ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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lunes, 14 de mayo de 2018

PASIÓN VORAZ Y DELIRANTE DE VAN GOGH



Autorretrato de Van Gogh










PASIÓN VORAZ Y DELIRANTE DE VAN GOGH


Van Gogh fue un artista maldito, profundamente infeliz, cuya existencia, lacerante, dolorosa, de soledad desesperada, influyó decisivamente en su manera de concebir la pintura. Ésta refleja, fielmente y con claridad, el drama de una existencia conmovedora; el cataclismo, obra a obra, que se iba proyectando sobre la vida del pintor. Van Gogh gastó su existencia en la búsqueda consumida y desesperada por hallar lo absoluto, y nos legó una obra excepcional. No es posible presenciar y prestar atención a su obra ignorando la existencia del hombre que la creó, pues va íntimamente relacionada. Su larga lucha contra las vicisitudes de su tiempo como fue la  familia, los amigos, los  amores, la miseria propia y ajena, la incomprensión y las  dificultades para lograr hacer valer su arte (no vendió un solo cuadro en su vida), le condenaron al desajuste, a la locura, al manicomio: “Lucho con toda mi energía para dominar mi trabajo, diciéndome que si gano éste será el mejor pararrayos para mi enfermedad”, se lamentaba.

Una lucha desesperada sin duda, y una desventura que no acabó para su desgracia nunca. Sin embargo, ganó posteridad gracias al triunfo de su constancia y de su singular imaginativa creación, a la que le favoreció el descubrimiento del impresionismo parisiense. Esto, paradójicamente, le permitió  el acercamiento a lo más elemental del ser humano  como es el contacto con la naturaleza, el campo cercano, las flores, el café de la plaza, la noche estrellada, los cuervos sobre el trigal, la habitación, los zapatos, libros, muebles… Todo penetra en sus cuadros con fuerza, pasión y desahogo, como penetró su exaltación ante los paisajes y la luz de Arlés y Auvers-Sur-Oise donde residió largas temporada. Podemos incluir también sus autorretratos, ese rostro peculiar tan familiar para todos sus admiradores, donde leemos como en un libro abierto sus angustias, su precariedad económica, sus desencuentros, sus fuertes desórdenes mentales que le llevarían al suicidio.

Cada pincelada que pone en la tela Van Gogh, grita la urgencia y la gravedad por solventar su angustia e interrogaciones. Y es, a través del color y de la  pincelada única donde sitúa los más altos recursos, llevando al paroxismo y al arrebato los matices que presentan lo que pinta, que no son otra cosa que reflejos creativos, expresión de sus sentimientos más exacerbados. Los colores vibran, irradian, resplandecen, gritan; y la pincelada, contundente y desequilibrada pero uniforme, chorrea color a un ritmo tan poderoso que pareciera arrastrar con ella todos los elementos pasionales de lo humano y lo divino. Genial.   


Barcelona, mayo de 2018.
©Teo Revilla Bravo.