ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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martes, 5 de junio de 2018

PERDONO


Pintura de Benon Lutaaya, un artista visual ugandés que trabaja el collage en formatos grandes, usando materiales reciclados como papeles y cartones.







PERDONO


                                      Porque esto es un suspiro, y  porque 

l                          llegamos y nos despedimos a cada instante.

 

 

Pronto saldré de la propia objetividad

sin miramientos, espero que sin lamentos.

Todo lo pensado, penado, gozado 

y vivido, habrá sido aparentemente en vano, 

puro vacío, equivocado aire atravesando

anómalos cielos, o quizás, quizás, un respiro

pergeñado en ritos de perennes minucias 

Recogido en las coloridas auroras del exilio.

 

Me extraño mucho si al rasgarse el día

por lontananza me miro en el espejo de los años

y escucho el temprano canto del pájaro, juguetón 

irremediable, aletear en torno a los postigos

de la abierta ventana.

 

Ya Barruelo—donde un día me dejó brotado

la primavera—, todo Santullán, Salcedillo

y Brañosera, arriba o abajo de los días,

los ciclos y los años, rumiando nieblas

se estarán ocultando apacibles envueltos

en sombra y alargados silencios. 

 

Hasta perdono—insomne pensamiento—

los pavorosos temores de la infancia, recelos

de niño frágil y sensible, que me abrumaron

e intimidaron con frecuencia, 

como perdono la confusión ante la vida, 

lo divino y lo humano, la timidez, los pasos 

perdidos así como los que felizmente hallé.

 

Todo lo perdono hoy—el tiempo tuvo

su lugar— al sentirme agradecido

a lo más grande y sutil de la existencia, 

al amor encontrado por partida doble

y extensible, amor espiritual, infinito, 

hermoso y humano.

 

Quiero irme lento pero seguro.

Tranquilo. Masticando poco a poco 

los segundos, antes de que al fin

se corte el cordón umbilical que me mantiene 

corrigiendo desvíos y rutas cosido a ti amor

de hoy y de ayer, a los hijos, a los hijos

de los hijos que nos salvaguardan y preservan, 

a lo que se ve y a lo que no se ve, 

a todo aquello que da sustancia a la vida,

al goce sostenido de vivirla, 

al deterioro irremediable de los cuerpos, 

a la concreción misma de dejarse uno ir,

al olor a heno y a pétalos olvidados, 

al apego sensitivo y estimulante de cabalgar 

a lomos del viento cada día, 

a todo lo que ofrece la maravillosa existencia.

 

Y hasta perdono, en dolor o en paz,

esa muerte—todo pasa todo vuelve—,

ojalá tarda, que al fin nos acoge para siempre.


 


“SOLEDADES” (Provisional)
Cuaderno  XVIII ( 2013 al 2014)
©Teo Revilla Bravo.