ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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miércoles, 23 de enero de 2019

ALFONSO BLANCO, ESCRITOR Y ARTISTA SINGULAR










 ALFONSO BLANCO, ESCRITOR Y ARTISTA SINGULAR


Los escritos de Alfonso Blanco -más conocido con el seudónimo Trasindependiente- que comparte habitualmente con sus amigos en Internet, recogen y relacionan fórmulas epifánicas y deslumbrantes, que no son otra cosa que términos artísticos de diversos campos expresivos que le llaman poderosamente la atención. Y lo hace a través de temáticas escenográficas y visuales de afanoso impacto emocional y beatitud expansiva, inspiradas en experiencias recogidas en viajes –tema omnipresente-, peregrinaje primordial donde se nutre de vida y arte  haciéndose eco de todo lo bello, curioso, deslumbrante o inaudito, que ha ido realizando el hombre a través de los siglos. Todo penetra sensiblemente en su interior. Lo va recogiendo con su cámara fotográfica en flujo torrencial de singulares fotos, o plasmándolo como observación en papel oportuno para contárnoslo más despacio luego. Sus fotografías, pero también sus relatos, incluyen una gran variedad de admirables imágenes y metáforas, donde se mezclan culturas, objetos, piedras y otros materiales que no son otra cosa que erosiones producidas por milenarias torturas, con reflexiones e inspiraciones que nos ayudan a pensar o a caer en la cuenta sobre algo que posiblemente nunca -de no verlo a su través- hubiéramos podido considerar.

El arte es un largo y ancho camino, con muchas derivaciones, del que todos somos transeúntes. En esa pericia de continuo vagar y observar la vida, anida el deseo exploratorio de nuestro amigo en un loable intento por descubrir tesoros, a veces no tan evidentes, que casi podríamos decir que son de los que permanecen ocultos, envueltos entre luces y sombras esperando que alguien se fije en ellos. Saber contar como él lo hace lo que descubren sus ojos por ubicuos  campos, cielos y ciudades, es su gran valor, su acierto, su  aporte al universo cultural con el que día a día nos alienta y sorprende.

 Se diría que Alfonso Blanco está adscrito a diversas tendencias artísticas -que a su vez pueden llegar a ser metafísicas-, donde la geometría, lo espacial y la arquitectura en general, tienen un valor destacado e importante, sin olvidarse del paisaje y del paisanaje. En ese mundo de construcciones, diseños, pinturas, panoramas, formas, signos, luces, sombras y tonalidades, se explica la vida, algo que  hace con exquisita sensibilidad de poeta visual atento y delicado.

Alfonso Blanco hace uso de un rico don de la palabra, voces que arma con  personalidad y talento creando primorosas ensambladuras, basadas en su innata capacidad para observar, recoger y  guardar –antojadiza paleta de buen pintor- aspectos sobresalientes y emocionales de la cultura de los pueblos y lugares que visita. En ese mundo del que como ufano espectador hace acopio, creo yo que hay dos aspectos esenciales: el íntimo, que refleja en sus escritos como algo personal, emocional y poético, y el que saca a la luz múltiple y fragmentado en fotografías para acercárnoslo de forma traslúcida  y aforística a sus lectores. Se trata de elementos de un presente andariego lleno de interrogantes, que con su grato perfil de escritor iluminado plantea desde  atalayas lúcidas consiguiendo, al transmitírnoslo, que ambos aspectos funcionen, asegurándose a la vez la unidad intelectual  que hace que el lector quede gratamente agradecido.

Alfonso Blanco -o en su caso Trasindependiente-  es un infatigable buscador de grandes corolarios e iconos culturales: Observa con minucia, investiga, se hace preguntas ante lo que tiene delante, e intenta hallar respuestas enriquecedoras  que posteriormente colorea con delicada personalidad de gran narrador.

Y hablando de narrativa, no olvidemos ese hermoso libro aparecido hace unos años  titulado “Los dioses en París”, de recomendable lectura.


Barcelona. Enero de 2019. 
©Teo Revilla Bravo.