VERDE EL PRADO
Qué verde el prado renovada la sombra
en sus lindes, regalo del arbolado a través
de las hojas nuevas que, dichosas y etéreas
abanicadas deliciosamente por el aire,
reclaman sonrientes su espacio.
Silencio. Remembranzas de irresistible
eternidad. Pájaros suspensos como luces
diseminadas en áulico encanto.
La primavera saluda con vitales silbos,
y el tiempo, —limbo, mito, luna, sol—
sempiterno en instantes que auguran paz,
siembra ecos de perpetuidad.
Se fueron las brumas mañaneras.
El prado es una marea verde revolviéndose
incesante entre fuentes, arroyos y riberas,
entre florales colinas y mirlos de ensueño .
Grato instante. Alada soledad. Metáfora muda.
Templanza del
valle santullano.
Siento sujeto de algún éter pletórico de fe,
el corazón latir en afán de plenitud y sustancial
entendimiento entre hombre y natura.
Jardines de fantasía:
la vida,
rigodón de ensueño,
se ensalma en armónico delirio.
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
