ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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viernes, 16 de febrero de 2018

ETERNIDAD


Vincent van Gogh. "ANCIANO AFLIGIDO"(En el umbral de la eternidad)


    Vemos en esta obra a un anciano junto al calor del hogar que parece, angustiado, secarse las lágrimas. La acción del tiempo y esa desdicha que produce la soledad son los protagonistas absolutos de esta imagen tan delicada como hermosa. La pincelada, como casi toda obra del pintor, es suelta y vibrante, dejando ante el espectador una imagen llena de intensidad y tristeza.  








ETERNIDAD


Una eternidad no es lugar de semejanzas
ni de tiempo masticado donde los espejos
convergen en la memoria creando reflejos
sorprendentes de ti y de mí; la eternidad
puede que sea un elemental desarraigo,
un vacío flotante, fuerza ingenua, fuga, rito
o un infinito camelo  habitando en las entrañas  
de una loca crepuscular fantasía.

Los espejos vomitan minerales, acorralados
entre sentimientos plagados de quietud y sombras.

Un pensamiento alargado en tiempo y lugar,
no significa poder resolver temas que ofrezcan
maneras de entender la vida o matar ilusiones;
ni es nada, si la perpetuidad domina el instante
trascendental del verte o no verte entre remolinos
de eternidad presente.

 Yo no sé qué es una inmortalidad, lo confieso;
ni sé por qué estoy escribiendo absurdamente
sobre ello, pensando insistentemente en ti esta tarde. 
En tal caso, lo que siento puede que sea un aeternitas 
preexistente, alocado, en mí cohibido, tristemente 
deshabitado de memorias, capacidades y recuerdos.  

Tampoco sé qué significa que un sepulturero
arrogante, enredado en lo alto de una montaña rusa,
destripe en los circuitos de la vertiginosa rueda
de la inmortalidad cadáveres.
Lo que sí sé es que una eternidad es estar sin ti,
naufragado infinitamente entre sentimientos
y desórdenes mentales que mira a dónde, tristemente,
devuelto al vacío una y otra vez, me conducen.

No sé si debo medir o no el sinsentido de los afectos
baldíos que quiebran estos fatuos pensamientos
o preguntar al aire sobre esta eterna impaciencia,
pero, fuerza ingenua, amante agónico, te preciso.

Confieso que estoy aterrorizado con el aguijón
de la impaciencia lleno de deseos.
No sé nada de nada, lo que significa que quizás
todo pasado, presente, futuro, equinoccios
y solsticios, en ti, en mí, sean, el empeño agónico
de una vana ilusión movida hacia la quietud de lo inerte.



“SOLEDADES” (Provisional)
 Cuaderno  XVIII ( 2013 al 2014)
©Teo Revilla Bravo.