"Ecce Homo", fotografía premiada de Karyn Huberman
FOTOGRAFÍA
A Karyn.
Un
buen y gran fotógrafo sabe comunicar con
la luz, sabe dialogar con el corazón. Posee una mano que no le tiembla para
captar lo original, lo expresable. Esa mano, así de decidida se convierte, junto a la máquina,
en instrumento imprescindible. Un buen fotógrafo sabe mirar de manera única y
singular, lleva el arte dentro, le sale del alma hacia afuera, está lleno de
sensibilidad. Todo en su quehacer deja de ser frío e insignificante. Lo más
pequeño cobra grandeza y valor, porque el alma se le abre al fotógrafo como
una flor, se le desnuda como una virgen
ante la maravilla del mundo, en flujo imparable de suma de experiencias. Y todo
lo conseguido, para aquellos que tienen sentido artístico, que poseen ojos que
saben ver, así como corazón y amor para entender y captar lo ejemplar y
sensible. Porque la fotografía, como
todo arte realizado con la bondad de la honestidad, es un acto de amor
imparable que deja una interrogación, un pasmo hechicero, una sonrisa abierta
plena de complacencia y admiración. Ahí, en cada toma propuesta por el artista,
se está viviendo con eficacia e intensidad una pequeña-gran historia, belleza
desbordante por vital, única y esencial.
El artista,
aun no siendo consciente de ello, se viste de luces y de sombras, se sugestiona
con el desbordamiento y la humanidad artística, ofrece lo mejor de sí mismo,
tiene singulares relatos que contar, deja que el sentimiento entre a irrigar la vida mediante las imágenes que captura dando forma y sentido a sus intuiciones. Estas cualidades las ofrece, con tonos
cálidos, melancólicos, duros o fríos, nuestro supuesto fotógrafo. Nos está invitando a
observar experiencias ajenas, a sentir la poesía en sintonía con las imágenes,
a ponerles voluntad, curiosidad, música, sentimiento, emociones.
Barcelona. Marzo del 2019.
©Teo Revilla Bravo.
