"Los relojes derretidos" (La Persistencia de la Memoria. 1931. Una de las obras más representativas de Salvador Dalí. Se conserva en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York.
EL
RELOJ
Un
objeto cualquiera, una rueda,
un
libro, vaso, lapicero, un reloj
quizás
que ha perdido el péndulo
con
el que contaba porfiado el tiempo...
Herederos
de cerros y farallones,
los
halcones sobrevuelan hoy
aceras
tristes y oscuras de la ciudad
por
el humo agrietada y disminuida,
paredes
donde la razón transita
sin
objeto alguno olvidada y perdida.
Pan
y sudor. Pétalos humillados.
Estiércol.
Mortales energías para
el
arranque de las poderosas vastas
industrias
de la ceguera egoísta.
Compren.
Consuman televisores,
aparatos,
computadoras, autos,
electrodomésticos,
que el mundo
es
un sorprendente luminoso escaparate.
He
visto caras deformadas, cuerpos
caídos,
mentes programadas, corazones
de
hielo y de cartón deambular perdidos,
carne
inerte inquilina de la muerte
retirada
en sucios cajones de residuos.
Existencia
sombría. Cerramientos
y
aluviones impasibles. Seres invisibles
envueltos
en limbos de misterio donde
todo
se deshace y la nada es paradoja
de
ese borroso reloj sin pulso ni destino.
OCÉANOS DE TIERRA Y LUNA
(Cuaderno VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.
