PÉRDIDA
Ella habitó su cuerpo junto al mío
en mutua irradiación de sueños,
lucidez y entendimiento.
La tormenta se apoderó del cielo.
Todo ahora permanece en blanco
limbo plano, respetuoso silencio,
de un cielo nublo e indiferente caído
sobre el muelle de la aniquilación.
El poema, dédalo de huellas
esparcidas, tersuras de largas
y sensibles páginas, escrito donde
dejamos tiernas emociones desnudos
amantes gozosos e inspirados,
en medio de un desolador extravío
de inicua esperanza quedó.
Temblor de las sienes;
locuras melancólicas;
lágrimas de desolación.
La casa y cuanto la rodea hoy
sin aromas a rosales, a nardos
y jazmines, campo baldío es.
Ese ámbito antes íntimo, vivo y libre,
lo deshabitan hoy dos entrañas
de dolor disueltas en estelas ignaras
recogidas sin ruido ni acento
por la absoluta nada, en una pausa
de irrepetible cósmico temblor.
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
