ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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martes, 17 de febrero de 2026

LA OBRA DE ARTE

 



Rosas silvestres en el VALLE DE SANTULLÁN 2015.

Obra de mí autoría. 




LA OBRA DE ARTE

    La obra artística captura la vida, es parte de las vivencias sensitivas del autor, de la observación, de un diálogo escuchado, de la visita pormenorizada a un museo, del fragmento armonioso de una música elegida o surgida al azar, de una imagen que sobrecoge, de una lectura ilustradora y amena, o a saber. De este germen nacido de una idea enclavada en la cabeza puede surgir un universo henchido de magia, a la vez complejo y arriesgado, donde se resignifican motivos inquietantes y atractivos que le hacen reflexionar sobre la vicisitud, estimulación, belleza o tonificación estética de la vida y el compromiso y comprensión del mundo que le rodea.

    Símbolos, guiños, figuras o fábulas, que invitan al espectador a entrar en ellos dejándose incomodar o apresar —confusa energía—, para vivir la propia aventura, extrayendo de la obra cualquier filamento que lúdicamente le interese y le abra nuevas posibilidades que cuestionar sobre el absurdo, lo grotesco, carnavalesco, surrealista, peligroso, bello o incluso feo de la existencia.

    Vivimos una época donde abunda lo superficial, lo que atrae de inmediato con brillos de dudosos gustos, a veces meramente decorativos y anestésicos, concediéndole ese “me gusta” del que tanto abusamos. El artista ha de moverse en torno a la incomodidad y a la crítica propia y ajena, permaneciendo ubicado en lo insatisfactorio e inconforme, fuera de quienes están acostumbrados a manejar a los artistas como los cómitres manejaban remeros, que diría Chirbes, para crear —fuera del papel de lacayo—, abriendo la posibilidad de fraguar arte bajo control, conocimiento e iluminación, en una constante subvención de transformación social.

    El arte y la vida han de llegar a extraños acuerdos para lograr entenderse.

    

Barcelona, nueve de mayo del 2025
    © Teo Revilla Bravo







viernes, 8 de mayo de 2020

LA OBRA DE ARTE



"La dama del armiño" (Cecilia Gallerani) 1496. Leonardo da Vinci.









LA OBRA DE ARTE

La obra de arte ha de ser viveza evocadora, terreno fértil para la experimentación, donde germine desde la sencillez y la delicadeza poética más íntima y comprometida, lo que sorprende o maravilla. La obra de arte ha de explorar el trazo mágico - intrepidez que surge de la mano del artista-, desde el asombro y valentía. Éste ha de intentar hallar el efecto calidoscópico que asegure la magia, situando al posible espectador ante el terreno de lo sorprendente en su encuentro con las coordenadas de la libertad creadora. El artista ha de explorar nuevas vías, en viaje imparable e incomparable, sabedor de que las visiones cambian con rapidez moviéndose determinantes hacia el futuro, alteradas por efectos comunicantes -estímulo revelado- con cada aliento, con cada entidad plástica lograda.
Hallar el tempo ideal donde colocarse ante el vacío  y quedarse en silencio alejados de todo ruido, es primordial. Ahí siente cómo se expresa la nada absoluta ante los abiertos ojos que observan la materia. El artista entra en ese lugar -o limbo-, dirigiéndose hacia un logro indeterminado que le llama y abstrae. Cómo poco a poco va dejando caer las runas, a manera de hechicería, para iniciar la aventura de encontrarse con algo sorprendente que le acerque a un ideal creativo. En mi caso particular, de apegado aficionado más que pintor profesional, el mismo vacío propicia un inicio sin esbozos previos. Algo parecido a lo que decía el pintor dibujante y grabador, Avigdor Arikha (Bucovina, 1929-París, 2010): “El instante no se repite si lo retocas, ya que lo desorganizas en algún sentido, yo no puedo permitirme dar marcha atrás”. La cuestión es, una vez iniciada la primera raya de lápiz o mancha de pincel, poder lograr llegar, a través de un trabajo constante, ilusión y esfuerzo, a una obra cada vez más depurada, personal, y cualificada. Hay que convertir la actitud ante la obra en un registro de momentos irrepetibles, donde se guarden tensiones y se sufra con el esfuerzo con el fin de lograr el gozo posterior de lo admirable  metamorfoseado en una poética de la plasticidad.
Toda persona en mayor o menor medida tiene la posibilidad de desarrollar arte, si  ahuyenta miedos al fracaso. Nadie debe frustrarse ante el intento, si se afana con honestidad y vivacidad. Dudas y fracasos, son necesarios, forman parte inevitable del aprendizaje. Ahí está el espacio y el silencio; ahí, el artista, ante el reto y la serenidad que logre impactar al espectador. Medios sugerentes, yuxtaposición de formas, metáforas y colores, lenguajes del alma que ofrecen veracidad a lo realizado. Para ello hay que lograr tener un estilo propio y una capacidad e intuición,  fuertes, atractivas, emanantes, extraordinarias.
El papel del artista, ha de encajar en un carácter inconformista, inteligente, rápido, rebelde, intuitivo, contribuyendo a la agitación artística del momento que vive por bien del progreso cultural. El objetivo, a través del discurso expositivo de la obra, es lograr hacer reflexionar –aun no siendo a veces conscientes- sobre la realidad que nos envuelve, haciéndolo con pasión y entrega conscientes del valor de la naturaleza metafórica que debe poseer la obra. Se ha de ir, dejando surcos indelebles, con razón y corazón, fuerza, y a veces rabia. Cada obra ha de ser lúcida, singular, hermosa, pujante, misteriosa, necesaria, espejo o metáfora del maravilloso  mundo interior que posee el ser humano.

Barcelona.-Marzo.-2013.
©Teo Revilla Bravo.