Resplandor. Aire, brillo. No perder de vista
aspectos que nos invitan a la bondad
del instante, de la música, a la fiesta sencilla
donde los amantes vuelcan sus labios
en el centro mismo de la polifonía,
canciones con aromas de flores colmando
el aire con notas que son reveladoras verdades.
No mirar atrás. Recibir las asombrosas
noticias como si la mañana tuviera campos
inmensos sembrados de sabrosas fresas;
como si estuviéramos brillando absolutamente
despiertos en la acuarela refulgente de la vida,
tu voz al viento con suave pincelada justo
ahí donde se conquista la verdad última
y se logra gratamente la dicha del amor.
Gesto vulnerable. Señales. Reclamo.
Ensueño. Racimo de nubes y grandes boscajes,
fauna, mares, rocas, ríos, halcones al vuelo
raso de la media tarde tendiendo,
en el desvanecimiento del presente,
puentes, sembrando en el frágil firmamento
resonancias, pinceladas conjurando tramas
de colores, clavicordios, concertinas,
vibrantes violines, algodones de luz y dicha,
risas, sentimientos, algún llanto sensible,
y ese benefactor silencio descifrado en luz.
