Al borde de la locura general,
dónde van, de dónde vienen,
dónde se ganan, dónde se pierden
con o sin alicientes queriéndose
o no queriéndose las ilusiones...
Quizás intenten realizar un acto
de amor en medio de la tormenta
que se ceba con la ceguera bruta
de la noche que anonada almas,
violenta corazones, barre fantasías,
siembra temblores...
Para no ver cómo lloran las flores
ni se afligen las nubes y no ver
cómo sin esperanzas no se puede
gozar ni vivir este turbio mundo,
para no ver cómo vuelan las aves
desde sus alcores desiertos hacia
infinitos pairados de papel y espuma,
cierro puertas y ventanas sintiendo
cómo se pierde el eco de la música,
cómo la luz de la estrella que brillaba
lejana se apaga; lo hago sabiendo
que no queda futuro que cumplir,
que duele el alma, que la vida es
la práctica de un engaño engarzado
tozudamente en la garganta.
No obstante, mientras sienta que tú
existes, mientras la vista se extienda
más allá de valles y montañas
iluminada de colores o escondida
entre sombras en leve rumor de luces
y brisas, mientras me lo permita
la vida, engaño o no engaño, amor,
seguiré avanzando por la trémula
ternura de tu alborotada mirada.
Cuaderno XVIII (2013- 2014)
