Perderse en los callejones del delirio,
caminar desnudos por la orilla donde
el mar suavemente se remansa,
y entre reflejos y plateados destellos
de luz, respirar…
Los poetas, o son libres para aclarar
palabras sombrías mediante versos claros,
o no son:
la poesía está negada
al mercantilismo feroz, al consumo
sin sentido, a la falta de sensibilidad
y solidaridad que ensombrecen la vida
de los pueblos, a la política como forma
apocalíptica, discriminatoria y guerrera.
La poesía es hostil a la bomba y al fusil,
a las confrontaciones, a la desunión
de pueblos y comunidades que actúan
en aras de egoísmos patrios, soflamas,
arengas, himnos, banderas.
Quizás por eso unos y otros, hijos de la codicia,
tratan de inmolarla, de lanzarla tortuosamente
a la nadería del sinsentido.
Un día, recogido en los anales de la historia,
se convirtió en hermoso pájaro de luz,
engarzado de ternura, tenaz, voluntarioso,
inflexible, versátil.
Desde entonces, desplegadas sus alas,
puliendo guijarros, liberando de sujeciones,
mostrando lo que canta y hermosea la vida,
la poesía vuela y vuela emancipada en susurro
de ancho cielo buscando la paz a través
del rumor libertario del magno océano.
