SOBRE LA CREACIÓN DEL POEMA
Uno a veces no sabe bien cómo comenzar un poema. Pareciera que la idea o el sentimiento, al ser tan grande, acabara con toda posibilidad de lograrlo.
Hay que ahondar en el vacío revelador. Uno se pregunta, ante esta disyuntiva, cómo hicieron de forma tan apasionada aquellos artistas que se atrevieron a crear las vanguardias históricas: futurismo, cubismo, simbolismo, surrealismo, etcétera, cómo imaginaron e hicieron realidad lo que les bullía en ese momento por sus mentes. El caso es que, por su valor de ruptura y de creatividad, lograron hacer posible un momento sublimar de la historia del arte desde la imperiosa necesidad de implantar algo nuevo. De alguna manera siempre fue así. En el caso del poema, pretendiendo representar gráficamente ese vacío ardiente que nos grita desde el fondo del alma. De ahí la necesidad de hallar forma y manera de crear versos que realmente lo conformen.
Nos acercamos de este modo inconformista a la poesía experimental, pues todo impulso artístico ha de ser tentativa de creación. Por eso hay que reflexionar sobre la propia poesía, sobre cómo la entendemos y conformamos en ella una voz identitaria. El material son las palabras. No hay otra manera de poder expresar la literatura y, por tanto, la poesía. Con ella podremos resolver el tema de la inspiración, la métrica, las figuras literarias adecuadas, los símbolos y metáforas que sintamos son necesarios, modelándola como si fuera arcilla o barro. Todo ello desde el sentimiento de libertad, ajenos a modas o tendencias que solo distraen y tapan incapacidades. Libertad para el poeta, y también para el lector, al que hay que dar opción a distintas capas de lectura para que la experiencia sea más satisfactoria; todo buen poema las requiere.
Si nos acomodamos a lo transmitido, evidente y conocido, a lo que busca el lector conformista —y en poesía es la mayoría—, estaremos siendo poco honestos con nosotros mismos en el proceso maravilloso de la creación del poema. Hay que avanzar sin pensar en éxitos y aplausos fáciles, yendo tras la sorpresa cultural que anime e instruya, pues la poesía no es un producto político-económico como algunas editoriales y escritores pretenden en busca de dinero y fama. Hay que diferenciar un buen poema del ripio al uso y abuso. Sin embargo, por diversos motivos ajenos al poeta, en muchas ocasiones se obvian los buenos juicios dando valor a otros basados en querencias populares, personales o económicas, que nada tienen que ver con lo esencial en poesía.
Barcelona, enero del 2023
© Teo Revilla Bravo