"Paisaje al atardecer" Obra de Vincent van Gogh
AL ANOCHECER
Al anochecer, cuando la luz borra contornos
y la sombra restriega nebulosas partículas
por los opacos cristales de la habitación,
la diosa del amor, con ojos de azogue,
ilumina el melodioso trayecto de la luz
que atempera la fragosa flema que reflejan
los chispeantes desvelos de la pasión.
Se mueven en el exterior las hojas
como aleves caricias revoloteando por el aire
a través de las frondas y tejidos que confeccionan
afanosas las arañas en las ruinosas piedras
inundadas de te quieros grafitis.
Mientras todo duerme en apariencia,
entristecido por sombras y oscuridades,
veo cómo una tornadiza luna blanca
asoma salpicando de huellas táctiles,
besos y caricias, amparando a los abandonados
cuerpos del amor, de la placencia y del deseo.
Desde lo profundo de la natura emerge,
una vez más, persistente entre susurros,
el ceremonioso ritual de la vida,
savia amagada, hambrienta de humus,
poniendo énfasis en cada yema fecunda
de las hojas, entre los suspiros que dispersa
febril el viento o entre los mismos pimpollos
a punto de incendiarse, transfigurando
en asombro la recién llegada de la primavera.
DESDE EL FONDO
Cuaderno V. 1978 - 1980
© Teo Revilla Bravo.
Al anochecer, cuando la luz borra contornos
y la sombra restriega nebulosas partículas
por los opacos cristales de la habitación,
la diosa del amor, con ojos de azogue,
ilumina el melodioso trayecto de la luz
que atempera la fragosa flema que reflejan
los chispeantes desvelos de la pasión.
Se mueven en el exterior las hojas
como aleves caricias revoloteando por el aire
a través de las frondas y tejidos que confeccionan
afanosas las arañas en las ruinosas piedras
inundadas de te quieros grafitis.
Mientras todo duerme en apariencia,
entristecido por sombras y oscuridades,
veo cómo una tornadiza luna blanca
asoma salpicando de huellas táctiles,
besos y caricias, amparando a los abandonados
cuerpos del amor, de la placencia y del deseo.
Desde lo profundo de la natura emerge,
una vez más, persistente entre susurros,
el ceremonioso ritual de la vida,
savia amagada, hambrienta de humus,
poniendo énfasis en cada yema fecunda
de las hojas, entre los suspiros que dispersa
febril el viento o entre los mismos pimpollos
a punto de incendiarse, transfigurando
en asombro la recién llegada de la primavera.
DESDE EL FONDO
Cuaderno V. 1978 - 1980
© Teo Revilla Bravo.
