"Bosque otoñal cántabro" 2008 Obra de mi autoría.
¿POESÍA ESCRITA O POESÍA PINCELADA?
Hay gran afinidad entre poesía escrita y poesía pincelada. Ambos aspectos son parte de lo que engrandece al alma. Simplemente se trata de saber percibir, con sencillez y modestia, la brillantez del arte y toda su grandeza. Sin poesía, el arte no se sostiene ni se alimenta. Picasso dijo en cierta ocasión, que “La pintura es poesía porque siempre se escribe en verso con rimas plásticas”; y yo me atrevo a decir que también se pinta con pinceles cargados de poética palabra. El maridaje entre poseía escrita y poesía gráfica, es absoluto. Quien no ve lo uno es difícil que pueda atender a lo otro, pues ambas se complementan. Suele suceder en toda obra de arte en general. Cualquier disciplina, si quiere ser artística, ha de mamar de la poesía. Es difícil que a un poeta se le escape un propósito, un detalle o un comentario o alusión que se haga sobre un cuadro artístico por un pintor, pues existe una concomitancia entre lo que escucha decir y lo que observa y piensa de la obra. Ambos aspectos suelen ser significativos y coincidentes, tanto para el uno como para el otro, y viceversa si hablamos de las sensaciones que puede dejar un buen poema en un pintor. Esto nos lleva a pensar que se puede llegar a ser pintor desde la poesía y poeta a través de la pintura, por no hablar de la posibilidad de poder desempeñar ambos oficios sin menos cabo de lo uno o de otro. Ejemplo de ello lo hallamos en el genial William Blake, enorme tanto en pintura como en poesía.
En la pintura es fácil advertir, cada vez con más frecuencia, cómo la obra se acompaña con un texto o poema literario que la complementa. Esto es bueno en cuanto a que puede acercar el arte de lo uno, de lo otro, de ambos en conjunto, a personas que a lo mejor se sienten perdidas ante lo que ven, necesitados de ponerle nombre y darle sentido. En ese aspecto, no es difícil ponerle versos de poetas conocidos a célebres cuadros de pintores no menos notorios. Tomemos prestados los ejemplos que nos da Cristóbal G. Montilla en un artículo para la portada del número uno de la revista Litoral. Escribía: El David-Apolo de Miguel Ángel se deja ilustrar por un poema de Cernuda: «Desnudo, en una pausa; Por la selva remota, Traspuesto el tiempo». El amor sacro y el amor profano de Tiziano, abraza la prosa de Cortázar. Joan Perucho asume un trance picassiano. La Venus de Milo arranca versos a Gabriel Celaya, Nicanor Parra y Mario Benedetti. Las meninas de Velázquez se tornan juanramonianas. Rafael Alberti cincela con palabras las revoluciones de Delacroix. Vicente Aleixandre bebe en La fuente de Ingres. Octavio Paz seduce a La Dulcinea de Duchamp. Y La maja desnuda de Goya se echa de pretendiente una greguería de Ramón Gómez de la Serna: «La maja desnuda de Goya, es una almeja abierta», nos dice. No es difícil, pues, descubrir a poetas pintores y a pintores poetas. La relación del lenguaje con la pintura es ilimitada. Pongo ahora como muestra a Alberti pintor y poeta, a Lorca ídem de lo mismo, a Salvador Dalí que hizo pinitos literarios, a Picasso que fue lector voraz de poesía desde su infancia y autor de numerosos poemas, a Ramón Gaya que no sé si es más pintor que literato o más literato que pintor, a Kandinsky, a Kokoschka autor de varios torturados poemas, a Bretón, José hierro, Chillida y tantos y tantos otros que sintieron la necesidad, o bien de pintar si eran escritores, o bien de escribir si eran pintores. Este amor entre las dos artes, es muy antiguo y han ido siempre de la mano. Horacio ya nos decía sesenta y cinco años antes de nacer Cristo, que “Una pintura es un poema sin palabras”; pero Horacio, claro está, era poeta…
Todo ello para conseguir, como diría Kipling, “Imágenes que se escriben y letras que dibujadas sirven para lograr decir lo que no puede decirse.
Barcelona.-Enero.-2017.
©Teo Revilla Bravo.
