El collage de "Walt Whitman", es de Karyn Huberman.
"El Poeta". Retrato de Eugene Boch, Óleo sobre lienzo de Vincent Van Gogh.
POESÍA Y AMOR
“Si una mujer comparte mi amor/ mi verso rozara la décima esfera de los cielos concéntricos / Si una mujer desdeña mi amor/ haré de mi tristeza una música/ un alto río que siga resonando en el tiempo/” Borges.
La poesía y el amor, para Octavio Paz, brotan de una fuente común y confluyen en una misma experiencia. Son el retorno a la unidad perdida y van recomponiendo todo lo que el lenguaje rompe por medio de etiquetas defectuosas. El poeta cree en el poder de la palabra porque cree en el poder del amor. La poesía, como el amor, es un encantamiento, es el deseo realizado a través de la palabra –expresión de emociones-, salva distancias, combate la duplicidad y el fracaso, unifica y alienta vida. El amor, al precipitarnos hacia el otro con toda intensidad, nos reencuentra con nosotros mismos. La poesía proyecta el lenguaje en miles de direcciones y hace que la realidad encuentre su espacio de expresión, apertura explícita hacia logros de libertad y de profundo entendimiento. Los poetas son quienes rompen el corsé de los significados únicos al escribir poemas por donde respira la realidad y abre vías de entrada al mundo. Lo hacen convocando –alquimia del alma- a uno de sus mejores aliados: el amor. El amor necesita aire abundante y fresco para no asfixiarse, hallándolo en la estética de la palabra, en la sensibilización del lenguaje, o lo que es lo mismo, en la poesía que es sensibilidad y pasión. La poesía amorosa es encantamiento, es el poder de aprehensión y verbalización que posee el poeta, el deseo del desahogo realizado en la palabra, la emoción, el filtro necesario, la ternura, la vivencia. La poesía abarca todo lo humano.
Los condicionantes y virtudes del lenguaje poético, abren los horizontes que marcan los parámetros de una cosmovisión por donde sacudirse de enredos y estremecerse de placer. El poeta escribe por amor, porque el amor como la poesía es la prueba concreta de la existencia del hombre, lo que le da fin y sentido. El poeta evoca, a través de la poesía, el deseo de espiritualizar el amor –percepción incondicionada- de tal forma que afecte al corazón y a la palabra. Todo poema habla a través de la erótica del lenguaje de amor; y todo amor se articula y nos introduce –proceso de seducción, instante intenso de fascinación- en la poesía ahí donde el bardo intenta eternizar el deseo gozoso de aquello que fervorosamente siente. En todo caso, pese a la necesidad de dejar constancia del sentimiento, el poema, como el amor, no puede ser descrito ni explicado, solo sentido y definido en sus propios términos. Ya lo dijo también lúcidamente Octavio Paz: “El poeta no quiere decir: dice.
Barcelona. Noviembre de 2016.
©Teo Revilla Bravo.