ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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martes, 8 de abril de 2025

ARTE CONTEMPORÁNEO

Obra perteneciente al movimiento neoplasticista vinculado al arte abstracto. Lo fundó el pintor holandés Piet Mondrian, buscando en la abstracción de las formas un arte universal donde prevaleciera lo más elemental.




ARTE CONTEMPORÁNEO


El arte contemporáneo se pliega a unos cánones de notoria sencillez. Primitivismo, pintura no figurativa sí abstracta, funcionalismo, minimalismo... Hay muchos términos que lo definen según si es pintura, escultura o arquitectura, tendiendo a simplificarse. No excluye, pero provoca confusión a quienes no estén interesados en algún aspecto de lo que ofrece, pues aunque suele sorprende por su sencillez, a la hora de interpretarlo nos encontramos con el problema de que resulta difícilmente accesible o penetrable.

    Es un arte, podríamos decir que desconectado de la razón. A veces es tan solo un mero recreo de la vista, pues no está hecho para ser entendido y la elusión de cualquier tema puede ser total en muchas obras donde formas y colores lo son todo; a veces, hasta le falta color cuando el blanco y el negro lo cubren. Por tanto, no debemos intentar comprenderlo sino, como decía el poeta José Mª Valverde, ejercitar el ojo en una nueva libertad, en un movimiento por su cuenta, dejando que se divierta y encuentre sus propios placeres sin rendir cuentas al entendimiento del que solemos ser presas. El arte contemporáneo, en fuerza de simplificación, se hace a menudo ininteligible siendo toda una pericia penetrar en él libres de condicionamientos. Sintámoslo. Solo eso es lo que exige.

 

Barcelona, junio del 2021

©Teo Revilla Bravo







martes, 29 de noviembre de 2022

ARTE CONTEMPORÁNEO, SIMPLIFICACIÓN


Obra de Gerhard Richter, pintor alemán nacido en Dresde, perteneciente al expresionismo abstracto. Para algunos, el artista vivo más importante en la actualidad.






ARTE CONTEMPORÁNEO, SIMPLIFICACIÓN

El arte contemporáneo se pliega a unos cánones de notoria sencillez: primitivismo, pintura no figurativa, abstracto, funcionalismo, minimalismo... Hay muchos términos que lo definen según sea pintura, escultura o arquitectura. Un arte que tiende a simplificarse; que no excluye, pero provoca la confusión a quienes no estén interesados en él. Sorprende, generalmente, su sencillez, pero a la hora de interpretarlo nos encontramos con el problema de que resulta difícilmente penetrable. Hay que dejarse abducir.
Un arte, que está desconectado de la razón. A veces tan solo significa un mero recreo de la vista pues no está hecho para ser entendido. La elusión de cualquier tema que pudiera darnos pistas, suele ser total en muchas obras donde formas y colores lo son todo. A veces llegando hasta la simplificación, donde el blanco o el negro lo cubren regalando tan solo tenues matices.
Si no llegamos a comprenderlo no importa, no es ese su fin. Como decía el poeta José Mª Valverde, se trata de ejercitar el ojo en libertad moviéndose por su cuenta, dejando que se divierta y encuentre sus propios placeres sin rendir cuentas al entendimiento. Un principio que puede aplicarse a todos las artes plásticas. El arte contemporáneo, a fuerza de simplificación, se va haciendo ininteligible siendo toda una pericia penetrar en él sin condicionamientos. Hay que sentirlo. Solo eso.



Barcelona, junio del 2021
©Teo Revilla Bravo






martes, 22 de junio de 2021

ARTE CONTEMPORÁNEO, SIMPLIFICACIÓN


Obra de Gerhard Richter, pintor alemán nacido en Dresde, perteneciente al expresionismo abstracto. Para algunos, el artista vivo más importante en la actualidad.







 ARTE CONTEMPORÁNEO, SIMPLIFICACIÓN

 

    El arte contemporáneo se pliega a unos cánones de notoria sencillez: primitivismo, pintura no figurativa, abstracto, funcionalismo, minimalismo... Hay muchos términos que lo definen, según si es pintura, escultura o arquitectura. Un arte que tiende a simplificarse; que no excluye, pero provoca la confusión a quienes no estén interesados en él. Sorprende generalmente su sencillez, pero a la hora de interpretarlo nos encontramos con el problema de que resulta difícilmente penetrable, hay que dejarse abducir.

    Es un arte que está desconectado de la razón. A veces tan solo significa un mero recreo de la vista, pues no está hecho para ser entendido. La elusión de cualquier tema que pudiera darnos pistas, suele ser total en muchas obras donde formas y colores lo son todo. A veces llegando hasta la simplificación, donde  el blanco o el negro lo cubren todo regalando ciertos matices.

    Si no llegamos a comprenderlo, no importa, no es ese su fin. Como decía el poeta José Mª Valverde, es ejercitar el ojo en una nueva libertad moviéndose por su cuenta, dejando que se divierta y encuentre sus propios placeres sin rendir cuentas al entendimiento. Un principio que puede aplicarse a todos las artes plásticas. El arte contemporáneo a fuerza de simplificación se va haciendo ininteligible, siendo toda una pericia penetrar en él sin condicionamientos. Hay que sentirlo. Solo eso.

 

Barcelona, junio del 2021

©Teo Revilla Bravo  







viernes, 14 de mayo de 2021

ARTE CONTEMPORÁNEO O EL EQUÍVOCO DE IGNORAR TÉCNICA Y OFICIO


Obra de Manuel M. Romero.




            ARTE CONTEMPORÁNEO O EL EQUÍVOCO DE IGNORAR TÉCNICA Y OFICIO 

                                                                                I.

    El arte del siglo XX. se ha caracterizado sobre todo por los intentos de algunos supuestos entendidos por elevar a sus altares, fuere como fuere, la abstracción y la experimentación, así como por la obsesión de pretender destruir la forma minimizando valores considerados tradicionales. Esas actitudes con las que se han intentado soslayar  legados y prácticas asociadas a movimientos que nos precedieron fracasaron, pues siguen vigentes con buena salud. El arte no entiende de elementos perniciosos que marquen preferencias ni diferencias por intereses del momento; el arte sobresale en libertad, en consonancia con las necesidades que demanda la sociedad. Todos los movimientos y tendencias son importantes; todos aparecen por un motivo u otro teniendo su momento álgido en continuidad y desarrollo, propiciando la aparición de otros nuevos que se benefician de su vivacidad, riqueza y prodigalidad. Si destruimos la forma, destruiremos del arte la posibilidad de que los jóvenes puedan sentirlo de modo independiente, valiente y sin complejos, hurgando y mamando de los cánones académicos necesarios para su formación, alas impulsivas que debe marcar su futura personalidad creadora.

    Los maestros siguen siendo los grandes clásicos: Rafael, Miguel Ángel, Velázquez, Rembrandt, Goya, El Greco.… Genios incuestionables que pasaron por un taller y aprendieron la técnica para luego, seguros de sí,  independizarse y crear estilo y escuela propios. Valoramos su pintura, conscientes de que no se ha vuelto a pintar de forma tan total. A partir de estos artistas, deviene el arte nuevo a través de un lenguaje y legado recogidos. A los clásicos se vuelve siempre. El arte contemporáneo cuya obsesión es destruir formas, técnicas y oficio, en pos de una supuesta libertad creadora, comienza a adolecer de falta de ideas causando aburrimiento, pues muchas propuestas no tienen fundamento que las sustente como guías a seguir al estar los límites en ellas muy marcados. Vemos repeticiones y reproducciones, copias y más copias de lo mismo o de algo parecido, allá donde ponemos los ojos. Sucede en grandes concentraciones de arte conceptual, públicas o privadas, donde unos pocos deciden qué  tendencia hay que seguir.

    Si el arte no provoca ideas, habrá que reflexionar dónde y por qué falla. La reflexión es un proceso que sustituye a la contemplación. La obra, al no motivar, impone una tarea ajena a ella misma, un pensamiento donde preguntarnos por qué no genera opiniones. Las nuevas generaciones intentan romper reglas y condicionamientos como se ha hecho siempre, algo inevitable pues el arte es sobre todo libertad y camino. El gran valor del arte contemporáneo lo dieron hace un siglo las sorprendentes obras de Miró, Picasso, Mondrian y otros, creando un hecho que por fortuna para el arte es histórico. A partir de ellos, nada nuevo que sea verdaderamente relevante ha sucedido. El valor del arte contemporáneo es aquel que se le quiera dar, entrando con ello en un debate de exacerbada confusión. El famoso váter de Duchamp, una vez se realizó la famosa exposición donde causó gran impacto, dejó de tener valor inmediato en cuanto se desmontó, ya que esa pieza no dejaba de ser un váter común, algo que fuera de contexto no significaba nada más que lo que era. Un cuadro, una escultura, tienen valor de por sí; un simple váter o cualquier otro objeto utilitario, está claro que no. De lo que se deduce, que el arte a veces no es arte sino un fraudulento espejismo. 

    Hay cuadros llenos de manchones a lo Pollock que valen una fortuna, mientras que un bodegón pintado con toda la técnica y todo el amor del mundo queda arrinconado en cualquier museo o galería sin posibilidad de ser admirado y valorado. Se celebra y paga un nombre, por deseos comerciales sobre todo:  márquetin, moda o tendencia, están de su parte. Todo juicio apriorístico donde “alguien” impone un criterio o tendencia, es la aplicación de una sutil dictadura artística. Lo verdaderamente triste en contraposición, es que con frecuencia el mundo del arte no se interese por valores emergentes, jóvenes artistas con mucho que decir si se les permitiera hacerlo.

    Es un error cada vez más extendido, pretender pintar sin saber pintar o esculpir sin saber esculpir, etc., petulancia que no conduce a ninguna parte. Sin técnica y oficio, no hay arte que dure. Y en arte manda sobre todo el corazón.

 

Barcelona 2014.

©Teo Revilla Bravo