ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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jueves, 10 de septiembre de 2020

CÓMO SITUARNOS ANTE EL ARTE

 


"Jardín leal", 2016. Obra de Santiago Giralda, representante de la joven pintura española.







CÓMO SITUARNOS ANTE EL ARTE

 

 Hay muchas maneras de aproximarse al arte. Todas, si son nobles y sinceras, suman criterios. El arte es un bien colectivo que se asume desde la experiencia individual a través de  la sensibilidad, algo que depende de la educación recibida, del criterio logrado, de la forma de entenderlo y captarlo apoyándonos en parámetros que puedan servirnos de guías. El arte para sobrevivir, ha de demostrar su utilidad, su necesidad, su relevancia social; y a nivel particular, ser reflejo de las propias inquietudes y sensibilidades, no sólo como imagen o icono impactante, sino también como profunda reflexión sobre quiénes somos y hacia dónde deseamos dirigirnos. El arte, que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia, previsiblemente siga haciéndolo todo el tiempo en que éste habite la tierra. Por tanto, la forma de que sea útil a la sociedad, es que se dirija  hacia una sensibilidad poética transformadora. Pluralidad y libertad que han de ser exponentes de una dimensión humana inteligente, sobre todo cuando hay que cubrir intervalos entre un momento artístico y otro, entre una crisis creativa y otra, entre el impasse que se produce ente dos épocas, momento histórico en que tienen lugar importantes cambios.

Al arte hay que acercarse con pureza de intención y con los ojos bien abiertos, dejándose invadir por el deslumbre que toda buena obra posee, subrayando el espacio que ocupa, sabiendo aprovechar al máximo el potencial emocional y reflexivo que contiene. Todo se ha de interrelacionar, buscando el ritmo, el latido, la cadencia emocional; intentando hallar, de este modo, la interrelación de poderes efectivos que se producen entre obra y espectador, vínculos sensibles que dejen huellas definitorias.

Se logra entender de arte, a través de una labor de indagación y de estudio; de mirada atenta; de cuadrarse ante la obra largo rato dejando que ésta que se manifieste. De este modo podremos descubrir claves, que descifren el porqué del gran interés que despierta en nosotros. Los espacios y las razones ocultas, si somos receptivos, se abren como soles, se magnifican como deslumbrantes firmamentos.

Es interesante pensar -o reflexionar- en la mejor manera de educar o presentar el arte a quien lo precise. Hacer hincapié en que se haga desde la infancia, pues es el mejor momento para canalizarlo hacia la sensibilidad y el entendimiento del niño que crece. Y si es posible, intentar despertar a los que a nuestro lado permanecen indiferentes, cuando no contrarios o cerrados a la importancia cultural y humana que posee. Quizás no haya una solución concreta; quizás cada uno debamos acercarnos al arte sintiendo el paradigma de la magia que desprende, asumiéndola sin explicaciones ya que a veces éstas confunden más que aclaran anulando el instinto libertario e innato de todo observador. Al arte se puede llegar de muchas formas. Todas pueden ser válidas si el fin lo es. Todas pueden sumar, si son abiertas y sinceras, si modelan nuestras mentes para lograr un buen criterio. El colectivo suele acercarse a las grandes exposiciones, condicionado por estándares definidos que marcan propósitos no siempre loables pues a menudo están guiados por intereses gremiales y comerciales. Si el arte deja de ser útil a nivel emocional para convertirse en artículo de compra venta, muere su razón de ser y con él la cultura y el saber humano al no apreciarse ni valorarse los loables impulsos  que lo hacen posible.

 
Barcelona. Abril de 2013.

©Teo Revilla Bravo. 





miércoles, 25 de octubre de 2017

ARTE, CALIDAD O SENTIMIENTO


"El nacimiento de Venus" de Sandro Botticelli. Témpera sobre  tablero.







ARTE, CALIDAD O SENTIMIENTO


         Sentimiento o calidad, me preguntan a veces. Algo latente que siempre surge, punto de inquietud a menudo cuestionado en un sentido u otro por lectores, artistas y escritores. Importa que surja esta preocupación, ya que sin ella y sin la eterna incertidumbre, no progresaríamos. Ambas cuestiones van de la mano, han de estar asociadas, nada sería lo uno sin lo otro. En un principio, desde mi percepción particular, debe de ser la emoción y el sentimiento lo que debe impulsarnos a escribir o crear. Si con ello conseguimos llegar a un punto de calidad óptimo en lo realizado, muchísimo mejor, habremos acertado.  Toda forma artística ha de ir acompañada de emoción y sentimiento. Por tanto, la calidad, ha de derivar de ese primer foco de entusiasmo, de la propia expectación, y de la necesidad imperiosa que nos lleve a crear arriesgando, y mejorando. Si no hay sentimiento, no hay obra; si no hay calidad, no hay arte. Lo que nos ofrece el hecho artístico, es un buen ejemplo para enlazar calidad y sentimiento en una innata necesidad de expresión. A veces, por fortuna, genera  arte o algo que se le aproxima, sorprendiéndonos gratamente; otras, pese a los bríos y energías puestos en ello, fracasamos. Así de simple es, no sólo de sentimientos vive el arte.

Al leer el poema, al contemplar o escuchar la obra (sea del tipo que sea) recién hecha, notamos que nos quedamos cortos, que la idea o sensación primigenia que manaba poderosa y prodigiosa en nuestro interior, se queda corta. Al plasmarlo, verlo, leerlo o escucharlo, surge con frecuencia la decepción, y con ella el desencanto. Es bueno que así sea, aunque nos cubramos de aparente impotencia; ya que esa decepción o desencanto debe ser fuente de esfuerzo, de atrevimientos, de mayores avances. Con la duda, ante la duda y a veces con el sufrimiento como energía o sinergia, y a su través con tesón y fe, crecemos. Así se ha desarrollado el arte a lo largo de los tiempos. 

Hay obras que nacen aparentemente solas, hijas de la espontaneidad, de un momento feliz y luminoso. Pero habitualmente no es así, supone en su ejecución voluntad, dudas, corrección, esfuerzo. Si nos sentamos a esperar y ver aparecer las musas, posiblemente éstas no lleguen. Hay que comenzar a elaborar el borrador dándole forma, ritmo, armonía, sentimiento. Es en ese trayecto donde nos solemos complicar a menudo al pretender lo imposible, es donde solemos atinar o errar sin que sepamos exactamente por qué lo uno o lo otro. Si creemos que nos hemos descaminado, si no vemos bien ni convincente la ruta realizada, hemos de dar marcha atrás, borrar, romper, destrozar, anular, tachar y comenzar de nuevo, no enzarzarnos en una batalla reiterativa, estéril y frustrante.

Mi experiencia personal parte de esa primigenia emoción, traducida en  requerimiento impulsivo. Sobre un esquema primario, trabajo, medito, limo asperezas, elimino palabras, versos, excesos en adornos y metáforas, o bien, todo depende, añado sensaciones nuevas y estimulantes sobre la arquitectura de lo que se va construyendo para darle realce y acabado. Así en la pintura también borrando, maldiciendo, mezclando, corrigiendo. Esto lo facilita el instinto artístico, pues dependemos de él; pero también la observación, la lectura, la  experiencia acumulada, las cualidades, el afán, la inspiración y sensibilidad que se tengan.

La rima y la métrica siempre son complicadas en poesía, pero te permite un juego musical y un encaje de corrección en los versos. Algo realmente complejo, ya que el poema guarda unas reglas fieles que le pueden hacer bello, ajustado a norma y felizmente conseguido, pero también puede resultar ser un desbarajuste, una intentona frustrada, un fracaso. El poema de versos libres, en cambio, se redime de ese forzamiento de reglas transmitidas, apareciendo otras más sutiles ocultas y complejas. Y lo son, porque este tipo de poemas no se dejan dominar por la rigidez, sí por el ritmo y el poder de facilitar renovadas lecturas. No hay una matemática manifiesta en el proceso, pero sí implícita e indefinida que aflora o debe aflorar libre y espontánea. La complejidad está servida en estos poemas, pues son donde más podemos perdernos y naufragar al creer vanamente que todo en ellos puede servir. No es así: tienen pautas de ejecución ambiguas y emocionales, leyes no confesas, juegos de ritmos, colores, sortilegios, intuiciones, todo eso que son en alguna medida lo que impulsan, nutren y engrandecen.

Lo importante en todo caso, es lo que nos lleva a querer crear a partir de ese algo especial que nace del sentimiento, aliviando y desahogando profundas e íntimas conmociones. Luego la obra, es o no es en función del acierto armonioso y eficiente que hayamos sabido o no impregnarle.

      Lo que quería decir y acabo ya, es que hay que tomar como  norma lo que va implícito en todo acto creativo: el cuestionamiento, la calidad o no de la obra, la eterna duda que se genera (¿quién dictamina, quién decide qué es qué no es, qué tiene calidad y que no la tiene, dónde empieza el arte y cuándo se ha logrado llegar a él?). Lo importante es mantener la duda, la insatisfacción permanente, nuestras alas para mejorar y crecer.



Barcelona.-2009
©Teo Revilla Bravo.