"Head III", obra de Francis Bacon (1961)
LA DUDA
Como poetas o amantes de la poesía, ¿qué podemos dar por claro, qué por cierto? Ya sea como escritor o lector, la duda no deja de ser incertidumbre, condición necesaria para que se dé la reflexión. No obstante, y a pesar de todo esfuerzo intelectual que hagamos para obtener respuestas, la mayoría quedarán sin poderse contestar. Quizás lo importante no sean al fin y al cabo las respuestas, y lo medular sea el trabajo de reflexionar sobre algo aunque parezca baldío, pues el mismo hecho de elucubrar nos sirve como fuerza para levantar una creación al ser un pilar básico de influencia en su elaboración.
Se trata de aprender a leer y sentir. La lectura de grandes autores, fuente de inspiración e ignición para quienes se atreven humildemente a acercarse al poema y a la práctica de su escritura, debe ser ineludible, pues nos nutrimos de lo que leemos. En el caso concreto de la poesía, ocupa un lugar importante en nuestras vidas, haciéndose necesaria para hallar equilibrio emocional. Si le somos fieles, si nos aventuramos a emocionarnos y ser constantes en libar la magia que los versos desprenden, lograremos que la respuesta a la duda se revele de modo sorprendente, aun no sabiendo luego conceptualmente explicarla, al ser otro de sus grandes misterios.
Tendemos a buscar un Dorado o una Ítaca particular, al emprender de un modo u otro un viaje interior en búsqueda de la realización, aunque, como en Luis Cernuda, no haya “Penélope que aguante su llegada”, ni explorador que halle su Dorado”, añadiría yo. El mundo es el que es, con sus cosas buenas y sus cosas malas, con sus goces, luces, sombras y miserias. Aquello consustancial a la condición humana es lo que el poeta ha de tratar de recoger con esperanza y sensibilidad, bien en versos propios, bien en lecturas ajenas.
Los poemas no requieren mucha explicación. A veces ninguna. Pero sí es imprescindible recoger e intimar su esencia. Quizás por eso la gente, ávida de entenderlo todo a la primera, lee poca poesía o simplemente no la lee. Los que sí lo hacemos experimentamos esa vibrante atención que ilumina, sintiéndola intensamente, sobre todo en momentos propicios como los de los grandes silencios reveladores sentidos en soledad.
Barcelona, mayo del 2022.
© Teo Revilla Bravo