ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

Mostrando entradas con la etiqueta NOMINAR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NOMINAR. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de diciembre de 2022

NOMINAR

 

 

"Antigua máquina de escribir" Obra de Manuel Domínguez  Velázquez de Castro




NOMINAR


    Lo primero que se me viene a la mente al dar comienzo a un escrito es la palabra  “nominar”, pues equivale a insuflarle vida a la voz que surge ante el papel. Nominar es alumbrar, dar nombre, encender, hacer que poemas y escritos comiencen a ser versos, frases, escritos, ojalá que de saludables hallazgos.

    La escritura es parte importante de la vida; a veces, según en quién, sustancial. Y lo es desde que se inició el primer impulso de dejar constancia, vía símbolos, de aquello que aquejaba, inquietaba, emocionaba o beneficiaba al hombre en la  más honda antigüedad. Había que darle palabra, nominarla o denominarla. Apareció de este modo la figura del intérprete y con él la del contador y la del escuchante, voces y voluntades que al entrecruzarse iban  dejando constancia del hecho a reseñar y recordar. De este modo llega la afición a escribir, y nominar se convierte en algo fundamental al ser el primer paso para entender lo que nos rodea y darle explicación. Escribimos para saber comunicarnos, pero sobre todo para aprender a vivir, a comprender y metamorfosear el propio pensamiento, a tener voz propia, la de cada uno, esa voz que luego se pierde en la percepción del que lee o escucha diluyéndose favorablemente y aparentemente en el canal de las emociones.

    Para saber comunicar, contar o nominar, tenemos que lograr conformar una voz que se asemeje lo más posible a la concepción que se tiene de la literatura. La poesía es el primer signo de personalidad reconocible, una forma de hacer que le pertenece a quién la escribe  siendo sin lugar a dudas símbolo de libertad si está por encima de individualismos, de escuelas, de editoriales y de intereses económicos. Hay que escribir y manifestarse sin complejos. No teniendo miedo —como todo en arte— a ser rupturistas aprendiendo a olvidarnos de cánones y modas consideradas tradicionales, en boga o de tremenda actualidad, a menudo humo que se lleva el viento. La poesía nace del alma atemporal. Solo hay que traducirla —nominarla— en palabras buscando la belleza que conlleva la nobleza del escritor que sabe alejarla de lugares comunes y zonas de confort.

 

Barcelona, diciembre del 2022 

©Teo Revilla Bravo