El primer dibujante de Lobezno fue el norteamericano Herb Trimpe, ya fallecido.
LAS RIQUEZAS DEL CÓMIC
No es fácil hablar, al menos para
mí, de una actividad artística como es el cómic, actividad en la que soy
profano, consciente de que para serlo hay que ponerle mucha voluntad
imaginativa -también literaria-, constancia y actitudes; lo hago desde la admiración
que estos artistas me producen, y tímidamente. Las técnicas del cómic son
tan abundantes, como considerables son los artistas que con tanto esfuerzo y
mimo las practican. Como en cualquier campo artístico, cada dibujante de cómic que
desee sobresalir, ha de ofrecer su
propio código visual, ético y narrativo, distintivo donde ha de ir expresa una
personalidad interesante y a ser posible arrolladora que lo haga reconocible.
Todo evoluciona. El cómic,
también. Y lo ha hecho, por fortuna, experimentando saltos cualitativos,
gracias a un puñado de agrupaciones, pequeños colectivos y editoriales de
revistas, que han ido afanadamente dando cabida a autores (no doy pistas de los
mismos, Internet ofrece amplias muestras) que además de reforzar sus atrevimientos
individuales, han sabido generar dinámicas de adaptación, mutaciones llegadas a
través de saber recoger influencias de otros artistas alejados en el espacio vital.
Todo ello acaba por definir un marco artístico renovable, donde todos pueden
beber de él y beneficiarse, manteniendo la expresión libre, cambiante e
inagotable de lo creativo, que ese es al fin y al cabo el camino que debe conducir
al arte.
Barcelona, mayo de 2018.
©Teo Revilla Bravo
