ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

jueves, 17 de diciembre de 2020

EL POETA



Antonio Machado retratado por Joaquín Sorolla en el año 1918. Se lo regaló al poeta como un poema personal del pintor.





EL POETA

 

        El poeta se oculta en las cosas que percibe. El mundo es al mismo tiempo muchas cosas y la identidad de cada una de ellas participa activamente de las otras o son consecuencia. Hay que aprender a conjugar la lírica que habla del sentimiento, con aquello que se intenta describir del alrededor compartido o del mundo interior propio, el tiempo dictará su juicio al leer la manera de cantar la unicidad del mundo visible de cada quién. El poeta no construye poemas: siente el poema mientras éste se crea siendo presencia, esperanza y vigencia de la palabra. El poeta orienta su alma hacia el misterio en su viaje hacia el centro del sentimiento, revelando obsesiones, ensueños, duermevelas, desaciertos, pasiones.Cerrando los ojos, dejando que de la memoria brote lo inusual mágico, lo bello y misterioso, la intensidad emocional, la pureza y silencio formal del viaje interior que va tornándose en reflexión, meditación,  poema.

         La poesía, con esa sencillez que emociona, va de dentro afuera, del alma al exterior. El que ama el sentido de universalidad no caerá nunca en la visión parcial y nacionalista constreñidora de la realidad, pues la palabra poética no puede ser sectaria ni excluyente; no sabe de fronteras, pues representa lo mejor del humanismo al extenderse en pos del rescate de la realidad profunda en un intento por cruzar lo impenetrable, punto donde el alma se fusiona con el universo. Se escribe poesía para aprender a ser y estar en el mundo en plenitud de ser. Qué bien lo sabía Tagore cuando nos decía que “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos.”


Barcelona, diciembre del 2020.

©Teo Revilla Bravo





domingo, 13 de diciembre de 2020

SER ESCRITOR

 



"La agonía de la creación" Obra de Leonid Pasternak, pintor posimpresionista padre del gran escritor Boris Pasternak





SER ESCRITOR


        Vocación, tenacidad, entusiasmo. Ver y sentir con mucho arresto, mirada axiomática y sentido crítico, cómo se escribe y para quién se escribe, redactando sin faltas de ortografía ni errores de puntuación graves. Y dejarse inundar por un humor secreto, personal, oculto y exquisito, que se deje traslucir en las letras con fina ironía y sutileza. El escritor ha de lograr, ante todo y sobre todo, un estilo fluido y eficaz, poniendo especial ahínco en cómo cuenta aquello que desea expresar seleccionando cuidadosamente el elemento o tema, de tal manera que llegue preciso, pleno de ideas e imaginaciones, a la conciencia lectora, siendo capaz de hacer que lo escrito aparezca como una suave brisa acariciadora que se impulsa vehemente entregada. ¿Cómo? Entre otros factores con un estilo claro y personal, favorecido por las proverbiales metáforas que hacen posible la formación de bellos atributos. Los que toda expresión literaria ha de tener sin que el posible lector, absorto en lo que se le cuenta, lo note como exceso. Por tanto, lo principal que ha de tener todo aquel que desea ponerse a  contar algo mediante la escritura, es hallar ese modo conveniente que lo defina e identifique, que le de seguridad y equilibrio, esa voz inequívoca esencial en el mundo del arte en general ya que es,  junto a las cualidades intrínsecas del manejo lingüístico y gramatical adquirido, el objetivo prioritario.

        El escritor ha de ilusionar e interesar o fracasará. Ha de lograr maravillar, sabiendo mantener la atención creando proposiciones y mundos atrevidos, originales y atractivos, a la vez que va perfeccionando el esfuerzo en el trabajo y el poder de inventiva, cualidades capaces de generar riqueza y aciertos, algo esencial en quien desee trasmitir registros artísticos que ayuden a introducir sensibles, hábiles y novedosas aportaciones, al universo literario.

       Escribir es como pintar un bello cuadro. La narración ha de poseer justa dosificación y buen temple, reflejando pasiones, esperanzas, ilusiones, amores, todo lo que resulte inquietante como la injusticia incrustada en casi todos los compendios sociales que nos rodean. Esto que no es como sabemos nada fácil de lograr, se consigue a través del atrevimiento y la constancia, con el tesón necesario que lleve a lograr  contención y prudencia como normas básicas.

      Hay que corregir el propio estilo, realizar retoques, dar el valor adecuado a cada línea, de tal manera que se limen malezas y vicios fáciles de adquirir cuando estamos cegados por la ilusión y el imparable pálpito aventurero que toda ansiedad artística provoca. La obra literaria o artística en general, no acaba nunca de realizarse por completo aún dándola por acabada.  

        A través de la escritura, nos ejercitarnos en una tarea de investigación extraída del contexto en que existimos. Vamos labrándola, puliéndola, explicándola. El esfuerzo puesto en ello va indicando el grado de sensibilidad que poseemos, mientras sentimos la dicha de poder describir el amor o el odio por ejemplo. Escribir lo visible y lo que está oculto. La ternura intuida en una mirada, la tristeza en unos ojos… Por supuesto que en el camino de perfeccionamiento de la obra, al cuestionar uno la realidad que vive, surgen aprietos, dudas, desazones e inevitables conflictos personales. También la observancia, el estudio y todo aquello que se pretende decir y no se logra expresar con el ímpetu y la certeza que uno, empecinado y porfiado en dejar constancia, quisiera.

    Olvidarse de los delirios de grandeza, es esencial; ser humildes, adaptables, sencillos, flexibles, trabajadores; aparcar en lo posible el ego y luchar por lograr los sueños literarios con tesón, es algo necesario si queremos obtener progresos como personas y escritores.

 

Barcelona.-2013.

©Teo Revilla Bravo.






viernes, 11 de diciembre de 2020

ÍMPETU


                   "Paisaje azul" Obra de Marc Chagall.                               





ÍMPETU

 

 

Ímpetu de tu cuerpo alejándose

con cada paso dado de la realidad;

tránsito hacia las pequeñas partículas

de felicidad que ofrece el nuevo día.

 

Tu fuerza, tu gracia que sonríe al aire,

te lanzan a la defensa de conquistas

oportunas. Elevación o progreso evolutivo

permutándote a cada instante abierta

como estás a esferas protectoras.

 

Tus ojos gravitan serenos cuando llegan

a la ciudad y entregas el salvoconducto

de los bienes conseguidos:

                                         has arribado

segura a tu estrella.

 

Así la vida:

ritmo, camino, parada, fonda.

En última instancia, tránsito hacia

estelares confines de ensueños y defensas.

 

Libera energías, amor,

que desde los álamos temblorosos

de Cantabria vengo a tus claridades.

Deseo hallar,

prendido del sol de tus palabras,

la clave del misterio. 

 

Un golpe -dorado hilo sutil

de luz- entra sigiloso por la ventana...



OCÉANOS DE LUNA

(Cuaderno  VIII. (1984-1987) 

©Teo Revilla Bravo.  






EL LABERINTO

 




Laberinto. Obra abstracta del pintor francés Mathi Design. 





EL LABERINTO

 

        Los laberintos se han creado, más que para intentar hallar escapatoria y salir de ellos, para perdernos dentro de sus complejos caminos y dar vueltas sin fin por los mismos. El mayor laberinto es el que habitamos, el que se desarrolla dentro de nosotros mismos. Cuando somos conscientes de que estamos presos de ese particular enredo, pretendemos salir de la intrincada red de sensaciones y cavilaciones imposibles de resolver. La salida no es la solución. Ésta se halla en la búsqueda misma, en el hecho de sumergirnos dentro de lo más enrevesado de nosotros mismos para intentar esclarecer los problemas que ocasiona la vida misma alejando los fantasmas que nublan la voluntad. Si procuramos salir del laberinto, estaremos caminando por la inmensidad de nuestro mundo, ese misterioso libro abierto para el poeta sufí. Pero el destino, de nacimiento a muerte, es el intento mismo, la experimentación, la búsqueda incesante de soluciones a nuestras preguntas, es la infinitud.

          No todos vamos tras el mismo destino, aún caminando por el mismo sendero por donde pasan o han pasado otros. Nuestro destino es diferente porque somos seres únicos. Los otros muestran, motivan o son apariencias tras las que se esconden realidades de las que puede ser que aprendamos de logros y miserias, conscientes de que no siempre lo mostrado es lo certero aunque sea verdad indiscutible para otros. Vivimos en el mundo de las paradojas y apariencias,  de algo interesante o no que no tiene porqué ser insufrible ni lo contrario.

            Un día me pregunté que era lo que le atraía tanto leer a Miguel de Unamuno, a un buen amigo inmerso en búsquedas existenciales  y  no supo contestarme algo convincente, así que traté de leer todo lo que cayó en mis manos del escritor y pensador vasco en un intento por hallar la propia respuesta, cayendo en la cuenta de que no es otra que el sentimiento frustrante que aparece al luchar por la vida cuando uno se sabe de antemano derrotado, aún enarbolando instantes de dicha y alegría en un intento por hacerle frente a la tristeza, la soledad, la meditación y al encierro, aspectos que parecieran estar invadiendo y tensionando constantemente por unas cosas o por otras el ánimo. Quizás ese encierro en el laberinto sea una forma de purgar el pecado de la megalomanía y del delirio, tentativa de redención -mea culpa- de los propios pecados a la vez que un afán por reencontrarme conmigo mismo.  Así logré olvidar las preocupaciones del amigo y lo que me llevó a leer, hace ya tanto tiempo, al sufrido Unamuno y su sentimiento trágico de la vida.

             La gran verdad es que del laberinto no se sale, se le habita.   


Barcelona, diciembre del 2020.

©Teo Revilla Bravo.  



martes, 8 de diciembre de 2020

LA PALABRA, ESENCIA VIVA DEL SER HUMANO

    


"El Orador" Obra del pintor barcelonés Martin ley Urssing 




LA PALABRA, ESENCIA VIVA DEL SER HUMANO

 

        Todos sabemos lo esencial que son las palabras en nuestras vidas como vital trasmisión de padres a hijos. Llegan como señal deslumbrante e imparable, necesaria contraseña de una evolución que determina el lado más humano e impactante del ser humano. Todos conocemos su importancia esencial como elemento de comunicación, fundamental e imprescindible ya sea en su forma oral o escrita. Sabemos también que hay palabras que nacen y se afianzan en nosotros, mientras que otras -por falta de uso y desmemoria- se pierden ante la dejadez o la incapacidad para reactivarlas quedando arrinconadas en el habla de pueblos alejados donde poco a poco pasado un tiempo acaban muriendo.

        Sin las palabras no seríamos nada importante como concepto de comprensión e inteligencia, ya que forman la esencia de nuestras propias almas, así como la base anímica donde se asientan y canalizan pueblos y civilizaciones. Tenemos un buen ejemplo cuando nos detenemos en tratados de historia o antiguos alfabetos como el sánscrito, el arameo, el hebreo, viendo cómo son fuentes de potestad en sí mismos ya que crearon las bases que favorecieron la manifestación del pensamiento, de la emoción, del sentimiento, de la sensibilidad, de la poesía y de creencias religiosas. Las palabras se nos adelantan, nos bailan, nos cubren y enlazan, nos apaciguan o aletean, se meten dentro de uno, recorren la memoria y todo el soporte espiritual, alentando sensaciones que nos ayudan a comunicarnos con los otros. Hacen posible el amor, el entendimiento y a veces también el desencuentro, la traición o el engaño. Las palabras más que elegirlas, nos eligen;  llegan claras o confusas, felices o complicadas, tiernas o severas. Están ahí para proporcionarnos, con el mismo progreso, la personalidad debida y el encaje necesario en la sociedad.

        Las palabras, tanto en su forma oral como escrita, una a una o en conjunto, nos conmueven de alguna forma por la expresividad y riqueza de los sonidos que desprenden. Son retumbos relampagueantes hermosos, pero también malsonantes, dependiendo del estado emocional que atraviese el sujeto que las pronuncia. Sabemos que en las culturas del antiguo Oriente eran utilizados los rezos o mantras, como técnicas precisas para materializar estados de ánimo así como para programar realidades pensadas y preparadas previamente con fines de control colectivo. Los consejeros espirituales y religiosos del pasado, comprendieron pronto que nuestro cuerpo se puede programar –para bien, para mal- por medio de la palabra y a través de ésta con los pensamientos.

        Las palabras se han de masticar, se han de digerir poco a poco aunque a veces se nos atraganten o nos convulsionen por dentro. Por lo general amamos aquellas que sabemos que son dulces y suaves, que parecen deshacerse en la boca cuando llegan en forma de verso, en dulce decir o suave cántico rimado. Hay palabras que parecen ante nosotros como si fueran un don natural, tal la dulzura de un sol en el amanecer de la hermosa primavera. Las hay musicales y poéticas. También espléndidas y relucientes, que parecieran flotar en la atmósfera y ser traídas y llevadas por la brisa en un paseo sin fin. Hay palabras que apenas pronunciadas parecen escaparse como suaves notas musicales por la cálida atmósfera, flotando cual aleves mariposas. Con este tipo de palabras componen versos los poetas, escriben hermosos ensayos, tratados y novelas los escritores, ayudándonos a comprender y a disfrutar mejor la vida. Las palabras pueden ser elegidas y hasta pueden ser inventadas en un sinfín de movimientos y sonidos -a veces circulares- que entroncan con la realidad que las ha hecho posibles.

      Trasladada a la poesía lo es todo, ya que sirve para dar coherencia y sentido al mundo, para explicarlo y descubrirlo emocionalmente aparte de ser investigación y conciencia de ciertas esencias –como diría Gorostiza- que se producen en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje intentando hacerlo transparente. Porque la poesía no ha de ser embriaguez verbal solamente, sino que ha de implicar a rigurosas disciplinas intelectuales que la hagan más hermosa, más grande y necesaria. El mundo poético, según el mismo Gorostiza, se edifica precisamente en las zonas más vivas del ser como son el deseo, el miedo, la angustia, el dolor, el gozo, todo lo que hace que el  hombre sea  sensible.

       La palabra es la mejor y principal herramienta del conocimiento y de la comunicación. La resolución liberada en cada palabra impresiona no sólo a quien se la dirigimos, sino que también a nosotros y al mundo que nos rodea. A través de las reglas de la sintaxis, de la forma en que aparecen juntas para formas oraciones y frases, de la semántica y de todo estudio y comprensión del lenguaje junto a las reglas gramaticales básicas, se convierte, todos lo sabemos, en la esencia latente y viva del ser humano.

 


Barcelona.-octubre.-2013   

©Teo Revilla Bravo.







lunes, 7 de diciembre de 2020

LA DESESPERACIÓN

 



"Hombre desesperado" Pintura de Gustave Courbet, pintor realista francés.





LA DESESPERACIÓN

 

La desesperación del suicida,

atraviesa el puente de la muerte,

-sangre coagulada mortalmente

repartida por el cuerpo inerte-

para cobijarse en el cajón del olvido.


No hay dolores que duren cien

años ni desespero que no tenga

arreglo. Lo difícil es lograr evitar

ese puente y cruzar a nado el río

de la desorientación y el desaliento

durmiendo la tregua que ofrece la noche,

para despertar, ido el borroso armazón

del desespero despejada la bruma,

en calma con el nuevo sol.


Sonará el teléfono. Una voz

cercana, nos lanzará un respiro

de amistad y vida.


OCÉANOS DE LUNA

(Cuaderno  VIII. (1984-1987) 

©Teo Revilla Bravo. 



 



LA MÚSICA

 


En azul. Obra de Vasili Kandinski  




LA MÚSICA   


      “Un agradecimiento a los maestros de la música que se dedican a trasladarnos sus emociones de manera vibrante. Como lo hace el amigo Alberto Vilas quien tras escuchar su última e íntima creación, Naialma, ha inspirado este pequeño escrito.” 

                                

                                       

       La música es y ha sido parte de la humanidad desde la misma prehistoria. Nos ha acompañado siempre, aún antes de que fueran inventadas las primeras formas de dibujo y escritura, en cuanto el hombre experimentó la  primera emoción a través de un sonido (quizás de la lluvia o la nieve al caer) siendo consciente de que lo sentía.

       Nuestros antepasados ya utilizaban voces e instrumentos para crear e interpretar bellas melodías mostrando sensibilidad hacia las artes como lo demuestran las pinturas en las rocosas paredes de las cuevas prehistóricas. La música es para el ser humano tan importante, que  todas las civilizaciones y culturas antiguas la consideraron como un regalo llegado directamente de los dioses. Significó otra forma de poder expresar emociones, fue la aparición de una lengua alternativa a la hablada devenida del interior más sensible del hombre, con la que poder compartir y entenderse de forma emocional Nos decía Nietzsche, que “sin música la vida sería un error”. Lo importante y determinante, es que con ella sintamos y a ser posible expresemos sentimientos que no se pueden manifestar con palabras. La música transmite intensos efectos e impresiones que nos conmueven a veces hasta la lágrima, llevándonos a la máxima sensibilización y a poder recuperar recuerdos imborrables transportándonos a un mundo mágico donde sentir  por  momentos la soñada libertad.

       Su belleza puede disfrutarse no solamente por aquellos que la interpretan, si no por todos aquellos que la recogen y celebran. Cualquiera que la escuche puede ser llevado de inmediato al ensueño, siendo capaz de sentir y de algún modo entender el mensaje que a través de ella se ofrece, lo que sin duda la convierte en una de las artes más bellas y necesarias.

     La música es un arte que tenemos que mimar y que como todos debería estudiarse debidamente en los colegios (algo que cada vez se hace menos o no se hace), pues está comprobado que aumenta la capacidad de memoria, favorece la creatividad, la atención y la concentración, a la vez que ayuda a interactuar y socializar en actividades colectivas de gran valor sensitivo.

       Cada persona posee sus gustos musicales. A veces coincidentes con otros, otras más personalizados, hay géneros musicales para todos los gustos donde poder encontrar la canción o melodía especial y favorita. Los ritmos, la armonía, la tonada, los matices  que se desprenden logrados por el músico, ayudan a apreciar y determinar la calidad de una creación musical. A veces, como suelen hacer los genios, entresacando sonidos de la misma naturaleza pues en lo más simple aparente se puede hallar lo más bello, mágico y misterioso, ámbito donde cobijarnos para crecer en sensibilidad, belleza interior y fortaleza de ánimo.

 


Barcelona, septiembre de 2020.

©Teo Revilla Bravo.








miércoles, 2 de diciembre de 2020

RETENME



Modigliani. Retrato de Jeanne Hebuterne




RETENME

 

 

Retenme:

              solamente existo en el limbo

irreemplazable de tus ojos.

 

Retenme:

            muta la aurora por campos

labrados plenos de color,

que al clarear parecieran temblar 

de frío ciñendo con brillos de oro 

los contornos naturales del valle: 

ríos, aldeas, vegas, zarzales, 

labrantíos, montañas, brisas, 

vinculados al despertar sorprendente 

de la luz, ámbito que va siendo 

y consintiendo en ser, ay, Cernuda,

del amor al olvido vano instante.

 

Retenme:

              soy ilusión o memoria,

despertando lánguidamente

del insondable vacío.

 

Retenme:

              tengo esta tarde

en la franja gris de la soledad,

persistentes envites de melancolía.


©Teo Revilla Bravo. 1998







LA FOTOGRAFÍA

 



      El fin de la fotografía es captar imágenes que por un momento nos sorprenden, estén o no en movimiento, intentando convertirlas en la magia que nos aporta el arte.







LA FOTOGRAFÍA

 

     La fotografía como arte, es algo más que poseer una buena cámara y un buen objetivo.  El arte fotográfico -como todas las artes- ha de alentar una inquietud, una emoción, y a partir de ahí saber mirar y captar desde parámetros especiales y sensibles el hecho visual, ya que la fotografía no puede ser objetiva al ofrecer la visión del autor salvo estereotipos realizados en lugares comunes donde se aprieta el pulsador ofreciendo un mismo punto de vista que otros.

      Ser un buen fotógrafo, no necesita de grandes requisitos aparentes. Bastaría con un buen equipo donde cobre relevancia la cámara, ya que es a través de ésta desde donde el universo de la creación se dispara. Con buena voluntad y sentido artístico, puede ser campo abierto todo lo visible.  ¿Pero, a qué llamamos arte en fotografía? Aquí, como en cualquier otra disciplina artística, se nos crea un problema complejo. Diremos que el arte en fotografía es aquello que nos provoca una reacción, un sentimiento, una pregunta o una simple exclamación de asombro o sorpresa. Juzgar una buena obra es siempre delicado, porque al igual que sucede en otros campos del arte, no tiene porqué ser un trabajo “bonito”, ha de haber algo más que la sensación de estar ante una imagen más o menos agradable, como puede ser un estallido de luz, una sensibilidad ante algo sorprendente, una originalidad, una poesía flotando en el ambiente. 

       El buen fotógrafo es aquel que ha aprendido a ver, sabiendo que las cosas que observa poco a poco le han ido viendo a él atraídas por su cámara y colocadas ante el objetivo para ser captadas. Todo ello se deriva de un proceso de observación único, personal, de donde el artista desarrollará un sensible discurso poético a través del juego que ofrece la luz. La manera de tratar el tema, la personalidad y sensibilidad del autor determinará la obra, si está o no cargada de buen sentido, de reflexión, de denuncia respecto a algo, o simplemente de la belleza ilusionante de llenarnos de verdad. 

     Hay cientos de matices que pueden hacer oscilar la credibilidad de una obra. Con una buena combinación de técnica, conceptos e intuiciones, siempre que no abusemos de las distorsiones, de la mentira que resulta la transformación de un objeto tridimensional en uno bidimensional por ejemplo o la mala utilización de filtros, papeles, sensores, etc., tendremos la posibilidad de manejarnos como artistas con algo interesante que mostrar. Incluso de un lugar que puede ser común y corriente como apuntábamos antes, se puede sacar partido generando un enfoque diferente, una admiración, un pensamiento, una lectura novedosa que suscite reacciones. La fotografía, como todo en arte, debe de trasladar al espectador algo especial que quede en sus pupilas retenido. Para ello, los buenos conocimientos sobre literatura, filosofía, antropología, sociología, sobre cultura en general, serán fundamentales, ya que el fotógrafo poseerá una serie de referentes que le irán guiando, casi sin darse cuenta, hacia ese objetivo de decir algo sustancial. Acto creativo que le ayudará a encontrarse un poco más con los otros, y por ende consigo mismo.


Barcelona.-Junio.-2013.

©Teo Revilla Bravo.




martes, 1 de diciembre de 2020

PERDURA LA SOMBRA

 




Excursion into Philosophy (1959). 
Obra  de Edward Hopper, pintor norteamericano de la soledad, la introspección y la melancolía.





PERDURA LA SOMBRA


Perdura la sombra, la embestida

sobrada de la tristeza.

Esta tarde -enloquecida fuerza

del desaliento- voló de mis manos

la alegría. Incierto, confuso de escribir,

quedó gastada agotado el andamiaje

de los versos, huidos contra viento

y marea, en perdida lucha por retenerlos.

 

Mis ojos miran el maltratado ritmo

que lanzan las largas horas del horario

personal del desacierto.

¿Cuándo la luz dorada que descorra

los velos opacos de tu ausencia?

 

El alba es la esperanza soñada

de sentir  la llegada de un movimiento

de amor a tu rostro, bellamente reflejado

por luminoso rayo de sol -vibrante,

atrevido- entrado por la abierta ventana

de los afectos en un deseo por acariciar

y divinizar el despertar del mundo.



Océanos de luna

(Cuaderno  VIII. (1984-1987) 

©Teo Revilla Bravo.