ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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miércoles, 15 de abril de 2020

HUMO Y CENIZA




El sueño". Es una obra cubista del pintor español Pablo Picasso. Fue pintado en 1932. 








HUMO Y CENIZA

Ceniza por la mesa, por la ropa, por el suelo, por la cama. Ceniza y restos de cigarros por todas partes. No puedo aquietarme ni concentrarme, estoy ante un desorden dominante. Ni calmarme, ni escribir. Fumo y fumo compulsivamente como un desesperado mientras miro, alucinado, la hoja que al lado retándome permanece en blanco. Absorto, contemplando la negrura de la noche violentar la ventana, noto que me sumerjo en la boca del tiempo, que entro en ella por un pasadizo hasta llegar a una estancia repleta de espejos refulgentes, luces subyugantes dando tumbos y más tumbos a la velocidad del vértigo en lo profundo e insondable del sueño. Me dirijo, con el fin de hallar suficientes estímulos que puedan recrearte superando aturdimientos y vaivenes, hacia fértiles territorios dispuesto a escribir de pura complacencia literaria. Pero el bloc me arde entre las manos, literalmente inflamado de tachaduras, palabras irrelevantes, frases vacuas, quebradizos alientos, retóricos maltrechos fastos.

        Ante la inoperancia y el desacierto que me acompañan, lío y lío cigarrillos con el propósito de evitar cabreos y esperar paciente la llegada propicia de la musa. Pero lo que llega, conducido por arreos invisibles pertrechados entre letras y letras, es la terrible angustia que se instala -en hechura de extensa humareda, brillante y bendita alquimia─ en el fondo más desatendido del alma para quedarse, para ver cómo se me carbonizan los pulmones y se me calcinan las ansias. Y es que, si te pienso e  intento armar el dibujo que fiel te represente, se incendia la esencia viva de mi ser, se extorsiona hasta mi ánimo. No lo consigo. Se me estalla, antes de poner una sola palabra, la aljófar de la emoción y los posibles plectros que te enardecen, amor, de grácil perfección, se envician y dopan perdidos entre brumosos versos desaparecidos, rescoldos, ceniza y años.


Es así. Como entrar en un complejo juego de fracasos propiciados por la araña enreda-ideas al dejar segregaciones, hilillos de amor y dicha, en yermos campos del sentimiento. Ahí donde germinan trazas y caligrafías, sembradas y florecidas al azar, desalineadas y mal abonadas por la mano rebelde e inútil de quien  pese a todo se cree poeta.

En el aire espeso y cerrado ─ámbito del sueño─, se congregan infinitas volutas. En ese mal ambiente que siento me ahoga, aún persigo un ápice de optimismo en intentos por hallar versos afortunados, descabezando ideas, sublimando imágenes, lanzando soflamas, valiente como pocos, vagabundeando por la fantasía donde se generan confusas alegorías y no menos confusas letras de desánimo. Escribo, en esta noche de locura y humo, hasta notar, dejado de la mano de dios, que me asfixio incompetente. Entonces abro la ventana  para respirar, y sale por ella la nube de humo retenida en el salón. 

Al respirar aire y despejar los ojos, despierto al nuevo día con la sensación heroica y engañosa de haber parido, entre polvos, cigarros, humos, y despojos de sueños, el personal abecedario del amor y  de la dicha que con tanto afán perseguía. 

Pronto me doy cuenta de que no queda absolutamente nada de nada, salvo un ligero atontamiento de cabeza. Que todo fue en realidad una vana quimera desvanecida con la claridad del alba.

 Interiorizado y sensible, de vuelta de  deslumbramientos y fatuos sueños, perceptivo ante la primera luz que ilumina la estancia y se aquieta en tu rostro dormido, mi alma se reviste de júbilo consciente ─temblor notorio, centro ferviente de deseos, privilegio del amor─ de que una amanecida más, serena y hermosa, respiras a mi lado. 




DESDE EL FONDO

Cuaderno V. 1978 - 1980

©Teo Revilla Bravo.