapelable de la vida,

                                      justifica toda dolorosa pérdida.

 

      

Sabíamos del aire, de las cosas

tangibles que la tarde beatíficamente

regala. El efecto de lo mágico inesperado

sentido, fue tan solo un sueño dormido

entre luminarias de estrellas arropando

el instintivo arrojo de joven pasión.

 

Un estruendo llegado de tormentas

ocasionales originadas en un mar violento

e intempestivo, destempló, traspasándolos,

alma y cuerpo.

 

Luego, más calmados, depredadores del instante,

volvimos los rostros en la soledad del cuarto 

hacia el beso del amor, alma con alma, cuerpo 

con cuerpo, nudo de abrazos borrando dudas.

 

Estamos en un lugar completamente

descolocados donde la noche se alarga cifrando 

yertos suspiros. Temblando, amándonos 

sin alegría en un intento por alterar las sombras

que apaguen la luz estelar del milagro.

Estamos en un lugar -hilos de frío, tiempo

de nadie- donde el amor de la ilusión se profana 

con cánulas y jeringas, descubriéndonos, 

en rictus amargo, desvirtuados juguetes rotos.


Nos recompondremos, amor.

Esperaremos, al abrigo del hondo afecto, 

la llegada de  susurrantes siembras renovadas,

reteniendo así, en la blanca orilla de la vida, 

las lacerantes lágrimas de hoy.

 

En Perpignan, año 1985.

©Teo Revilla Bravo. 








lunes, 12 de octubre de 2020

SIN PRETENSIONES


 Retrato de Mallarmé. Obra del pintor francés  Edouard Manet

Mallarmé fue uno de los máximos representantes del simbolismo poético del siglo XIX. Fue un gran admirador de Charles Baudelaire, de Allan Poe, entre otros, y perteneciente al círculo de los llamados poetas malditos.






SIN PRETENSIONES

 

Cada poeta tiene sus tempos, sus ritmos, sus momentos de inspiración y  dedicación al libre ejercicio de escribir. Sobre todo cuando siente que ha llegado el momento de la madurez en que siente identificarse con ese poeta que escribe desde dentro. Podemos hacerlo profusamente como Neruda, García Márquez, Isaac Asimov o Corín Tellado por poner ejemplos, o poco dependiendo de circunstancias y caracteres. Yo soy de los que escriben mucho, de los que de cada día hacen una radiografía de poema o lo intentan.

Aprendemos lo que es poesía -si es que llegamos a educarnos en ella- leyéndola. Posiblemente siendo incapaces de reconocer la poesía en particular si no tenemos  de antemano una idea de lo que es la poesía en general.  

Estoy en una edad, que al escribir no cambio de registros o lo hago vagamente. No muevo tono, tema, ritmo, apenas, en lo que posiblemente sea el encuentro con un alargado poema personal, subdividido en capítulos o voces que proyecto guiado de una fidelidad sin límites pues son o intento que sean, quizás abusivamente, el espejo que proyecta mi alma en cada momento, grado y agrado donde mejor mirarse y aprender, ámbito donde respirar con altruismo y nobleza de espíritu. Todo ello sin pretensiones. Intentando serle fiel a la honestidad de manera que los versos broten con naturalidad, sin olvidar aprovechar la riqueza y disposición de la lengua y la literatura puestas a nuestro servicio.

La poesía ha de ser un canto hipnótico mediante el proceso de trazar símbolos de tinta en una hoja o pantalla, enviando ideas y sentimientos desde la propia mente a la del posible lector. Un proceso mágico pero tan ordinario, que nadie se detiene a pensarlo. Ha de ser también una crítica de la vida, empezando por la propia. En esta experiencia tan original, hablando de posibles lectores, lo que importa es no aburrir ni cansar, pues el peor delito que puede cometer la poesía es caer en el aburrimiento. Conseguido esto, será todo como miel sobre hojuelas...  

 

Barcelona, octubre de 2020.

©Teo Revilla Bravo.






jueves, 8 de octubre de 2020

SOLLOZO SIN LÁGRIMAS


 "El ángel caído" Obra del pintor francés Alexandre Cabanel. 

Quizás el retrato más sugerente de Lucifer, el ángel iracundo más bello creado por Dios expulsado por éste a los infiernos como garante del mal.  





SOLLOZO SIN LÁGRIMAS

 

Sollozo sin lágrimas. Dolor recostado

en la tarde sobre la pared más triste del olvido,

poeta de lo inefable torcido sobre el diván

de inservible yerta encrucijada.

 

Envuelto en lluvia de mayo se va el niño

que fui sangrando penas, intentando resolver

imposibles ecuaciones en los ángulos del mundo

propio, en amplia espesura molecular de entumecidas

raíces cúbicas confusamente abandonadas.


No hubo concesiones y el miedo -lívida lucidez-

al peligro, triunfó en la tarde inefable.

 

Queja de  día aciago. Mortaja instigadora

de lo absoluto. Lágrima  insoluble frente

al cuarzo sin brillo que no trasluce dolor ni llanto.

Algo que es, no podrá ya ser. Fatal destino.

Cuchillo que va marcando la singularidad del alma    

estrellándose cortante contra el vacío de la nada.


 OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. (1984-1987) 
©Teo Revilla Bravo. 



lunes, 5 de octubre de 2020

LA AUTENTICIDAD AL ESCRIBIR


 Retrato imaginario de William Shakespeare. 






LA AUTENTICIDAD AL ESCRIBIR


Hay que dejar que el corazón nos sirva de guía al escribir. Hemos de dejarnos llevar por los sentimientos que en él nacen, y alejarnos -de vez en cuando es bueno- de claves y normas consideradas como debidas maneras de hacerlo si éstas se presentan rígidas a nuestro sentido, sobre todo, en poesía. Intentar hallar la voluntad y modo de escribir letras, formando con ellas pensamientos que acaben siendo la clave para desarrollar relatos, poemas, ensayos, novelas, etcétera, nacidos en libertad, es esencial.

Ahí, en ese sentimiento, ayudados por la inspiración y el trabajo,está la autenticidad. Luego habrá que leer y revisar lo escrito, alterarlo si precede, embellecerlo o acomodarlo, en perentorio ejercicio que todo escritor necesita realizar. No obstante, perseverando la luz primigenia, la máxima pureza de intención, la esencia de contenido y gracia que al comenzarlo le dimos. Los demás podrán comentar -están en su derecho- y criticar si lo leen, qué les gusta, que no, que les parece mal, dónde creen que se acertó o se erró. Podrán opinar o no hacerlo; estar a favor, o echártelo por los suelos; corregir, o hasta reírse si les parece gracioso simplón. Sin embargo, no debe de importar hasta condicionarnos, pues es otro ejercicio de libertad  el que hacen al opinar, del que debemos sacar conclusiones y aprender. Todo ayuda si trabajamos desde la sinceridad, si dejamos puertas abiertas a la intuición y a la humildad.

A la hora de escribir, hay que evitar también caer en la coacción que intentan inyectadnos con publicidades y modas, esas que llevan a grandes ventas. Éstas, por lo general, suelen ir dirigidas a lectores timoratos llenos de prejuicios sobre la buena literatura. Hay que intentar escribir lo que se quiere y como se quiere, estando atentos al devenir humano en general. Pese a todo, no deja de asustarnos un poco la libertad de ensanchar al máximo lo auténtico y mantenerlo, cuando las consignas que escuchamos a cada momento tientan a asumir estilos y métodos en boga; es decir: el vendo luego existo.


Barcelona, octubre, 2015.

©Teo Revilla Bravo.





martes, 29 de septiembre de 2020

LA INEXORABLE EVOLUCIÓN ARTÍSTICA (Y SU ETIQUETADO)

Autorretrato del pintor Pablo Ruiz Picasso. 





LA INEXORABLE EVOLUCIÓN ARTÍSTICA

                                                         (Y SU ETIQUETADO)

 

Parece ser que el arte, en principio, mirado y contemplado en un estado ideal, no entiende de etiquetas, ya que las obras aparentemente novedosas son consecuencia de otras que les precedieron. Mala cosa la de etiquetarlo o encasillarlo por mor de hacerlo diferenteincomparable e imponderable; mala de poner límites y fronteras entre unas cosas y otras cuando van, como sucede en las formas artísticas, tan ligadas y hermanadas en lo fundamental. En arte hay que saber distinguir muy bien a la hora de hacerlo, ya que suele medirse más por intereses que por mostrar singular tendenciaHay movimientos de esto y de lo otro; amigos de esto y de lo de más allá; directrices que marcan o lo intentan, supuestos rumbos novedosos. Es un error abusar de la tendencia que tenemos catalogar y remarcar lo que creemos diferente, ya que si nos pusiéramos a la contra y dejáramos en libertad la perspectiva aleatoria de su visión, podríamos llegar, si fuera esto posible, hasta Altamira a través del tiempo, encontrando por el camino arte de todo tipo, tendencias que van desde lo figurativo primitivo comunicando mensajes a lo abstracto, dándose la mano, permaneciendo sus formas naturales y espontáneas, evolucionando sin hacer tanto ruido como el que produce con frecuencia ahora. Nada hay nuevo bajo el sol. Lo que sí hay, son señores que con su esfuerzo, devoción, valía y nobleza, a lo largo de la historia de la humanidad nos han ido mostrando y demostrando arte como expresión del espíritu de una época, demostrando lo que cambia y cómo cambia, porque así podremos descubrir precisamente lo que no cambia.  

El arte por fortuna, siempre nos ha acompañado.  Siempre ha sido invención o hallazgo del ensueño y de la idea y, ante los cambios necesarios se ha manifestado vanguardista. El arte se mantiene y no envejece. Nos lo muestra William Turner, en su obra tardía; nos lo enseña Goya, en sus concepciones expresionistas tan adelantadas a su época; nos lo muestran los inspirados italianos del quattrocento; o Velázquez o el Greco… Los grandes pintores –sus obras- nunca dejan de ser modernos, pues no se apaga en ellos, pese al paso inexorable del tiempo, el poder de generar sorpresa. Este es el gran acierto y grandeza de la pintura y del arte en general. Todo lo que es capaz de asombrar y revitalizarse en el espectador a lo largo de los años o de los siglos, es moderno independientemente de la época en que apareció. Partiendo de esta premisa, podemos decir que avanzamos, que seguimos el recorrido, que el buen artista se adelanta a su tiempo con naturalidad, siendo una de sus virtudes sentir el arte más puro, su evolución, lo ineludible de la comprensión artística, la clarividencia y exégesis de los estímulos, la necesidad perentoria de  ponerlo en marcha.

Cierto es que hay que liberar al arte de tradicionales fines inmovilistas, algo que hizo muy bien el impresionismo sin que significase por ello el ocaso de la figuración. La voluntad de novedad, es consustancial al artista y a la sociedad. De esta manera se avanza, agrandándose la percepción artística. Un ejemplo de ello, el impresionante movimiento postimpresionista con Paul Cèzanne a la cabeza. Movimiento al que no parecía interesarle continuar con la dinámica decimonónica establecida, y sí la plasmación fugaz de luces y sensaciones, iniciándose de este modo el arte moderno. Al parecer, cosa curiosa, influido también por la estampería japonesa con sus trazos y rebordes gruesos de perspectiva sesgada, que influyó en pintores como Edgar Degas, Toulouse-Lautrec y otros, suponiendo toda una  sorprendente revolución artística. 

Está claro que en cada paso, en cada forzamiento o sendero por el que ha caminado, camina o caminará el arte, hay una tendencia natural a significarlo, a ponerle nombre, a clasificarlo sea como escuela o tendencia, a querer dejar constancia de que se inicia una nueva etapa. Todos aquellos pintores que ejemplaricen una sensibilidad colectiva, darán lugar a un movimiento diferencial inevitable. Pero todo es consecuencia de algo que le precede y desde donde el arte se impulsa, bagaje artístico donde sin duda maman los artistas. En el caso del impresionismo, las diferentes actitudes y estilos pictóricos que surgirían de rescoldos anteriores desplegarían, en las diferentes corrientes que se dieron a lo largo del siglo XX., la definición conceptual como basamento que perfeccionaría las inmediatas vanguardias. Pero eso no significa nada más y nada menos, que el avance y alimento del cauce de un imparable e inmenso río, caudal de grandes emociones.


Barcelona.-abril.2013.

©Teo Revilla Bravo. 




 

viernes, 25 de septiembre de 2020

PRESAGIOS




 "El grito" de Edvard  Munch 1893




PRESAGIOS

 

El tiempo quiebra palabras, envuelve estelares luces en hondas

desoladas oscuridades. El polen del ideario se desbarata

en débiles impulsos. ¿Dónde la  tierra  verde de esquilas

de animales, zumbidos de abejas, de jilgueros y ruiseñores

sobre altivos cipreses, riegos y rizomas, soles que ayuden

a enraizar los fértiles espacios del vitalicio valle?

 

La transparente contextura del eclipse proyectándose

a tientas por senderos y regueros que la lluvia empapa,

parece desfallecer; gravitando por el hueco de  una dispersa

esponja, se desdibuja entre sempiternas desoladas ruinas.

 

La luna, reposada o perdida en meteorismos inciertos,

aflora al tacto cósmico de las redes interestelares,

ascendiendo luminosa hacia confines donde se despejan

las vitales incógnitas ecuacionales que ayudan a sobrevivir.

 

Luce a su vez enloquecido el vértigo transgresor de la nada,

dispara trepidantes saetas sobre la noche de la rabia.

Un corazón mal dormido, con asombrados ojos ante desolados

presagios en el devenir de la existencia humana,

en un silencio de raíces cúbicas indescifrables, inefable sufre....  


OCÉANOS DE LUNA 

(Cuaderno  VIII (1984-1987)

©Teo Revilla Bravo.  




miércoles, 16 de septiembre de 2020

VIDA INTERIOR


Obra del pintor segoviano Esteban Vicente

Perteneciente a la Escuela de Nueva York, años cincuenta, Vicente comparte estudio con De Kooning, que será su interlocutor en la Escuela. Más tarde trabajaría la técnica color field, en la década de los sesenta el gesto y la línea son determinantes para su obra serena, nunca abrupta. La evolución en los años 70 y 80 camina hacia una composición más precisa, con formas más contundentes y una gran armonía en el color. El caos y la acción se retiran abriendo paso a una obra despojada y calmada, en la que la textura, luz y color, brillan por encima de la estructura y la composición.




VIDA INTERIOR

Existe una vida interior dentro de la persona, que con frecuencia olvidamos. Quizás porque intentan apagarla desde la cuna, moldeándola a capricho de intereses políticos y aleccionadores. El poder intenta controlar —ruidos, temores— conciencias para perpetuarse. Pese a todo, poseemos una vida interior crítica, que se revela, que no quiere verse afectada en lo fundamental por muchos poderes, revoluciones, vaivenes y sacudidas que se produzcan en la sociedad. Hay conciencias, por fortuna, que saben guardar y hacer valer su integridad. Para el poeta y novelista Borís Pasternak, eran los campesinos, los lugareños y gente sencilla e iletrada del campo ruso quienes representaban, en su distancia de la ciudad y del poder, esta autenticidad humana deseable.

Las sacudidas, los movimientos, los cambios precipitados no son siempre sinónimo de razón, progreso y paz. La armonía y la libertad no son algo que se regala con carteles, arengas ni pasquines; estos solo sirven para narcotizar conciencias por mucho que se pregonen desde actitudes políticas atractivas, sean estas de gremios, asociaciones, sindicales, nacionalistas o religiosas. Tampoco se compran, ni se venden, ni se regalan, como prometen voceros oportunos de la falacia y el contrasentido. La razón, la libertad y la paz son dos sentimientos que han de producirse de dentro hacia afuera, algo que debemos dejar desarrollar en nuestro interior, difundiéndolo llegado el momento de madurez con ejemplar modestia. El ser humano ha de mirar a lo más íntimo de sí mismo, sabiendo extraer de él ponderación, tranquilidad y equilibrio, aportándolo con generosidad a otros. Esta debe ser la fundamental rebeldía de cada cual: la de mirarnos y encontrarnos; la de no sentirnos manipulados ni conducidos como obedientes ovejas; la que sentimos con limpieza de ánimo, causa primordial por la que merece la pena luchar para ganar la batalla de la concordia y de la solidaridad.

El mundo está convulso y desorientado. Nos quieren serviles, marionetas manipuladas por aquellos que creen mover hilos y conciencias para hacerlas caer en la visión parcial de la realidad. Pretenden obligarnos a tomar partido con arengas, himnos, patriotismos, escudos, banderas..., todo eso que encierra y crea barreras entre gentes y pueblos. Estos actos y manifiestos políticos, casi siempre enfrentados entre sí, nos alejan cada vez más de lo universal solidario, de lo humano bien entendido, de los valores que congregan y suman.

El ser humano, a lo largo de su historia y pese a todo ostracismo, se ha ido mestizando, echando raíces en otras culturas, entendiéndose con otras lenguas, asumiéndolas, ayudando a fermentar unicidad, en un deseo de hallar la emancipación personal y colectiva a través del conocimiento y la convivencia en bien recíproco. Hay que derribar, desde el corazón de cada cual, abruptas e interesadas fronteras que dividen, enemistan, separan y hasta matan.



Barcelona, septiembre de 2020

©Teo Revilla Bravo.





 

jueves, 10 de septiembre de 2020

CÓMO SITUARNOS ANTE EL ARTE

 


"Jardín leal", 2016. Obra de Santiago Giralda, representante de la joven pintura española.







CÓMO SITUARNOS ANTE EL ARTE

 

 Hay muchas maneras de aproximarse al arte. Todas, si son nobles y sinceras, suman criterios. El arte es un bien colectivo que se asume desde la experiencia individual a través de  la sensibilidad, algo que depende de la educación recibida, del criterio logrado, de la forma de entenderlo y captarlo apoyándonos en parámetros que puedan servirnos de guías. El arte para sobrevivir, ha de demostrar su utilidad, su necesidad, su relevancia social; y a nivel particular, ser reflejo de las propias inquietudes y sensibilidades, no sólo como imagen o icono impactante, sino también como profunda reflexión sobre quiénes somos y hacia dónde deseamos dirigirnos. El arte, que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia, previsiblemente siga haciéndolo todo el tiempo en que éste habite la tierra. Por tanto, la forma de que sea útil a la sociedad, es que se dirija  hacia una sensibilidad poética transformadora. Pluralidad y libertad que han de ser exponentes de una dimensión humana inteligente, sobre todo cuando hay que cubrir intervalos entre un momento artístico y otro, entre una crisis creativa y otra, entre el impasse que se produce ente dos épocas, momento histórico en que tienen lugar importantes cambios.

Al arte hay que acercarse con pureza de intención y con los ojos bien abiertos, dejándose invadir por el deslumbre que toda buena obra posee, subrayando el espacio que ocupa, sabiendo aprovechar al máximo el potencial emocional y reflexivo que contiene. Todo se ha de interrelacionar, buscando el ritmo, el latido, la cadencia emocional; intentando hallar, de este modo, la interrelación de poderes efectivos que se producen entre obra y espectador, vínculos sensibles que dejen huellas definitorias.

Se logra entender de arte, a través de una labor de indagación y de estudio; de mirada atenta; de cuadrarse ante la obra largo rato dejando que ésta que se manifieste. De este modo podremos descubrir claves, que descifren el porqué del gran interés que despierta en nosotros. Los espacios y las razones ocultas, si somos receptivos, se abren como soles, se magnifican como deslumbrantes firmamentos.

Es interesante pensar -o reflexionar- en la mejor manera de educar o presentar el arte a quien lo precise. Hacer hincapié en que se haga desde la infancia, pues es el mejor momento para canalizarlo hacia la sensibilidad y el entendimiento del niño que crece. Y si es posible, intentar despertar a los que a nuestro lado permanecen indiferentes, cuando no contrarios o cerrados a la importancia cultural y humana que posee. Quizás no haya una solución concreta; quizás cada uno debamos acercarnos al arte sintiendo el paradigma de la magia que desprende, asumiéndola sin explicaciones ya que a veces éstas confunden más que aclaran anulando el instinto libertario e innato de todo observador. Al arte se puede llegar de muchas formas. Todas pueden ser válidas si el fin lo es. Todas pueden sumar, si son abiertas y sinceras, si modelan nuestras mentes para lograr un buen criterio. El colectivo suele acercarse a las grandes exposiciones, condicionado por estándares definidos que marcan propósitos no siempre loables pues a menudo están guiados por intereses gremiales y comerciales. Si el arte deja de ser útil a nivel emocional para convertirse en artículo de compra venta, muere su razón de ser y con él la cultura y el saber humano al no apreciarse ni valorarse los loables impulsos  que lo hacen posible.

 
Barcelona. Abril de 2013.

©Teo Revilla Bravo.