ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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sábado, 27 de septiembre de 2025

CUENTO, FÁBULA, POESÍA, RELATO.

 


Fotografía, Émile Verhaeren, poeta en lengua francesa de origen flamenco, uno de los principales fundadores del modernismo. Pintura de Van Rysselberghe



CUENTO, FÁBULA, POESÍA, RELATO.

 

Se escribe por algún motivo. Para que se nos entienda, para apagar un poco la quemazón que a veces arde en la cabeza de uno y que ha de salir al exterior por puro desahogo y salud mental. Ya Jesús nos dijo en una frase hermosa y sincera de los evangelios que: “Los que quieran oír, que oigan; los que quieran entender, que entiendan”, o algo parecido, palabras que, salvando distancias y contextos, suscribo poniéndome en la piel de quien desea transmitir algo. Las sociedades, la ética y normas de conducta de las mismas, todo el progreso del hombre, se ha formado a través de grandes relatos, de fundamentales libros de distracción y enseñanza como la misma Biblia, el Corán, la Ilíada, La Divina Comedia, u otras obras de escritores fundamentales como fueron Homero, Séneca, Platón, Descartes, Pascal, Rousseau, Cervantes... No hace falta enumerarlos, sería interminable.

El escritor siente el cosquilleo. Intuye que tiene que contar necesariamente algo, y se pone a ello con afán de principiante. El hormigueo que siente es inexplicable; es el comienzo de algo importante para él. Una vez puesto a ello, como ante una galería de mágicos espejos, las letras van actuando solas para que el lector luego se mire en ellas, goce, sufra, sonría, ame, se reconozca, aprendiendo a comprender y percatarse de aspectos sustanciosos de su propio latir en el mundo.

Jorge Luis Borges nos decía que todo encuentro casual con la vida es una cita previa, que los cuentos los hallaba fortuitamente en apariencia viviendo, observando, cumpliendo con esa cita... El cuento está ahí, espera, nos espera. En alguna parte sobrevive a la expectativa de que alguien, diestro prosista, dé con él y lo recoja, lo abra, lo desentrañe y comience a narrarlo, apareciendo al cabo un escrito, una fábula, una parábola, un cuento, un relato, esos modos literarios que funcionan por separado, pero a menudo se mezclan formando una suerte de simbiosis; todo dependerá de las motivaciones, expectativas, pericias, destrezas y experiencias del escritor. 

          La literatura nos permite recrear la realidad de distintas maneras, e incluso inventar otra realidad paralela. Un cuento, un relato, una fábula son una exploración entre los límites de la realidad y la ficción. Es como una pequeña cisura que hacemos en el tiempo, permitiéndonos profundizar y sintetizar, enfatizando las sensaciones, las ideas, el ensueño o el pensamiento, a la vez que fomentamos la imaginación. El escritor va olvidándose de sí y de cuanto le rodea para entrar, alejado de lo accesorio, en las entrañas de la emoción y del sentimiento, completando los detalles (superfluos o no) de la historia que quiere narrar como más le plazca. La idea del relato es impactar al posible lector con la menor cantidad de palabras posible. La labor del relator es lograr sustraernos por un rato, llevándonos a otros campos mientras nos va hablando de algo o de alguien interesante, de paisajes o de costumbres, pues sabe que la vida se mueve y vibra constantemente a su alrededor y su labor es recrear situaciones, mundos y personajes, entresacando lo más interesante. Para ello ha de lograr hallar un tiempo sagrado para escribir, un espacio mágico que se abra al tiempo y al horizonte amplio de su creatividad.

 

Barcelona, mediados de septiembre del 2016.

© Teo Revilla Bravo. 




miércoles, 15 de marzo de 2023

POESÍA

 

John Keats, poeta principal del romanticismo inglés.  Obra de John Springfield






POESÍA


    La poesía es siempre algo paradójico, indudablemente excepcional, que entra en el ánimo del poeta para quedarse. Una de sus peculiaridades es que no obedece a estrictos criterios de quien la escribe, del crítico que la analiza, ni del lector apasionado que la lee para sí o recita para otros. Obedece más bien a inescrutables azares que nos descubren, de una forma u otra, que está bien creada para llegar y emocionar. Las relecturas hechas a fondo con templanza y ánimo de asumirla ayudan. Escribir unos versos sueltos (ni siquiera es necesario un gran poema) es suficiente para que su resultado pueda ser de auténtica inspiración, como sucede en el caso del bello haiku.

    La poesía, como todo en arte, necesita un equilibrio especial entre el conocimiento que poseemos y el gusto para lograr detectar la magia que ofrece el verso considerado perfecto. Aunque la perfección no exista, pues el poema es una ecuación incompleta y heterodoxa siempre, algo abierto que volvemos a escribir una y otra vez con la esperanza inútil de rematarlo algún día en arrebatado afán con contención, valor, sentido y prudencia.

    El poema no es una fotografía ni una sucesión de palabras más o menos hermosas y bien escritas. Ni siquiera es un testimonio sangrante o apasionado ampliamente vivido. Se ha de dar en ella una metamorfosis, donde la palabra logre ser algo más que palabra. Si conseguimos un soplo de asombro, será una compensatoria iluminación que nos permitirá continuar en esa búsqueda desde el silencio del mundo (pozo de infinitud del que brotan aguas vivas, que diría el poeta Colinas) hasta hallar la luz dentro de otra íntima luz.

 

 

Barcelona, febrero del 2023.

©Teo Revilla Bravo







martes, 8 de junio de 2021

HE SENTIDO

 


"El abrazo" Obra del pintor toledano Rafael Canogar  




 

HE SENTIDO

He sentido que la vida se transmite con el aliento
de un abrazo agrandado en otro abrazo.
Que me basta mirar tu sonrisa para cobijarme
en el claror luminoso de tu cuerpo en la tarde,
bellamente adormecido entre pálidos reflejos.
He sentido los intensos ojos del amor atrapar,
a ráfagas de viento y sal, los míos; tu voz
llegarme limpia rodeando el mundo, recogiendo
así los momentos estelares de la misteriosa
luna que acrisola, callada, vínculos y afectos.
Caigo en la cuenta de que esto
que escribo es un poema, que tu presencia
blanca, rosa, verde, es libre y acogedora.
Quedo persuadido de lo importante
del amor en ti y en mí cuando el mar
aparece plácido en el horizonte y estrechamos
los cuerpos en la indulgente roca del afecto,
libres, sueltos, ligeros, desnudos,
reconfortados por el yodo, la sal, la brisa,
la ternura, el éxtasis y el gozo,
en necesario desquite de quimeras pérdidas,
de soledad, dolor y quebranto.

“Océanos de luna”

Cuaderno  VIII (1984-1987

©Teo Revilla Bravo.






lunes, 8 de abril de 2019

POESÍA, DON UNIVERSAL


Obra: Calíope, Musa de la poesía épica. Elemento de un grupo de Apolo y las Musas. Copia romana del siglo II. d.C. Ludovisi-Collection.






POESÍA, DON UNIVERSAL


Hay una poesía sutil, figuradamente silenciosa, cuyos versos se recogen con cada golpe de respiración, con cada aleve mirada o ligero pestañeo sobre el paisaje, las personas, o las cosas que al artista y al poeta importan. Es la poesía universal que se refleja, según cómo y dónde, en todo lo existente perceptible; algo por averiguar, fundamental en tal caso para la buena salud funcional de las personas. Podríamos decir que la poesía se refleja en el arte con mayúsculas sea éste de la modalidad o estilo que sea, pues la poesía es el alma que se desprende de  ello, la parte más relevante, lo que se relaciona con la estética y la visualización de la belleza, pequeños o grandes detalles satisfaciendo concreciones y aportes que afloran por doquier: una puesta de sol, una panorámica hermosa, una sonrisa o mirada captada al azar, el vuelo de las aves, el desconsuelo de un niño, la fragilidad de un anciano, el trascurrir de un río, el horizonte marino, la alta montaña… Todo lo que nos conmueve, es poesía, no hace falta hacer cábalas sobre su significado. Picasso manifestaba sorpresa de que la gente se preguntara por el significado de un cuadro, pues consideraba que la obra de arte no ha de pretender tener significado alguno, ya que pertenece a un ámbito alejado de la lógica racionalista. El arte, como la poesía, va más allá de la pregunta y de la respuesta, va más allá de la cábala. Es contemplación, sutilidad, esencia viva e iluminada, es la extensión de la mente ─de forma consciente o inconsciente─ más allá de la esfera de esa mente; es la proyección de la realidad más allá, valga la redundancia, de la realidad; es la ampliación del espíritu, con todos los sentidos abandonados a un propósito sublime. Tanto la pintura como la poesía escrita, que son profesiones libres, han de evocar libertad, y eso se logra mediante el establecimiento en nuestro interior de una certeza estética. Como dijo el escritor francés André Gide: «Sin la inigualable belleza de su prosa, ¿quién seguiría interesándose por Bossuet?» Bossuet (Dijon, 27 de septiembre de 1627 - París, 12 de abril de 1704, fue un clérigo, predicador e intelectual francés).

Y es que cuando interviene el intelecto o el poder utilizando la producción artística para divulgar la propia ideología en su intento por probar y descubrir la verdad que hay en ellas, se llena de normas y de credos que todo lo enturbian y deforman: hay que fraccionar, hay que dividir, hay que crear escuelas, hay que progresar y diferenciar, hay que apartar lo moderno de lo viejo, hay que…. «Es el arte», dijo Henry James, «lo que crea vida, lo que crea el interés, lo que crea la importancia... y no conozco ningún sustitutivo de ninguna clase para la fuerza y la belleza de su actividad». Etiquetar el arte es romper o parcelar los sentimientos que despierta, y con ellos a la misma poesía, bien sea escrita o connatural. Los sentidos deben ser respetuosos con la realidad y respetuosos con las artes, pues al fin y al cabo el artista no es otra cosa por mucho que pregonen lo contrario, que un buen o mal imitador de las formas y colores de la vida. Las artes quedan vinculadas entre sí en la deducción de la vis poética que las hermana, pues la fuerza de la poesía deja su huella en cuanto toca uniendo las cosas más dispares en virtud reconocible. Las comparaciones, también en esto son odiosas. El arte en nuestras vidas, afortunadamente, es la compensación que tenemos por todo lo que de bueno se pierde, y a la vez contrarresta lo agresivo cruel y bárbaro que en nuestras sociedades se genera. La poesía en este contexto equilibra por fortuna la balanza, y la vida continúa regenerándose afortunadamente. De lo que se deduce que el hombre para subsistir depende de las artes, y ahí es donde la poesía se convierte en un sensible sentimiento trasformador.


Barcelona. Febrero de 2017.
©Teo Revilla Bravo