LA DESESPERACIÓN
La desesperación del suicida,
atraviesa el puente de la muerte,
-sangre coagulada mortalmente
repartida por el cuerpo inerte-
para cobijarse en el cajón del olvido.
No hay dolores que duren cien
años ni desespero que no tenga
arreglo. Lo difícil es lograr evitar
ese puente y cruzar a nado el río
de la desorientación y el desaliento
durmiendo la tregua que ofrece la noche,
para despertar, ido el borroso armazón
del desespero despejada la bruma,
en calma con el nuevo sol.
Sonará el teléfono. Una voz
cercana, nos lanzará un respiro
de amistad y vida.
OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno VIII. (1984-1987)
©Teo Revilla Bravo.
