VENTANAS AL PAISAJE
En todo poema debería estar
implícita una poética que por pura lógica no puede ser la misma para cada poeta
ya que es intransferible, como tampoco puede serlo para cada lector pues
constituye un ámbito de autónoma realidad. En mi caso trato de fundir, escribiendo
(y también viviendo), lo sublime del cuerpo con lo sublime del espíritu, una
forma de convertir el pasado en presente y el presente en pasado, de transmitir
a la muerte la vida de las palabras, de hallar el sentido de la revelación
creadora en cada suspiro, de abrir las ventanas al paisaje sorprendente de las
consideraciones nobles, llenarse de él, oler, sentir, respirar.
Me niego a estar sujeto a tendencias y a grupos. Nunca me gustó sentirme
atado a nada que condicione, necesito sentir que soy un creador íntimo e
inusual cuya obra poética se concreta poco a poco llenándose de personal
protagonismo. La añoranza del pasado, el erotismo, la pasión amorosa y la
imaginación gravitan sobre mi obra, la llevan a mágicas realidades personales,
a estados gratos y afectivos, lugares de lo sagrado lúcido y esencial, tras haber
captado la perplejidad de lo aleatorio que conlleva el hecho de vivir.
Mientras haya lectores que asomados al paisaje se emocionen leyendo versos, habrá poesía.
Barcelona a mayo del 2024
© Teo Revilla Bravo
