John Keats fue un poeta romántico inglés. Nació el 31 de octubre de 1795 en la ciudad de Londres, y murió muy joven en Roma el 23 de febrero de 1821.
UNA BREVE INVITACIÓN
A LEER A JOHN KEATS
Trascurridos unos doscientos años del nacimiento del extraordinario poeta
que fue John Keats, resulta
chocante que casi nada ni nadie, al menos en España, reconozca su efímera
existencia llena de talento sabiendo como se sabe que es uno de los más grandes e interesantes
poetas que nos ha dado la historia de la literatura. Quizás sea culpa de la falta de una traducción exigente y brillante, que nos acerque íntimamente a su
alma de escritor y nos involucre en ella influyéndonos para bien a todos los
que amamos substancialmente la poesía. Esta falta de buenas traducciones, es un
déficit que tenemos con los escritores de habla no hispana como la inglesa, y también con los de otras lenguas en general. Faltan buenos traductores.
Quizás porque es una labor compleja y difícil, ya que cuesta –al menos en mi
caso como lector- llegar al detalle íntimo de un poema cuando está escrito en
lengua foránea y saber dar constancia fidedigna de lo hallado. En el caso de Keats, alcanzar a sentir esa entidad lírica tan específica,
poder centrar la mirada y el aliento en el romanticismo brillante y
esplendoroso que supo dejar, lograr leer apasionadamente su versátil y original
manera de presentar la poesía y sentirla con intensidad, se hace necesario.
La obra de Keats se sitúa más allá del romanticismo. Este movimiento no se
ajustaba del todo a su gran altura de poeta. Keats logró ser, dentro de su
generación, un creador singular que fue más allá del movimiento asignado y sus confluencias,
ya que por muchos motivos se le considera más realista que romántico por algunos de sus estudiosos, al poseer, al recrearse y cargarse de
imaginación y melancolía -a veces de manera exuberante y desmedida- con objetos y paisajes de
la realidad, logrando así obtener una concepción intelectual del hecho poético muy especial. Estos aspectos
centraron sus energías literarias, haciéndole entrar en fuertes contradicciones
al intentar ensamblar, en su joven alma, estados de ánimos contrapuestos: le apasionaba experimentar
con las palabras y giros poéticos, queriendo con ello aunar sensaciones y pensamientos
en una especie de éxtasis lírico, experiencia cultural que le llevaría a hacer
de su poesía el centro radial de su obra literaria.
Dejo aquí un soneto titulado “El
poeta”, en la traducción del profesor y escritor Alejandro Valero, año 1995, que deja entrever
bastante bien lo expuesto modestamente en líneas anteriores.
Durante
la mañana, la tarde o por la noche
el
poeta penetra en el aire encantado
llevando
un talismán que llame a los espíritus
de
plantas, cuevas, rocas y fuentes. A su vista
la
vaina de las cosas se abren hasta su seno,
y
todas las esencias secretas que hay allí
muestran
los elementos de bondad y belleza,
haciéndola
ver donde la Razón está a oscuras.
A
veces, con las alas asombrosas, su espíritu
vuela
sobre las cosas compactas y palpables
de
esta esfera diurna, y con sus destinados
cielos
realiza uniones prematuras y místicas,
hasta
que esos contactos sobrehumanos emiten
una
aureola visible en su inmortal cabeza.
Barcelona,
septiembre de 2019
©Teo
Revilla Bravo.
