ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

martes, 31 de marzo de 2020

ESCRIBIR COMO PASIÓN


Retrato de Miguel de Unamuno por  Joaquín Sorolla. 










ESCRIBIR COMO PASIÓN

Alguien dijo: Recuperar la inconsciencia es el sueño de todo escritor.


Mi pasión es escribir. Pintar también, pero sobre todo escribir e ir de este modo raspando, como pueda, el fondo del alma. Escribir es ejercer una especie de sacerdocio o compromiso con uno mismo. Si le dedico tiempo, es porque me sienta bien, no porque crea ser sacerdote ligado a doctrina, culto o ritual alguno. Ni siquiera puedo decir que soy escritor en el sentido amplio de la palabra. Quizás sí un escribidor de poemas y diarios que se ha metido, ocasionalmente, a intentar lograr alguna novela imposible, y algún ensayo no menos imposible, todo ello y en cualquier caso con muchísima prudencia y con la idea de poder esclarecer, en lo posible, mi relación con la vida. Me considero también, en esto de las artes, melómano, lector empedernido, aficionado a la fotografía y al cine, coleccionista de libros, obras pictóricas, y de todo tipo de emociones que el arte pueda ofrecer.

Dentro de este contexto general, la escritura se convierte, como decía, en un proceso de esclarecimiento formal, dentro lógicamente de determinados términos sean éstos heredados o los que el mismo lenguaje impone. En todo caso, un desahogo importante donde las reglas resultan irrelevantes para  poder hallar aspectos de mí mismo que antes no había contemplado. Estructura y esencia. Disposición de palabras y significados. Que trascienda. Que lo escrito se haga viejo en mí y en quien ocasionalmente lo leyere. Hallar un fin que pueda darle sentido a la existencia lo más abierto y veraz posible. Y eso es solamente aceptable, cuando te inspiras en lo que has vivido, viajado, amado, sufrido o gozado. Todo sentimiento es literatura si contribuye a hacernos mejores personas. Pero esto lo sabemos después, cuando hacemos visible y revelado lo desconocido. Jung lo decía:”Mientras nos encontremos inmersos en el proceso creativo, no vemos ni comprendemos, y de hecho no debemos comprender, pues nada perjudica más la experiencia inmediata que el conocimiento”. Regresa el filósofo, a lo que ya nos había enunciado con rotundidad muchísimos siglos antes Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Y es que casi todo lo que encontramos y escribimos, surge de un accidente, de una transformación oculta, de algo que hemos de esclarecer. 


Barcelona. Marzo de 2020. 
©Teo Revilla Bravo.


lunes, 30 de marzo de 2020

SUTILEZAS



"Por amor al arte" Obra de Zao Wou Ki, nacido en Pekín el 13 de febrero de 1921, y fallecido en Nyon, Suiza, el 9 de abril de 2013. Fue un pintor  influenciado por Paul Klee, pero fue derivando hacia la sutileza y poesía del arte abstracto






SUTILEZAS
 

Sin argucia, sin sofisma, sin esa amable y especial efervescencia que provoca la sensibilidad, pero también la sagacidad, la viveza, el instinto lince de quien escribe, no hay literatura, no hay palabra, no hay verso que se aprecie y llegue. El don o sutileza en la escritura, como en cualquier otro distingo artístico, es inherente, aunque se aprendan las técnicas o se consiga, con tesón y mucha voluntad, dar con las claves que nos permitan ponerlo –efecto, valor poético o artístico- en funcionamiento. Esta es la principal característica o don que ha de tener quien desee transmitir, desde esa isla tranquila o perturbadora -depende del día o de la circunstancia que se dé- el poeta. Algo en todo caso admirable, sea mediante la letra escrita o la obra artística.

Clarividencia. Si tenemos una conciencia íntegra de lo que queremos y debemos expresar, la facilidad de aserción está ganada en muchos terrenos. A partir de ahí, tenemos que saber qué queremos decir o contar, qué vamos a compartir, sabiendo que luego cada lector percibirá de ello sensaciones y matices diferenciados, efectos provenientes del panel de mandos de ese centro emocional que cada uno posee en su cerebro, desde donde interacciona e interpreta a su manera, diferenciándonos, de una circunspecta manera, unos de otros como individuos. La obra, una vez realizada, nos pertenece muy relativamente, ya que luego, dada a leer o publicar, viaja sola y se instala en corazones receptivos con signos muy personificados. Ojalá que creciendo en interés y en proyección, agrandándose en perceptibilidad y magnificencia.

El poeta no posee el rol extraordinario de llegar con voluntad propia, ni de poder crear con perfección aquello que desearía mostrar en toda su viveza y sentimiento, ya que toda imagen pertenece al mundo fantástico de la naturaleza y ésta es inabarcable tanto la exterior como la que habita en nuestro más recóndito interior. Más que creador, el artista es imitador. A veces, gran imitador, ya que copia guiado por el asombro. Aprendemos, observando persistentemente lo que nos llama la atención proyectando, si tenemos la suficiente habilidad para hacerlo, las  imágenes captadas al papel,  a la tela, a la piedra, a la partitura, etc., sensibles a esa naturaleza que nos dicta qué hacer desde su original deslumbramiento e innata proposición. Lo importante al fin y al cabo, es acomodar bien ese asombro, ante la instintiva necesidad de hacerlo. Mostrar, a través del poema, del escrito o del quehacer artístico que nos ocupe, la capacidad para abordar la sorpresa y la ilusión. Momentos en que vemos surgir la obra, quizás sin entenderla ni haberla matizado ni conceptuado debidamente en nuestros cerebros, pero sí en nuestros corazones: “Uno, que viene de la sorpresa, se sorprende de que se sorprendan”. En esto reside, posiblemente, la magia de la poesía, la ilusión o deliro del arte: en descifrar imágenes asombrosas, aunque tengan apariencia sencilla; en propiciar un maravilloso juego alquimista, que prodigue entendimiento y asombro.

El arte es el medio, o la pócima, que regula nuestra salud intelectual,  creando saludable bienestar. Todo sucede, aunque no logremos escribirlo-describirlo, aunque no logremos entenderlo o precisamente por ello. En arte todo acontece para bien y como por encanto. Ahí está, aquí está, en cada aliento, en cada golpe de respiración o concentrado silencio, la magia. Es en ese contexto cuasi místico, cercano al éxtasis, es cuando de verdad el poeta escribe versos, el novelista novelas, el artista pinta o modela su obra, el músico compone su partitura, el escultor saca chispas de la piedra y la humanidad crece en positivos desarrollos. Todo está sujeto a las maravillosas leyes compensatorias que dicta el universo a nuestro paso por la vida. Sublime encanto de las palabras y de las obras, delicado eco del sentimiento. Sutilezas, compensando desaciertos y desastres, que agrandan enormemente el concepto humano haciéndonos mejores.

“Un hombre mira hacia la luz que aparece por sorpresa en medio de la oscuridad. Hay lágrimas de emoción en sus ojos. Una radiante abierta sonrisa se desprende de sus labios…”



Barcelona.-Enero.-1013
©Teo Revilla Bravo.







miércoles, 25 de marzo de 2020

LA PINTURA COMO UNIVERSO NECESARIO



Obra de Manolo Oyonarte,  pintor  (expresionismo abstracto) y arquitecto madrileño. 











LA PINTURA COMO UNIVERSO NECESARIO


Guiados por una enorme curiosidad que nos lleva directamente a contemplar y valorar una obra de arte, desbordados por la sensibilidad que no sabemos cómo nos ha provocado, aprendemos a reflexionar, a sacar valores, a advertir aspectos únicos y asombrosos, abriéndonos a lo más sensible  del ser humano. Arte y poesía para hacernos caer, susceptiblemente, en el embeleso. Toda obra que apreciamos genera una suerte de viaje onírico, una sensación de gozoso vértigo, una vía novedosa y deslumbrante.  Al contemplar esa obra, podemos entrar en el magno universo del arte,  casi sin percatarnos. Al observarla con tanto interés, es como si se creara para nosotros expresamente de nuevo. Cada espectador que se asoma a ella y la reclama con la mirada, con el alma, con cada sentimiento que se estructura en su mente, la hace inevitablemente suya. Decía Fernando Pessoa: “Primero hay que soñar el objeto, y luego darle nombre”. He ahí el valor real del arte. Lo es cuando excede al momento que le dio el creador al confrontar observaciones con anhelos realizando la fantasía de poderlos llevar a la destreza imaginativa, a la creación. Hay que examinar con toda la atención posible la vida; intentar poseer, en lo eventual, su riqueza magnética y necesaria; hay que sentir el ensueño -telúrico-recrearlo-, estimulando nuevas perspectivas.

Así aflora el portento del milagro creativo: ordenar en un lienzo, papel o donde quiera que pueda darse, aquello que ocupa en  nuestra mente, obsesivamente, una emoción, dándole cauce como se le da a un río desbocado para poderlo controlar. Hemos de dejarnos caer, en el vértigo del arte, de la mejor manera; desarrollémosla, entregados, con verdadero interés y cuidado. El artista dicen que es el confidente de la naturaleza, quien la expresa mejor, quien sabe dibujar y colorear los diálogos que se producen en ella. Como cuando estamos ante una bella panorámica o ante una simple flor como diría, creo suponer, Auguste Rodin; o bien situados frente al mar, la montaña, o ante la mirada y el quehacer del hombre cuando le alumbra la razón interior. El artista ve y siente crecer los tallos de las plantas, surgir la lágrima como rocío en delicada hierba, abrirse la sonrisa como si estuviera ante un hermoso espejismo de luz, apreciar la poesía con cada deslumbrante atardecer. El creador necesita copiarlo todo como diría Miguel Ángel; llevarlo a algún lugar delicado apoderándose de esa energía que al circular nos impregna de vida, de nobles y extraordinarios sentimientos. Platón diría: “También el alma, si quiere reconocerse, tendrá que mirarse en otra alma”.

Ante nuestros ojos, a nuestro mismo alcance, en todo lo que contemplamos, tocamos, sentimos y amamos, está contenido el universo. De ello quiere hacerse eco el artista por pura necesidad anímica. Que nadie le pregunte cómo y por qué, porque no sabría responderle. Es así, posiblemente, desde el mismo nacimiento, madurando poco a poco desde la infancia. Y es que el ojo infantil, abriéndose a la vida, no contaminado aún por los desastres que va dejando el hombre social en las conciencias condicionándolas, cuando no manipulándolas, no moraliza, no ejerce poder, no critica ni condiciona, es libre.  Esta libertad es lo que ha de mantener en lo posible. 

A través de los medios de que dispone, el artista pinta, inventa, indaga, expresa, compone, crea. Lo que le diferencia precisamente de otros seres humanos, es esa capacidad que tiene para llegar al fondo de lo que necesita expresar en batalla inteligente. Trazar una línea, dar un color, ampliarlo en las dimensiones de una tela o soporte, para lograr que funcione como generosa sorpresa, es el fin. De este modo el pintor entra en una lid perpetua. Quizás obsesiva. Necesita tener la capacidad de poder abrir las puertas de la percepción, traspasarlas, e indagar. No importa en qué o dónde mete el ojo para hallar su objetivo: “Una remolacha bien pintada es tan buena como una Madonna bien pintada”, nos decía con mucha razón Max Liebermann acallando muchas voces que hacen del arte algo elitista según graduales, absurdas, contemporáneas valoraciones. Todo puede tener sentido artístico. Todo, absolutamente todo, pues el arte es reflejo de lo que observamos y vivimos. Hasta situaciones de leves indefiniciones pueden ser trasformadas en aventuras creativas aún no habiéndose hallado una forma concreta, pues el arte va más allá de toda forma o apariencia. Por una cuestión de azar y sensibilidad del autor,  puede comenzar a cristalizar casi sin que éste se dé cuenta, o a través de largo proceso. Pintar es eso. A veces comenzando por una pequeña minucia, inquietud que va agrandándose creando la necesidad de ser plasmada y transformada en magia. 



Barcelona--Enero.-2013.
©Teo Revilla Bravo.








lunes, 23 de marzo de 2020

MIRADA INMÓVIL



"La torturada mirada de Francis Bacon"






MIRADA INMÓVIL



Caigo del andamio balanceado por una corriente de aire que me posa, abruptamente, en la oscura garganta, insana metrópoli -herrumbre, moho, seco orín- de las vaguedades que habito.

La vida, el trasiego humano, desciende lentamente un día más hacia el sarcófago fatal de la ilusoria existencia. 

Máscaras iracundas, en vértigos no resueltos, cubren apariencias, gritan histéricas por los túneles despoblados de la memoria, caminan entre embozos andantes, histéricas turbinas, claraboyas, oscuras pesadillas girando en espera de una lluvia de oro que nunca dejará huellas. Sujetándose de las barandas, bajan, descienden horrorizadas escalones del metropolitano,  hambrientas, dolidas de ser voz rota en la encrucijada impersonal de la nada.

El aire es espeso; la niebla, furor mortal paralizando luces, diseminando estandartes de agitadas mecanografiadas mentiras. Absurdas proclamas nacionalistas, apocalípticas quimeras de cartón-piedra, se anuncia en paredes desvencijadas y turbias.

No hay consuelo, la expresión de los ojos se nubla, el camino es sinuoso y estéril. El día se cierra tembloroso entre chatarras, con míseros secretos dispersos por desbocadas cámaras de teosóficos tramposos vacíos. Enredados entre cementos, hierros y tornillos, van perdiendo la firmeza del error.

Al caer la noche, bridas descontroladas e intangibles, desbocan jamelgos que piafan, ahogando letanías, en desabonadas tierras entre aperos rígidos y tierras yertas. 

Arriba, la luna, un estertor vacío desangrándose.




 OCÉANOS DE LUNA

(Cuaderno  VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.




miércoles, 18 de marzo de 2020

COMPOSICIÓN CON VENTANA



Última novela escrita por Alfonso Blanco









COMPOSICIÓN CON VENTANA



Alfonso Blanco suele deleitarnos cada mañana con suaves y contundentes frases, reflexivamente maduradas. Enunciados o proposiciones escritas que nos llegan, a través de fotografías colmadas de reflejos significativos recogidos en reveladores viajes, como verdades obvias cuando nos las traduce con la magia de escritor dotado de magnetismo, naturalidad, sinceridad, y medida de lo intelectual cercano.

 Alfonso juega (nos decía el otro día que uno de sus autores más decisivos para iniciarse en la escritura fue Julio Cortázar), con curiosidad inagotable, a la rayuela de las palabras. Nos invita a saltar en ella para que avancemos en la acción del juego hacia su final, con una alegría que nos lleve a gozar, hipnotizados, un deslumbrante desarrollo.

Valiéndose de su cámara, en viaje de continua búsqueda, nos describe situaciones a menudo complejas. Aspectos arquitectónicos, monumentales, artísticos; paisajes, rostros, sensaciones, rasgos, perfiles, retazos de vida y camino, que quedan para su historia individual, pero también para aquellos afortunados con los que los comparte a través de un lenguaje claro y exquisito que asombra, claves halladas para determinar el mejor modo de dirigirse al lector. En todo ello hay una descripción de lo que observa, pero también de lo que siente permanente. Cada fotografía queda retenida -o congelada- en una circunstancia –anímica, existencial, estética, cívica– que al ponerle letra reinventa sorprendentemente bien. Esa circunstancia tan precisa, querida-requerida, pareciera que se nos vuelve extraña o sorpresiva en principio, siendo posesionada tras una lectura que nos impulsa a asumirla en oportuna interpretación personal. Como la escritura, las fotografías de Alfonso nos invitan a introducirnos en algo íntimo, donde historia y arte tienen extensa cabida interpretativa. Pero antes de llevarlo al plano personal, hemos de imaginar qué ocurre mientras vamos asumiéndolo, pues al hacerlo es como si, tras un fogonazo de ilusión que con carácter y vigor nos lanzara, pusiera ante nosotros una página en blanco a rellenar con las emociones de sus escritos descubiertas. Ahí el acierto. Ahí el contagio. Ahí la magia de este nigromante de la escritura y del pensamiento.

      Este pequeño escrito, me lo ha sugerido la lectura de “Composición con ventana”, su última novela, que buen dibujo imaginativo traza. La abuela Ralca nos rapta –incluso al propio narrador- por completo, llevándonos a un lugar imaginario para contarnos una singular historia de exilios pocas veces tratada con tanta originalidad como miramiento literario. Eso es posible en todo buen escritor, cuando se pone por escrito esencias de lo que se ha leído, amado, viajado y sentido, como lo hace Alfonso Blanco. La literatura, sin duda que nos hace mejores; en este caso concreto, también. Léanla. Y ojo: el anexo final, no hay que perdérselo de ningún modo. No desvelo nada. Aquí agradecido lo dejo.   


Barcelona, marzo de 2020.
©Teo Revilla Bravo.




  

martes, 17 de marzo de 2020

EL DESENFADO



"Taureau, 1950"  Una de las obras experimentales de  Le Corbusier 







EL DESENFADO


El desenfado de tu rostro
se introdujo, melancólicamente
bello y estimulante, en un boscaje
sensible de profundos afectos
y temblores.

Noto que, elegidos por el deseo,
respiramos izados por el viento
suavemente al unísono;
transparentes como el cristal,
fugitivos a través de claros cielos,
ordenados, perfectos,en vuelo 
ligero desterrando sombras 
en clara luz;juntos, en la tribuna 
de los elegidos, en pos de esa estrella 
que ilumina lo más humano y valioso 
del ser en arraigo de amor posible.

Somos fragmentos armónicos,
tiempo sin tiempo, seres elegidos
en un cósmico imaginario, 
fecundo recogido movimiento, 
centro ferviente que privilegiados 
nos atesora,define,cumple,transforma.


 OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.







viernes, 13 de marzo de 2020

LA POESÍA COMO SENTIMIENTO



 "Safo y Alceo" pintura del neerlandés Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)








LA POESÍA COMO SENTIMIENTO



        En mi afán por hallar sensibilidad, sentimiento, y sentido a la vida, una de las facetas que más me han interesado para lograrlo es sin duda la incursión en la literatura, concretamente en la poesía. Pero no todo aquello que leo ─y leo mucho─ satisface ese reclamo. Con frecuencia tropiezo con poemas que pudieran considerarse de hechura impecable, perfectos en su construcción, consonancia, léxico y ortografía, a veces rubricados por firmas de verdadero prestigio, no olvidemos algunos algo panfletarios del mismo Neruda, de Alberti y de otros muchos dedicados a asuntos políticos por poner ejemplos conocidos aunque no sea ejemplo específico del asunto al que me refiero. Poemas que una vez leídos, apenas si dicen algo que emocione. A menudo tan sólo son poemas cuidadosamente escritos, donde el autor se volcó en medir la métrica al milímetro y en lograr una perfección lo mayor posible pero que al leerlos uno nota que le falta lo sustancial, eso que llega y toca al alma.  Al fallar en lo fundamental, puedes reconocer un buen ejercicio, que tan solo nos ha dejado indiferencia.

La poesía es arte y es sentimiento. Algo íntimo, una forma personal de concebir y vivir la vida. El poeta, al escribir, se compromete con el hombre, le habla con el corazón en la mano, le proporciona campos para hallar o descubrir la propia sensibilidad, le ofrece claves para ver la vida desde un lado sensible y humano. Un buen deseo, un gozo, un sufrimiento, el amor o desamor, una locura hermosa o una paranoia oscura, la denuncia de una injusta situación, lo que fuere, ha de aportar el poema si brota del fondo humano. El poeta ha de creerse lo que cuenta, ha de volcarse en ello con las mejores armas literarias que posea. Y no, no hace falta hallar la perfección que no existe, pues esa supuesta labor, sea métrica y rítmica, blanca o libre, puede ser más un despropósito que un acierto. Lo importante es saber transmitir la emoción de manera penetrante, conveniente y convincente; saber lo qué interesa decir y cómo decirlo; convertir las palabras en arte y entusiasmo, algo que no se aprende en academias ni en supuestos talleres de propagada escritura hoy en boga. Ahí está, precisamente, lo complicado; ahí está, indudablemente, el poeta.

        La realidad de quien escribe ha de nutrirse de sentimiento; éste ha de ser escrito en el bloc del corazón, para que sea leído fuera. Al igual que en pintura donde unos trazos aparentemente manchados de color son capaces de contar lo que el alma del artista quiere decir, en poesía no se necesita artilugios ni malabarismos retóricos para hacer algo hermoso y convincente, agrandado si quien lo lee sufre el contagio de la emoción, algo que veces se consigue tras varias lecturas pues es esencial saber qué quiso decir el autor, qué sentimientos pretendió plasmar al escribirlo, qué evoca. El poema, como  en todo arte, queda abierto a interpretaciones personales, es otro de sus  fines. Para llegar a dominar el arte poético, se ha de leer con atención, se ha de indagar en lo leído. Donde habita el genio, habita el arte; donde habita el sentimiento, habita la poesía.


        Barcelona. ─Enero de 2016.
        ©Teo Revilla Bravo. 









miércoles, 11 de marzo de 2020

EL LENGUAJE LITERARIO




La mujer en la escritura. Una reivindicación permanente.







EL LENGUAJE LITERARIO


El lenguaje literario –analogía entre silencio y soledad-, con su multiplicidad de redes asociativas, ha de ser vitalista, vibrante, fluctuante, de sólida reflexión y gran precisión. Los contornos de los pensamientos tienen que ser lo más acertadamente definidos y con el mayor atrevimiento posible, de tal forma que delimiten los espacios emocionales, dando placer a lo escrito a través de textos sugestivos, vibrantes, reflexionados y bien estructurados. El poeta –su memoria, su complicidad con el tiempo-  ha de entregarse implicado y tierno, desde su particular solitario viaje, absolutamente al poema, de tal manera que el lector halle una exhaustiva indagación en los contenidos, un enlace fluido y enriquecedor que forme la metáfora simbiótica ideal entre obra y receptor, impugnando cualquier propensión que intente mostrar la obra únicamente como un ligado de leyes internas propias. El poeta ha de saber distanciarse de toda diligencia, pues la escritura no puede permanecer ajena a ningún aspecto de la condición humana, siendo, desde una perspectiva innovadora, nítida y transparente, con la abstracción debida y la facultad descriptiva seductora funcionando con naturalidad; eso sí: desde un estado de alerta permanente.

Sobriedad y sutileza. Límpido goce estético. Literatura  de ritmos, de colores, de formas, de tejidos, de múltiples sonoridades con los que formar los versos. Hay que saber hallar ámbitos adecuados para la conjunción formal de lo bello, vínculos emergentes en el alma que sólo la emoción y la sensibilidad, a través de la libertad creadora pueden propiciar, contribuyendo con ello al logro de un bien general.


Barcelona.-2012. 
©Teo Revilla Bravo.



martes, 10 de marzo de 2020

RECORDANDO A JUAN GOYTISOLO



El escritor español Juan Goytisolo (1931-2017), en la portada del segundo volumen de sus Obras completas: Narrativa y relatos de viaje (1959-1965), en Galaxia Gutenberg.









RECORDANDO A JUAN GOYTISOLO


Siempre me gustó este escritor intuitivo, diferente, comprometido, defensor hasta sus últimos días de la lengua como signo de libertad, sin concesiones a la galería y a las modas. Escribiendo sin aspavientos, con humildad y mucha clarividencia, esa que deja pasos bien dados y aprendidos, huellas imperecederas, acertó a dejarnos obras relevantes. Siempre me gustó, sí, este hombre sensible y desubicado, cuya lectura primera descubrí allá por los años setenta, asumiéndola como sorpresiva experiencia (radicalmente innovadora) en la literatura castellana contemporánea que se escribía por aquellos años. Juan Goytisolo fue un andante peregrino que fue recogiendo palabras como entusiasta colegial, aún a sabiendas de que desaparecerían como lo han hecho tantas otras en el tiempo, las suyas quizás con la misma muerte, inevitables destinos y cambios que se producen en toda lengua.

Es resbaladizo opinar sobre un escritor y su obra sin el beneficio de la perspectiva que nos conceden las mareas del tiempo, porque es fácil caer en el entusiasmo tras lo leído llevados por el pulso de la admiración hacia el hombre. Pero no creo equivocarme al decir que Juan Goytisolo permanecerá en las páginas sacras de nuestra mejor literatura, como una mirada lúcida y renovadora de las mismas, aun habiendo sido voluntarioso exiliado huyendo de fanatismos, galardones y prebendas.  Juan Goytisolo personifica, como pocos, el genio literario, la figura del intelectual comprometido dispuesto a condenar las actitudes reaccionarias e inflexibles, como el nacionalismo separatista que suele llevar el  burdo y peligroso disfraz del adoctrinamiento sectario cuando no también el de la ignorancia. Quizás por eso el tema de la inmigración -riqueza de diversidad-, así como las preocupaciones por las actitudes, los prejuicios xenófobos y el control de las minorías, ha sido una constante denuncia en su obra, tanto en su creación literaria más personal como la de articulista crítico con su tiempo.

Juan Goytisolo es un narrador que fue formulando, libro a libro, una nueva propuesta moral y proposición estética, planteadas con el más decidido propósito de barrenar en la escritura el soporte del lenguaje dominante, a menudo rancio y represivo.


Barcelona. Marzo del 2020. 
©Teo Revilla Bravo.
  




jueves, 5 de marzo de 2020

PALABRAS, MEMORIAS…




"Sobre la ciudad", obra de Marc Chagall 1924.

Una pequeña ciudad rusa de pequeños cobertizos y unifamiliares casas, y una pareja que la sobrevuela enamorada flotando en el cielo, forman esta poética y cálida pintura donde la mano del hombre se posa suavemente sobre el pecho de la mujer como evitando que ésta caiga. Quizás se trate de un rapto apasionado, del reflejo de un sueño mágico donde el pintor nos invita a refugiarnos para flotar en la levedad y no sentirnos desamparados...








PALABRAS, MEMORIAS…


Con fraternal abrazo te contengo,
 me contengo:
                     expresando palabras
íntimas que absortos nos unen
en un mismo aliento.
Me descubro –murmullos de sol
y canto, súbito destello-
compañero, en  tus brazos alojado.

Apreté el paso. Marché decidido
por angostos y extensos caminos
intentando salir a las verdes veredas
donde olvidar el llanto y convertirlo,
a tu lado, dueños de la luz y de la tierra,
en un blues de animado entusiasmo.
              
Nada es lo mismo:
                             trashumantes
por el vasto mundo,
huída la noche de la soledad,
vamos ganando espacio al día
en el que el sol comienza -fulgentes
clarines- a brillar de verdad
rebelándonos, con ojos encandilados
– melodioso, saxo- en  libre adhesión,
nítidos y claros.  


OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.










miércoles, 4 de marzo de 2020

MEMORIA HISTÓRICA



"Retrato de Jaime Sabartes",  poeta barcelonés Pintado por Pablo Picasso en 1939. 









MEMORIA HISTÓRICA


Memoria histórica. Creación viva. Campo emocional. Sin poesía, es difícil contemplar un futuro de humanidad y desarrollo estable, una preocupación estética por sentir la armónica salud de las colectividades, aun sabiendo que la poesía se escribe desde el exilio, pues todo buen poeta se siente de alguna forma desterrado,  incomprendido, olvidado, a veces rechazado o represaliado, de ahí su persuasión hacia la elaboración del poema que exprese el dolor del alma o la rabia vital que con frecuencia siente. El poeta es, o siente ser, un hombre exiliado, transgresor, ubicuo, inadaptado en muchos aspectos a la conformidad generalizada; un ser que necesita transformar y cambiar lo que no tolera su alma, haciéndolo con el manejo del mundo de los símbolos.

El poeta ha de hacer ver aquello que le duele, que le chirría en el ánimo, que le desvela, que siente injusto. En ese sentido es, debe de ser, apátrida en el término más genérico de la palabra, un ser errante y universal que no puede verse sometido, acorralado y condicionado, por los encorsetados intereses políticos que estrechan y amilanan conciencias. , El poeta reclama para sí la labor universal de unir y hermanar, en el concierto de las libertades, aquello donde el ser humano es más genuino sin contaminantes culturales preestablecidos. Ha de estar donde arranca la noticia, donde se produce el efecto-afecto, donde se le agranda la sensibilidad. Por eso en toda contienda nacionalista, si no son captados o cobardemente sometidos a unos fines de poder, son la base del exilio, cuando no mártires de un despotismo vil.

Nunca gustó la sinceridad tornada en verso, lugar selecto para la palabra consecuente, viva, profunda y libre. El poeta ha de observar fidelidad propia, mediante la reflexión sobre sus sentimientos más altruistas haciéndolos expandir como reflejo vivo de sus inquietudes más urgentes. Haciéndolo poniendo en ello cierta ironía trasgresora consciente y consecuentemente sensibilizadora, que señale una identidad autónoma a través de la imagen e independencia de la palabra escrita. Así nace el verso. Así se va formando el poema, el poemario, quedando plasmando el desarrollo básico de lo que anida en su interior. Una poesía que ha de ser -digan lo que digan- intensa, auténtica, propia, velada y trabajada como se trabaja cualquier obra de arte; obra fluida, rica en expresividad musical, donde se insinúe con fuerza la belleza, y los sentidos alcancen la cohesión del sentimiento artístico más amplio. La poesía ha de convencer y seducir. Ha de desarrollar la magia del sentimiento, encontrando en el poema la justa medida de plenitud connotativa y de tensión vital. Por llamarlo de alguna forma, ha de asediar u hostigar -desde sus silencios reveladores- involucrándose en los procedimientos lingüísticos, dominios que muy pocos escritores se atreven a administrar siendo la base de la integridad y de la inteligencia, del avance de todo buen escritor, y por ende del lenguaje mismo al producir relaciones magnánimas entre lector y escritura. Así se  establece la corriente que acaricia la exaltación, la indagación, el progreso.


Barcelona 2012. 
©Teo Revilla Bravo.