ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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martes, 2 de mayo de 2017

INFAUSTO SACRIFICIO


El ahorcado de Francisco Goya. Un presunto guerrillero cuelga ahorcado por su propia correa de un árbol seco.







INFAUSTO SACRIFICIO

               (Sobre un suceso acaecido, primeros años setenta,  en la ciudad de Arnedo, -La Rioja-) 

Se tapó los ojos con las manos y comenzó a caminar dando tumbos hasta tropezar con la pared. Todo ante el golpe cobró inmovilidad de inmediato: en su interior bullían imágenes que le desazonaban profundamente, sus sentimientos ardían en la hoguera de un mundo equivocado y ruin. Se destapó los ojos y, dando media, vuelta comenzó a caminar de nuevo por el habitáculo, moviéndose en círculos concéntricos, girando en el sentido de las manecillas del reloj. Al cabo sintió,  que una chispa de luz impulsaba en su cabeza un gigantesco laberinto: la magia y el color podrían ser posibles, aún lograrían solucionar malos momentos dejando atrás horrores y sufrimientos. Fue un espejismo. Él mismo negó varias veces con la cabeza tal posibilidad, volviendo a verse atrapado y perdido, quizás más angustiado y determinado que antes definitivamente destruido. Se paró. Sudaba. Le temblaba todo el cuerpo. No sabía si mirar hacia dentro o hacerlo hacia afuera, pues sentía que en ambos mundos su realidad se mostraba cruel y dolorosa.
Al comprender que el adentro era un juego peligroso e imposible de resolver (vano espejo del que tenía delante a la luz cenicienta de la bombilla), buscó una gruesa cuerda en un arca de madera del trastero en que se hallaba, tomó a una vieja escalera de madera que reposaba en la pared, se subió a ella, e hizo pasar la soga por el intersticio de la viga madre, muy cerca de donde lucía la débil bombilla. Bajó de la escalera, la apartó a un lado, y acto seguido acercando la vieja silla de mimbre, se encaramó ella de un salto tomado el cordel con las manos. Una vez hecho el lazo y comprobada su firmeza, se lo enrolló al cuello con determinación. Miró un momento al techo, respiró en profundidad, pensó a saber en qué o en quién un breve instante, y rompió de un manotazo la bombilla quedando en la oscuridad absoluta. Sin más dilación, dio una patada al peinazo superior de la silla, ejerciéndose una rápida tracción corporal como consecuencia del propio peso. El cuerpo quedó colgando en la negrura espesa del vacío. Tras la constricción constante del cuello, todo pareció por un instante irradiar luz en su cerebro; luego, nada.

Las dos piernas bailaron unos instantes impulsando el volumen corporal en monótono bamboleo, hasta que rígido, amoratado e inerte, se detuvo del todo; la lengua, larga, larga, larga, apareció girada hacia un lado de la boca, mientras sus ojos ante la obstrucción del flujo sanguíneo quedaron proyectados hacia delante.  

El joven llevaba años padeciendo acoso escolar.


Este hecho, acaecido hace ya tantos años, siempre ha estado presente en mi recuerdo. Infausto sacrificio. Triste inmolación del hermano de un amigo al que nadie prestó la debida atención.

La Fundación ANAR, asociación que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, dispone del teléfono 900 20 20 10, "número al que los estudiantes pueden llamar con toda la libertad y en el que se aconseja a las víctimas que den a conocer su situación a la familia y al entorno de amigos para que le puedan ayudar", según explican en su web. En el año 2015, su último informe, esta organización atendió 369.969 peticiones de ayuda en toda España, de las que 25.000 referían a algún tipo de violencia escolar. Estos casos crecieron un 75% con respecto al año anterior.


Barcelona. 02.-Mayo.-2017.

©Teo Revilla Bravo.