Me hieren estas tardes sombrías.
Inciden directamente en el espejismo en que
abruptamente, huidos uno del otro nos hemos
dejado caer. Desolación, congoja, pálido
momento recostado con disgusto sobre
el duro espinazo del desencuentro.
Me duelen estas tardes en que el tiempo
planea caprichoso sobre nuestras cabezas.
Al pensarte sé —cuerpo del deseo—,
que estando podemos no estar,
ambos situados en un cuándo —abrazar,
sentir, amar—expectante y doloroso,
sin saber cómo alterar el destemple del opresivo
aire. Flores lilas en el jardín de los felices
reflejos. Dormido o despierto, ¿quién soy,
quién eres amor, quiénes somos esta tarde
si todo se pierde deslizándose sutil hacia
la nada, si huidos en fugaz insignificante
eternal sin remedio nos dispersamos
dejando atrás, desaciertos, recuerdos, vida?
Sonando aún los ecos dejados por el disco
“Time” de Pink Floyd, que suave, deleitable
y trascendental, ha acariciado mi alma,
noto que el vacío se va llenando de un deseo
que repunta con fuerza al sentirte cercana
desde la complacencia exquisita e íntima
que ofrece diligente la fortuna del amor.
