MIRAR UN CUADRO
¿Cómo mirar una obra de arte? La obra de arte puede venir representada de diversas maneras: una composición musical, un libro, una película, un grabado, una escultura, una pintura... La obra de arte se crea con la finalidad de ser un objeto que atraiga la atención, bien por su interés, bien por su belleza. Puede ser también una manifestación simbólica, o bien la idea de un concepto determinado que el autor desea mostrar. Lo opuesto a la obra de arte sería un objeto útil, decorativo, o ambas cosas a la vez. Para saber si una obra es arte o no, se suele apelar a los conceptos de mérito artístico comunes y conocidos. Quién o cómo se establecen estos criterios y cómo logran perdurar en la conciencia de las gentes, es un misterio. En todo caso hay cánones a modo de orientación que se pueden seguir permitiéndonos tener cierta comprensión de cuál es el objetivo fundamental. Si tomamos como ejemplo el “Guernica” de Picasso pintado en 1936, vemos que el objeto de esa obra era atraer al espectador hacia la causa republicana española, poniendo el título definitivo tras producirse el bombardeo que realizó la aviación nazi sobre la población vasca de Guernica. Otra cualidad sería analizar qué nos cuenta la obra de la cultura de la época en que se produce así como del estilo en el que fue realizada, siendo para ello interesante que nos expliquen o nos informemos previamente del contexto en que aparece. También hay que saber mirar un cuadro en función del diseño o plan que presenta; es decir, en cuanto al manejo del color y de la forma que permiten la creación de las diferentes combinaciones gráficas para lograr acierto, rigor y personalidad.
Lo que debe quedar claro para quien observa una obra de arte es que posea causas determinadas que la hagan única y diferenciada, bien por el mensaje que aporta, bien por el tipo de elaboración o de distintivo que reporta. La comprensión de la técnica empleada —tener idea del tipo de arte al que nos enfrentamos— ayuda a percibirla mejor y a darle su justa medida. La obra ha de destacar ante nuestros ojos por su pericia innovadora, por los conceptos profundos que pueda tener, o por percepciones que nos lleguen a través de su belleza, enigma e integridad.
Otra de las cosas importantes a tener en cuenta a la hora de observar una obra de arte, es el espacio y la luz. La diversidad de modos con que se recrea la ilusión a través de las huidizas formas que conceptúan ese espacio y esa luz, es enorme; si estamos ante una obra de arte de verdad, es el mayor placer visual que podemos tener. Todo aquel que desee explorar los símbolos y significados de una obra expuesta, quedará sobrecogido por la complejidad y variedad de los puntos de vista que ante ella se le ofrecen. Y justamente ahí, digan lo que digan, lean lo que lean, se esté influido o no, cada espectador tiene el derecho de interpretarla libremente partiendo de su propia visión, de la experiencia y sensibilidad personal que posea. El conocimiento de la técnica, del momento histórico y de otros aspectos que conlleva la reflexión, deberían bastar para ampliar la experiencia. Si la perspectiva personal o anímica de un objeto artístico se desaprovecha, contemplarlo será lo mismo que tratar de resolver un complicado rompecabezas.
Barcelona.-octubre.-2014.
©Teo Revilla Bravo.