EN ESTAS NOCHES
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
«La atmósfera norteña, los colores del campo, los bosques y la sierra, la naturaleza siempre esplendorosa de los contornos cántabros y palentinos, unido al ambiente especial generado en la cuenca minera barruelana con sus vidas marcadas por la cercanía de la muerte, la angustia y la esperanza, hicieron brotar en mí el sentimiento y la sensibilidad que muy temprano me llevaron a la poesía y a la pintura, así como a toda forma de arte, pábulos de expresión y vida»
EN ESTAS NOCHES
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
Foto de Karyn Huberman. Los Vilos, Chile. 2014
REFLEXIÓN
(Sobre un comentario del amigo Alejo Urdaneta, ya retirado por
edad de las ilusiones y vicisitudes literarias)
Muchos poemas están escritos en base a normativas de métrica y ritmo
muy específicos. En la concepción más clásica de la poesía se utilizan rimas
(que pueden ser consonantes o asonantes) entre las palabras finales de cada
verso. Y esos versos, a su vez, suelen componer estrofas (equivalentes al
párrafo del texto ordinario). Sin embargo, actualmente se considera el verso
libre y sin rima la medida absoluta de poesía, permitiendo que cada quien se
exprese a partir de las consideraciones formales, temáticas y sonoras que
prefiera. En cuanto a la normativa, la poesía utiliza recursos que pueden
alterar la gramática y la sintaxis, dejando tomar ciertas “licencias poéticas”.
La poesía se distingue a grandes rasgos de sus géneros hermanos (la
narrativa, el ensayo y el teatro) por algunas particularidades: no cuenta un
relato (como la narrativa), no discurre sobre un tema (como el ensayo), ni
reproduce una situación que acontece (como la dramaturgia). Se trata, en ese sentido, de una suerte de
descripción subjetiva, que puede utilizar metáforas y otros recursos literarios con el objetivo de embellecer el lenguaje y transmitir verso a verso la
intención sentimental del autor.
Barcelona, marzo del 2025
© Teo Revilla Bravo
SEPTUAGENARIO
La voz del tiempo a mis espaldas se siente.
A momentos parece rozarme, pellizcarme,
herirme el ánimo, dislocarme atrevida
el alma sin dejar aparente dolor, ni desazón
ni amargura, no sé si acertada, errada
o furtiva, pero con una ofrenda floral y un cantar
de largas huellas, que con sus magnéticos
colores, mensajera, me avivan e iluminan.
Setenta años. Las huellas del ayer
se confunden arrítmicas con los posos
meritorios de hoy.
El olvido barrió la bruma de tus ojos,
se fue donde se funde la materia
en terquedad divina, volviéndonos eternos.
Pues algo no cambia pese a todo:
esa muerte, puente tendido, hermanada
de silencios, que va desgranando ámbitos
y notas armoniosas donde sincronizados
en amor, escapados de lugar y tiempo,
conectados en infinitud permanecemos.
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo