Siento pasar la vida algo aturdido esta tarde.
Como desmayado ante la aparición
de un secreto recién desvelado de los que
te dejan atónito al momento ante la ignición
de un caos que nos desbarata.
No noto la infinita bondad del dios
de la escuela, ni la de los alígeros pájaros
de fuego revolotear alrededor del verde álamo.
Tampoco la mínima interferencia de claridad
en conjura de alegrías y brillos en el ánimo.
Por lógica, debería morirme ignorante,
recogido a ser posible y por piedad
por brazos bienhechores.
Sin embargo, en esta sensaciónde
inexplicable abandono que experimento,
me veo, en persistente avidez,
entre las brumosas madejas de aire,
ineluctablemente gastado y viejo.
Quizás todo sea un grito desgarrador
proveniente de un inmaduro hartazgo,
un mal sueño llegado a la hora del ángelus,
una dispersa niñería o inocente palmo
amarillo de ternura, una sensación
de desidia humana mal avenida,
o un enérgico parpadeo de la luz llegado
sin aviso entre las manchas sin brillo
que arrastra el tiempo.
