ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

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martes, 31 de marzo de 2020

ESCRIBIR COMO PASIÓN


Retrato de Miguel de Unamuno por  Joaquín Sorolla. 










ESCRIBIR COMO PASIÓN

Alguien dijo: Recuperar la inconsciencia es el sueño de todo escritor.


Mi pasión es escribir. Pintar también, pero sobre todo escribir e ir de este modo raspando, como pueda, el fondo del alma. Escribir es ejercer una especie de sacerdocio o compromiso con uno mismo. Si le dedico tiempo, es porque me sienta bien, no porque crea ser sacerdote ligado a doctrina, culto o ritual alguno. Ni siquiera puedo decir que soy escritor en el sentido amplio de la palabra. Quizás sí un escribidor de poemas y diarios que se ha metido, ocasionalmente, a intentar lograr alguna novela imposible, y algún ensayo no menos imposible, todo ello y en cualquier caso con muchísima prudencia y con la idea de poder esclarecer, en lo posible, mi relación con la vida. Me considero también, en esto de las artes, melómano, lector empedernido, aficionado a la fotografía y al cine, coleccionista de libros, obras pictóricas, y de todo tipo de emociones que el arte pueda ofrecer.

Dentro de este contexto general, la escritura se convierte, como decía, en un proceso de esclarecimiento formal, dentro lógicamente de determinados términos sean éstos heredados o los que el mismo lenguaje impone. En todo caso, un desahogo importante donde las reglas resultan irrelevantes para  poder hallar aspectos de mí mismo que antes no había contemplado. Estructura y esencia. Disposición de palabras y significados. Que trascienda. Que lo escrito se haga viejo en mí y en quien ocasionalmente lo leyere. Hallar un fin que pueda darle sentido a la existencia lo más abierto y veraz posible. Y eso es solamente aceptable, cuando te inspiras en lo que has vivido, viajado, amado, sufrido o gozado. Todo sentimiento es literatura si contribuye a hacernos mejores personas. Pero esto lo sabemos después, cuando hacemos visible y revelado lo desconocido. Jung lo decía:”Mientras nos encontremos inmersos en el proceso creativo, no vemos ni comprendemos, y de hecho no debemos comprender, pues nada perjudica más la experiencia inmediata que el conocimiento”. Regresa el filósofo, a lo que ya nos había enunciado con rotundidad muchísimos siglos antes Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Y es que casi todo lo que encontramos y escribimos, surge de un accidente, de una transformación oculta, de algo que hemos de esclarecer. 


Barcelona. Marzo de 2020. 
©Teo Revilla Bravo.