RETRATO
Cuando ya casi no eres presencia,
cuando tu rostro envejeció junto al mío,
el azar, la duda, el reclamo de lo vivido
—sueños, papeles, fotografías, caminos
recorridos, instantes velados que se fueron
perdiendo, poco a poco, en la suave melancolía
de los años, en las derrotas que murieron
tras vivir el amor en libertad compartida—
son una eclosión de espaciados sentimientos.
El álbum de fotos se perdió tras el último
sol del verano en la nostálgica tarde;
el definitivo telón de la vida quedó echado.
El enigma, el estigma, la sentencia, el color
de tu belleza, lo infinito del tiempo,
la inspiradora metáfora de la triste hoja
sin rellenar que hoy luce en blanco,
instantes son de amor quimérico de quienes
en un estío entre resplandores, emociones
y cantos del crepúsculo, engullendo murmullos
abrazados a la vida, derrocharon pasión
en la hipnosis del encanto, atrapados
en el fulgor de un núbil relámpago aparecido
de repente e ido como por encanto.
Los poemas de amor llegaron como sueños,
delirada evocación en noches de nostalgias
sublímales, sofocando ahogos entreverados
de soledades, duelos, cenizas y llantos.
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo