Reproducción de la pintura de la cárcel realizada por el artista armenio Grigor Khandzhyan
RECINTO DE
PIEDRA
Recinto de
piedra, dormida luz de silencio que resbalando
por la estrecha rendija
pasa abriendo manifiestamente
el día ante los
ojos. Cendal de efluvios en cielo mate
y húmedo, azul esplendente
instalándose hábil
en las ondulaciones
de tu persistente clamoroso cuerpo.
Ante el
inminente mimo del sol posado perezoso
en tus párpados,
trepida el alegre destello que van dejando
al abrirse los
lirios de imaginario jardín de mayo.
En el alegre despertar
del sueño, la luz destierra
lo oscuro y triste
que habita el fondo de tus pupilas.
Así pulso y
aliento, elevando espirales de gloria y besos,
van borrando
paisajes de estrechez y amargura,
van rompiendo
locuras asomados -tú y yo, amor-
un día más con renovada
esperanza a la vida.
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Sueño. Espejismo
del instante puede ser lo sentido.
Punzantes rocas,
escarcha en yedra rampante
del muro de la prisión
que penado habito.
Sobrecoge
la largura de este exilio, torre de marfil
que el tiempo va
cerrando a golpe incansable de reloj
y distancia. Cuerpo
desnudo, cielo azul, lejanas olas,
rumor silbando melancólico
en el mar sobrecogedor
del llanto. En
espera, rompiendo locuras y desmanes,
hueco silencio,
manos sombreando recuerdos en las opacas
paredes del desánimo.
Así, esta prehistoria encerrada
en la vacua pequeñez
de un tiempo asombrado de tristezas
que va abrumando
el vuelo incansable de las horas.
OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.
