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Barcelona. Abril de 2019.
«La atmósfera norteña, los colores del campo, los bosques y la sierra, la naturaleza siempre esplendorosa de los contornos cántabros y palentinos, unido al ambiente especial generado en la cuenca minera barruelana con sus vidas marcadas por la cercanía de la muerte, la angustia y la esperanza, hicieron brotar en mí el sentimiento y la sensibilidad que muy temprano me llevaron a la poesía y a la pintura, así como a toda forma de arte, pábulos de expresión y vida»
INSTANTE INFINITO
No hay término medio
para un momento cruel que trascurre
impasible disolviéndose en el aire
como pérdida de fulgores.
Me matan los agujeros tiranos
y absurdos que va dejando la moche
—incierta, confusa, pálida—
que silenciosa sin dejar huella
atisba, incide, abate.
¿Dónde el instante infinito
de absoluto sosiego?
Se perpetúa el tiempo invitando
a la suavidad de sentir la vida
—huida sin fin—desde
la clara levedad de la misma
hacia el iluso anhelo de permanecer.
Lágrimas circulando por cielos
imaginarios se deshacen hundidas
en sueños que no llevan a ninguna
parte. Nos afanamos por ser
—suspiros de muertos—pequeños
dioses, aunque sepamos que no es así;
lo hacemos por morir un poco más tarde
que el otro; por sentir la eternidad
febril subida a la frente —individuos
de paja— galopar sobre la extensa
vacuidad de la nada.
Una nada encerrada entre años
y huesos que va atascando confusas
miasmas de desaliento atrapándolas
en la gran cloaca —exímaseme
lo antedicho— de la realidad de ser.
Presencia callada.
Ley genuina que se mueve
entre la suavidad y el fuego,
rostro que tiembla.
Verdad descubriéndose
apasionada a la luz de otra luz,
mirada que provoca
estremecimiento y belleza.
¿Qué importa todo lo demás
si en común vínculo está ante mí
desvaneciendo fronteras,
moviéndome el corazón,
perforándome sol a sol el alma
en deslumbrante vertical transito,
bella acrobática fijeza,
mágica pirueta canalizada
hacia los ojos absortos del amor?
Reclamos.
Hilos de luz.
Magnificencia.
Plenitud.
La noche se pasea en torno al claror
solar de la luna. Apacible, clara, leve,
mariposa de serenidad que va dejando
huellas de besos dormidos, memoria,
recuerdos, belleza de un rostro admirado.
Amorosas sorpresas, palabras ocultas
creciendo lentas para resbalar sin miedo
—instante de plenitud—por las airosas
juntas de los dedos.
Poemas callados que ocultan,
a la espera de ser revelados,
inadvertencias caídas en aparente
olvido; poemas gratamente alterados,
nacidos al vuelo gravitacional del momento,
que van extendiéndose oportunos
formando—pájaros volanderos—
la hoja de ruta donde expectante
de palabras y voces gramaticales
secan lágrimas verso a verso
entre ritmos de febriles aventuras.
Quiero, inspiración, que habites
conmigo deshaciendo precipicios
donde cae el espíritu con frecuencia;
que ambos, sujetos a las pertinaces
islas del mar de los abandonos,
en un borbotón de templados sueños,
libres, en espacios sin fronteras,
movamos el corazón en la plenitud
de un eternal instante.
El toque de tu piel
hace hervir la sangre,
provoca al rozarse con la mía
alborotado deleite,
se abre—espacios de luz—
a un triunfal universo.
Grande, afortunado
hálito. Máxima hoguera
interior propagándose
entre dos, claros síntomas
de estar flotando sin límites
en lo más luminoso.
Milagro del querer.
Más allá de este sueño
perdemos la memoria,
tiempo sin dolor abierto,
hechicero, perfecto;
nos aleja de lo que duele,
se detiene en ambos
abriéndonos el alma
a la dicha iluminada
—feliz infinitud— del amor.