DEBO DECIRTE
Enunciado el sentir en el espejo que devuelve
la propia imagen, mirar atrás, recoger
sedimentos, aciertos y errores de un ayer
enmarañado en vanos recuerdos.
Uno pretende deshacerse del orgullo de estar solo,
de ir en contra de todo, desheredado y exigente;
deshacerse de tanto daño, de tanto hueco
no cumplimentado, de tanta mortaja estúpida
y alegórica cubriendo la cabeza de la tristeza.
Debo decirte, amor, que estamos aquí,
que te hablo aunque esto parezca un soliloquio
-enjuiciamiento meditativo, circundadas ojeras-
inútil, enrevesado en malogrados versos
compuestos en un intento de que no se gangrene
en inutilidad el alma.
Lo digo caminando hacia delante consciente
de que nos aguarda el resplandor de la razón,
un futuro en marcha que nos haga aprender
la lección de saber convertir tanta futilidad
de oscura arteria, en andadura y sana armonía
que rubrique -amplio horizonte de espigas-
el deseado entusiasmo, umbral resplandeciente
de pretendida felicidad.
Océanos de luna”
(Cuaderno VIII. (1984-1987)
©Teo Revilla Bravo.
