Cómo la soledad, cómo la duda que en ella
se envuelve todo lo nubla y nada apacigua.
Cómo tus ojos, incontenibles hoy en los míos
me hablan y susurran —pausa, hueco, tiempo—
cubriéndome de absoluto empeño, de soledad,
desierto o naderías…
Cómo la danza me conmueve porque toca,
suena y permanece en el alma.
Cómo el eco de un recuerdo puede hacer
reír o llorar destemplando.
Cómo la pena a veces se tremenda y se enquista
buscando infructuosamente el sentido que se oculta
en cada punzante arista de la muerte.
Cómo una galera que se hace a la mar
en emigración constante e intangible,
nos mece solitaria entre sueños y olas,
para luego desaparecer.
Cómo este poema que intento habitar cada día
ávido de luz se mira en mi espejo achicándose,
Aquietándose, para empañarse irresoluto
e imperfecto de absoluto.
Cómo los reflejos del bosque al atardecer
lo acallan todo. Cómo la pericia de la ternura
nos eleva de sueño en sueño hacia la irresoluta
nada…
Cómo el amor, en la larga expectativa se dispara.
©Teo Revilla Bravo
