ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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miércoles, 11 de marzo de 2020

EL LENGUAJE LITERARIO




La mujer en la escritura. Una reivindicación permanente.







EL LENGUAJE LITERARIO


El lenguaje literario –analogía entre silencio y soledad-, con su multiplicidad de redes asociativas, ha de ser vitalista, vibrante, fluctuante, de sólida reflexión y gran precisión. Los contornos de los pensamientos tienen que ser lo más acertadamente definidos y con el mayor atrevimiento posible, de tal forma que delimiten los espacios emocionales, dando placer a lo escrito a través de textos sugestivos, vibrantes, reflexionados y bien estructurados. El poeta –su memoria, su complicidad con el tiempo-  ha de entregarse implicado y tierno, desde su particular solitario viaje, absolutamente al poema, de tal manera que el lector halle una exhaustiva indagación en los contenidos, un enlace fluido y enriquecedor que forme la metáfora simbiótica ideal entre obra y receptor, impugnando cualquier propensión que intente mostrar la obra únicamente como un ligado de leyes internas propias. El poeta ha de saber distanciarse de toda diligencia, pues la escritura no puede permanecer ajena a ningún aspecto de la condición humana, siendo, desde una perspectiva innovadora, nítida y transparente, con la abstracción debida y la facultad descriptiva seductora funcionando con naturalidad; eso sí: desde un estado de alerta permanente.

Sobriedad y sutileza. Límpido goce estético. Literatura  de ritmos, de colores, de formas, de tejidos, de múltiples sonoridades con los que formar los versos. Hay que saber hallar ámbitos adecuados para la conjunción formal de lo bello, vínculos emergentes en el alma que sólo la emoción y la sensibilidad, a través de la libertad creadora pueden propiciar, contribuyendo con ello al logro de un bien general.


Barcelona.-2012. 
©Teo Revilla Bravo.