ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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miércoles, 20 de junio de 2018

CON EL TRABAJO DIARIO


Retrato de Émile Zola, óleo realizado por el pintor francés, Edouard Manet 









CON EL TRABAJO DIARIO 


Partimos de la soledad, del silencio interior, iniciando  recorrido por un itinerario dificultoso y complejo que puede ser deslumbrante. Hay que permanecer concentrados y callados un tiempo antes de iniciar viaje, porque la tarea de escribir supone sobre todo dificultad, soledad y silencio. Es como estar ante una suerte de preliminares, iniciando una búsqueda previa de estímulos e interrogaciones, tiempo contemplativo y necesario. 

Mientras escribimos vamos vivificando y ampliando, a nuestra manera, un lenguaje propio; al hacerlo alentamos también nuestro universo particular, creando mundos paralelos que se estructuran al albur de las inquietudes para aprehenderlos de algún modo, dibujando, en práctica incesante, sus mares y continentes más amables a través de una avalancha de encontradas emociones. Ampliándolo, llenándolo de símbolos y significados con disciplina, sinceridad y coherencia, en una práctica creadora a veces confortadora, otras dolorosa y torrencial, pero siempre presta a la novedad que nos abre a la luz que permite salvarnos de la oscuridad inmanente. Es a través de esa luminaria que surge todo principio y proceso de creación, luz llegada de los laberintos infinitos que posee la sensibilidad y el ensueño. Así, encarando esos momentos desde el diálogo íntimo abierto a un acto innato e impulsivo significación de un gran desafío personal apreciable, damos sentido y valor a los sentimientos más irrefrenables y bellos.

Esa disponibilidad para entresacar de nuestra propia esencia circunstancias literarias, es nuestra razón de ser como escritores; es la apertura de la realidad íntima en acto cabal, abriendo fronteras que nos aprisionan. Como diría Baudelaire, “Con el trabajo diario”, que es de donde deviene la inspiración y la magia de la palabra, desde donde se liberan sentimientos y aptitudes. 

Arte y palabra, como delicado punto de luz que fuga hacia lo transcendente compartido.


Barcelona.-2011.
©Teo Revilla Bravo.