ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

viernes, 17 de abril de 2020

TIEMBLA, TIERRA…



"Tormenta de nieve sobre el mar" (18142. Obra de William Turner

Un borroso, diminuto barco de vapor, es sorprendido súbitamente por un tormenta tratando, denonadamente, por evitar hundirse. El humo, la nieve que cae, las rachas de viento con sus fuertes y violentas fuerzas, y el mar agitado y embravecido, se mezclan para dejar una estampa gloriosa para el arte, gracias a un pintor como Turner adelantado a su tiempo.






TIEMBLA, TIERRA…

Después de milenios formándose  tobas calcáreas,
formas indeterminadas en extensas grutas,
el tiempo fue marcando con fuego vivo las puertas
de la imaginación y de la vida.
El barro formó figuras arrogantes y del espejo claro
del río, un día apareció el légamo con que el destino
configuró la estampa singular del hombre.
Un abrazo entre pulido de piedra y respiro de aire,
lo puso en movimiento poblando vastas  planicies
de la gran sabana alejado de los frondosos bosques
que lo vio nacer. El ave, revoloteando, graznó
a su lado, el reptil se deslizó sigiloso por la planicie,
las manadas de animales salvajes pastaron animosas;
de la agricultura, a la caza, de ésta a la pesca,
cruzó el hombre tiempo y lugar hasta llegar
a la artesanía, e indagando en su corazón al arte
de pensar y crear, a establecer la imagen divina
de dios para hacerse humilde, dolido y temeroso,
ante los cataclismos y catástrofes naturales
que enviaba airado y enfadado por desobediencia
y desorden. 

Entonces, todo:vida, color, aire, muerte,
se hizo evidente.

Aflorando en civilizaciones, conquistas y estandartes,
creando divisiones y fronteras de poder,
orgullo de batallas e invasiones, 
la guerra se adueñó de todo para quedarse.
Armas mortales de destrucción masiva, matan o esclavizan,
en nombre de ese dios que en contienda ambas avanzadas
reclaman -envueltos en ilusoria gloria- como propio.

Tiembla, tierra; tiembla, Dios.
La paz permanente, aguarda.


OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. (1984-1987)
©Teo Revilla Bravo 






miércoles, 15 de abril de 2020

HUMO Y CENIZA




El sueño". Es una obra cubista del pintor español Pablo Picasso. Fue pintado en 1932. 








HUMO Y CENIZA

Ceniza por la mesa, por la ropa, por el suelo, por la cama. Ceniza y restos de cigarros por todas partes. No puedo aquietarme ni concentrarme, estoy ante un desorden dominante. Ni calmarme, ni escribir. Fumo y fumo compulsivamente como un desesperado mientras miro, alucinado, la hoja que al lado retándome permanece en blanco. Absorto, contemplando la negrura de la noche violentar la ventana, noto que me sumerjo en la boca del tiempo, que entro en ella por un pasadizo hasta llegar a una estancia repleta de espejos refulgentes, luces subyugantes dando tumbos y más tumbos a la velocidad del vértigo en lo profundo e insondable del sueño. Me dirijo, con el fin de hallar suficientes estímulos que puedan recrearte superando aturdimientos y vaivenes, hacia fértiles territorios dispuesto a escribir de pura complacencia literaria. Pero el bloc me arde entre las manos, literalmente inflamado de tachaduras, palabras irrelevantes, frases vacuas, quebradizos alientos, retóricos maltrechos fastos.

        Ante la inoperancia y el desacierto que me acompañan, lío y lío cigarrillos con el propósito de evitar cabreos y esperar paciente la llegada propicia de la musa. Pero lo que llega, conducido por arreos invisibles pertrechados entre letras y letras, es la terrible angustia que se instala -en hechura de extensa humareda, brillante y bendita alquimia─ en el fondo más desatendido del alma para quedarse, para ver cómo se me carbonizan los pulmones y se me calcinan las ansias. Y es que, si te pienso e  intento armar el dibujo que fiel te represente, se incendia la esencia viva de mi ser, se extorsiona hasta mi ánimo. No lo consigo. Se me estalla, antes de poner una sola palabra, la aljófar de la emoción y los posibles plectros que te enardecen, amor, de grácil perfección, se envician y dopan perdidos entre brumosos versos desaparecidos, rescoldos, ceniza y años.


Es así. Como entrar en un complejo juego de fracasos propiciados por la araña enreda-ideas al dejar segregaciones, hilillos de amor y dicha, en yermos campos del sentimiento. Ahí donde germinan trazas y caligrafías, sembradas y florecidas al azar, desalineadas y mal abonadas por la mano rebelde e inútil de quien  pese a todo se cree poeta.

En el aire espeso y cerrado ─ámbito del sueño─, se congregan infinitas volutas. En ese mal ambiente que siento me ahoga, aún persigo un ápice de optimismo en intentos por hallar versos afortunados, descabezando ideas, sublimando imágenes, lanzando soflamas, valiente como pocos, vagabundeando por la fantasía donde se generan confusas alegorías y no menos confusas letras de desánimo. Escribo, en esta noche de locura y humo, hasta notar, dejado de la mano de dios, que me asfixio incompetente. Entonces abro la ventana  para respirar, y sale por ella la nube de humo retenida en el salón. 

Al respirar aire y despejar los ojos, despierto al nuevo día con la sensación heroica y engañosa de haber parido, entre polvos, cigarros, humos, y despojos de sueños, el personal abecedario del amor y  de la dicha que con tanto afán perseguía. 

Pronto me doy cuenta de que no queda absolutamente nada de nada, salvo un ligero atontamiento de cabeza. Que todo fue en realidad una vana quimera desvanecida con la claridad del alba.

 Interiorizado y sensible, de vuelta de  deslumbramientos y fatuos sueños, perceptivo ante la primera luz que ilumina la estancia y se aquieta en tu rostro dormido, mi alma se reviste de júbilo consciente ─temblor notorio, centro ferviente de deseos, privilegio del amor─ de que una amanecida más, serena y hermosa, respiras a mi lado. 




DESDE EL FONDO

Cuaderno V. 1978 - 1980

©Teo Revilla Bravo.




martes, 14 de abril de 2020

LO QUE IMPORTA ES POESÍA


Composición 8. Obra de Wassily Kandinsky. 









LO QUE IMPORTA ES POESÍA


Importa el sentimiento, la sensibilidad que nos ocasiona los roces con la propia vida. Importa nuestro latir, y el de cuantos nos rodean. Importa la voz, metamorfoseada en letras, como aliento y desahogo. Son emociones con las que uno va educando y concienciando el alma, de tal modo que se vaya tornando más atenta, reflexiva y contemplativa. Esto permite, como con las cuerdas de un violín, ir afinando y tensando momentos, hacerlos vigorosos, templados, sonoros, conmovedores, propios, íntimos  y, en lo posible, desintoxicados de la acción contaminadora del entorno.

El poeta escribidor (también hay poeta lector, poeta contemplador, poeta pintor, etc.,) ha de exigirse mucho para lograr obtener el ritmo adecuado, la cadencia, el compás o mesura que se requiere, todo lo que compone la verdadera sinfonía cuando es pensada como inasible y delicado poema. 

Quizás lo más complicado y complejo de esta labor donde uno se juega el ser o no ser como escritor, donde se acierta o se fracasa intentando hallar la mejor manera de mostrar emoción a través de la palabra, es tener la posibilidad de dar con la clave de poder expresar el sentimiento. Este intento de manejar con acierto la palabra, debe propiciar una evolución necesaria, mágica, gratificante. Hallar el vocablo apropiado, pero también el tono, las notas de emoción, el ritmo, la armonía arquitectónica, la esencia musical simétrica en consonancia y contenido,  la serenidad compensatoria. La poesía es un efecto vital; un prodigio artístico ligado a la existencia,  consustancial y primordial en el propio ser. No puede haber mundo sin poesía.

Conciencia, reflexión, tolerancia, sano crecimiento.  La poesía nos sirve, a través de beneficiosos efectos, para comunicarnos desde la intimidad de los sentimientos con el mundo. Compartirlos con los otros, formar un lenguaje íntimo, intemporal, fraterno. Todo nos acerca y nos propicia. Sintámosla, gocémosla. En una palabra, contemplar la naturaleza tutelar y vivirla con los ojos bien abiertos como cuando éramos chiquillos, gratamente sorprendidos y entregados. Hecha esa traslación a nuestro cerebro, surge el poema creando un estímulo tan grande que jamás podremos y querremos desprendernos de él. El poeta, como se diría de cualquier otro artista, nace y se hace de lo  vivido sentido.

La poesía, en su forma de escritura, es extraordinaria. Pero por desventura minoritaria. El poema se escribe para uno mismo y para quien receptivo lo lea, pues es un género literario especial al que se entra desde la predisposición y devoción de un espíritu sensible. No por eso hemos de considerarlo elitista, pero sí es cierto que todo el entramado emocional de la persona ha de darse en ello para encajar y apreciarlo en su justo valor. Exige, por tanto, cierta predisposición, cierto requerimiento e iniciación, un aventurarse valiente por vibrantes sendas emotivas.

El poeta, aparte de escribir, se inicia y se hace a través de buenas lecturas. Ser poeta o sentir poesía en uno, requiere determinados requisitos específicos, mucha sensibilidad y llamadas a la calma, algo que con harta frecuencia por unos motivos o por otros, nos falta.

La poesía, que nació en ferias, fiestas, y caminos campestres para que llegue a todo tipo de gentes envuelta en romances y canciones pródiga en recitados en plazas y calles de aldeas, debería de tener, mediante la educación, la escuela, la teatralización o la tonadilla, esa posibilidad de retorno a su origen popular haciendo posible que todos puedan gozar e iniciarse en ella. Humanizar mediante la escritura y la declamación; ser oportunos juglares; salir del claustro, compartir sensaciones, quitarnos los recelos de no ser comprendidos.





Barcelona, febrero del 2013.
©Teo Revilla Bravo.



sábado, 11 de abril de 2020

SI FUERA DIOS



Detalle de "La creación de Adán" de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. 








SI FUERA DIOS


En este tiempo de grandes
sequías, donde el aire parece
no poder circular, las palomas
libremente volar, las plantas
brotar, por donde el hambre 
se cuela en las casas pobres 
dejando secuelas de orfandad,  
muerte, enfermedad,
donde el  invierno extremo,  
frío y  seco, apaga toda música
devorando y consumiendo el mundo,
en este tiempo a pesar de todo,
fundida en tus ojos de luz,
decidida avanza  la esperanza.

 Si fuera Dios…

Verde vida daría a la primavera,
 favoreciendo la aparición brillante
de las fuerzas magnéticas.
Germinación, estallidos de chispas,
color, alegría en tu rostro, amor,
y en el de todos los seres
necesitados como estamos 
que la cortina gris del temor 
sea descorrida y entre el esplendente 
sol abriendo paso al entusiasmo.

Si fuera Dios,
no habría creado la enfermedad,
la guerra, la muerte, la tristeza,
y seguiría amándote.


OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.




viernes, 10 de abril de 2020

EL EGO FALSEA LA REALIDAD



"Álter Ego" Pintura de la artista húngara  Erzsebet Korb (1899-1925








EL EGO FALSEA LA REALIDAD



Una persona con problemas de personalidad, con el ego crecido como se suele decir, desagradable, egoísta, maliciosa, destructiva, etc., tiende a juzgar negativamente a los demás, cree que nadie está a su altura intelectual. Ese ego, al carecer de humildad y sencillez, necesita mantener una imagen de seguridad, un buen perfil que poder ofrecer ante los otros. Con delirio primario, se sitúa por encima de los demás, dependiendo de lo que éstos piensen de él ya que si no es así se ve como el reflejo de una hoja que se mueve al son del viento perdiéndose en la inutilidad. Esa opinión que de sí mismo tiene, está, lógicamente, distorsionada. Se niega a conocerse mirándose el ombligo abandonado a la autocomplacencia, sin darse cuenta que se complica, que vive engañado. El ego que presenta, por lo general es una mascarada social, un papel que se asigna o le asignan, una actitud que le aleja de lo que realmente es. Vive, iluso, en el autoengaño. Una imagen como la suya, necesita halagos, elogios, aplausos, la aprobación directa; necesita tener el control de personas y situaciones; buscar a toda costa el poder, porque en lo más profundo de su ser crece la inseguridad y como consecuencia el temor; por tanto, intenta disimular por todos los medios lo que le sucede, estando como está ante un complejo de inferioridad no superado ni  aceptado.

Ese ego descrito de manera simple (alejado de honduras psicológicas que no poseo), lo expongo tras reflexionar sobre ello a medida que escribo recordando aspectos humanos con los que uno tropieza a veces. Ese ego que se cree tan brillante, se aleja de la sencillez; se complica; necesita proyectarse para que nadie note la inseguridad que esconde su interior. Por eso le van bien las situaciones cómodas donde no tiene que comprometerse, terreno fácil de conquistar para no arriesgar nada por miedo a recibir rechazos. Se trata de una falsa seguridad disfrazada de un escudo protector que él crea ante lo que considera posibles ataques externos. Cuando esta  persona recibe críticas, por lo general no las acepta, no las reconoce, no deja que se le caiga la careta ni aparta el falso escudo, siendo como es la mejor manera de lograr darse cuenta que en realidad, alejado como está del verdadero yo, no es quien piensa ser . Esa actitud, le impide sentir desde el corazón, de  encontrarse con la sencillez de las emociones.

Quien posee una autoestima saneada, no tiene recelos; disfruta de las pequeñas cosas; aprecia el arte, la belleza, el amor en el reflejo de la mirada de un  niño; sabe que la esencia interior no es tan complicada, y trata de aliviarse de dudas, de culpas, de exigencias y perfeccionamientos. La persona que obra con naturalidad, rechaza la  necesidad de competir y ganar; la de tener a toda costa la razón en todo; la avaricia, la injusticia, el enriquecimiento. Explora, se lanza hacia lo desconocido, para avanzar aceptando que otros opinen diferente o incluso desaprueben lo que hace, sabe que así aprende sumando experiencias y valías sin pretender ser más que nadie ni creerse menos que nadie consciente que al final todos somos iguales, seres simples que necesitan aceptarse como son y disfrutar de la existencia en buena camaradería, una buena manera de ir descubriendo la gran persona que lleva dentro. No dejemos que el ego nuble y anule la facultad de ser mejores.


Barcelona, diez de marzo de 2020.
©Teo Revilla Bravo.







martes, 7 de abril de 2020

LABERINTO




"Print Gallery" obra de Maurits Cornelis Escher, artista neerlandés conocido por sus grabados xilográficos, grabados al mezzotinto, y dibujos de figuras imposibles y mundos imaginarios.








LABERINTO


Lo primero, decir que todo poema bien escrito comienza a emocionar al primero, segundo, o tercer verso. Esa es la medida que dispongo, instintivamente, para saber si debo seguir o no leyendo. Hay muchos poetas, pero en realidad poca poesía. Una cosa es el propósito, y otra la realización. Entre esa poesía que merece la pena leerse, mucha de ella nos es excluida por un problema de imposibilidad, bien sea por intolerancia o ineficacia editorial, por falta de medios del autor, de labor de difusión educacional e institucional, por recursos, por lo que fuere.

Este extenso poema, “Laberinto”, del que me ha llegado a través de su autor una tercera parte -dice en su humildad que para no cansarme-, no he podido dejar de leerlo, hasta el momento en que impulsado a decir algo agradecido, he hecho una pausa, lo que puede indicar la medida del impacto lírico de este trabado e inspirado poema. Hay que ponerle respiros, sí, dejarlo y continuar en otro momento, pues poco a poco es como mejor se percibe la poesía.

“Laberinto” es un poema que sin duda habrá dado trabajo a su autor en intensas revisiones, obsesionado por la reflexión, la belleza y la obra perfecta, algo que tozudamente se impone. No lo remuevas mucho, querido poeta, ni taches ni quites ni añadas demasiado, sabes que a veces moviéndolo obsesivamente -habla la propia experiencia-, acabamos dañando la primigenia espontánea idea. Toda revisión o corrección ha de hacerse con cuidado, para no alterar su esencia, su frescura, su naturalidad. Pero esto lo sabe bien Modesto Herrera por propia experiencia.

Este “Laberinto” que ofrece al posible lector, es una ingente labor, meditada, embellecida, profundizada. Por este motivo el lector ha de ir asumiéndola con sumo cuidado, sumiso pero intuitivo, dejándose invadir por los beneficiosos efectos que nos prodiga toda forma artística. Es una riqueza entrañable este sorprendente, casi podríamos decir que a la vez circunspecto y sobrio, poema, que emana ligero y libre con cada verso desde los rincones más sensibles del alma del poeta, por su rica esencia, bello atributo del ser perceptivo y sensible de quien lo escribe.

En esa búsqueda de identidad y claridad poética por el inextricable laberinto personal, la inspiración lograda es un gran canto a la poesía –a veces recuerda al mejor Neruda-, un salmo de gran calidad ritual brotado del silencio, que se desprende sobre el lector como alud exuberante de gran emoción. Quizás no deba extenderme en intentar profundizar en los sentido, pues ha de ser recogido libremente y de manera personal por quien lo leyere. Lo mejor será tratar de glosar los efectos -si es que se puede- y dejarse caer, sumando percepciones, acto de asimilación y meditación poética en el beneficioso sonoro encaje que ofrece el poema.

Un apasionante desafío es leer este derroche de autenticidad, a veces aquietado, ponderado y contemplativo, que muestra a quien sabe mirar una voluntad ética admirable. Como si se tratase de una radiografía sincera, emotiva y real, que huye de lo fácil grandilocuente, para ofrecernos sentida emoción. Subyuga. Nos conmueve este “Laberinto” por el cual hemos querido perdernos, porque hermosea nuestra percepción poética mientras vamos buscando y encontrando caminos y salidas en ejemplar labor de compulsión expresiva.

“Laberinto” es una obra que capta y traslada al papel lo más inasible y huidizo de la mirada. Eso es poesía. El lector que ha tenido la suerte de conectar libremente con los versos, lo agradece profundamente.



Agradezco enormemente la dedicatoria.

Fragmento:

Tu / Tercer canto

A Teo Revilla, cuidador de la palabra

Entonces ¿quiénes somos los que somos 
si no es lo que somos
que sin ser no somos nada?


No puedo sustraerme de tu encanto, me tienes atrapado
en medio de dos corrientes de agua en esencia diferentes
ambas son anáforas, sinónimas, parónimas, contrarias, 
hermanas,  rivales, sacerdotisas de la vida y de la muerte;
a veces parecen enemigas y otras por su origen incestuosas,
una baña el árbol que me brinda un  manto protector 
seductor y cristalino, la otra abre su boca siempre inmensa
y se empacha  con su imagen por la esquina de mi casa.


Eres el mar embravecido, la calma necesaria en la tormenta,
el faro inservible en una noche brumosa y sin estrellas, 
pero también la música de pájaros, luz que se cuela en  mi ventana
tardes de abril sin prisas, la mirada serena y fija en la montaña.

Sin ti el tiempo entre una jugada de ajedrez es el rey muerto
pero también sin ti la reina es la señora pintora de los cuadros
la albacea de herencias sin fortuna en una mañana desolada,
un jardín sin crisantemos  y vacío sin eco transparente.

En ocasiones voz solitaria sin orquesta, canción sin armonía, 
a veces lince, pantera o loba protegiendo a sus cachorros de la hiena; 
la selva negra, el momento anterior al sacrificio, 
la antesala de la vida aprisionada. Pero contigo, 
el mar verde y azul de las 6 de la mañana, 
red que vence a las gaviotas y los peces, pescador de sueños, 
coral arrepentido de agua dulce y huellas dejadas por el sol 
en las arenas de la playa mientras mis sentimientos flotan.

No puedo abstenerme de tus reglas construidas en la nada
la conciencia sin verbo, la ausencia de palabras, la ausencia
de todo lo que pueda percibir o imaginar  el pensamiento,
necesarias para poder acechar  al  hacedor de nuestro tiempo.
No quiero que seas mujer, amante,  adverbio o adjetivo
no quiero mezclar las recetas que conjuran al misterio 
y lo hacen regresar desde atrás para llegar a ese instante 
en que la pluma o la máquina, al fin y al cabo dos cosas parecidas, 
resuelvan la pugna entre lo que es verso a secas y poesía.

Vuelvo mis pasos a las canciones que escuché en otro poema
con otras voces ahora que no me dicen nada y sin embargo
pueden decirme lo que busco: el encuentro de mi yo perdido
entre tantas caminatas acompañado por el sonido en el vacío.

No puedo desprenderme de tu espera y salgo a tu búsqueda
con un par de cuencas, una bocanada de humo, papel y lápiz
la mirada difractada en el vidrio de la historia, amores idos
ilusiones escondidas en los caminos recorridos del silencio.

Sigo mis pensamientos que se refugian en el diccionario
ellos quieren encontrar la palabra que lo diga todo 
como alguna vez fue el Verbo y otras veces el espejo, 
el sentimiento desolado, la muerte, los fantasmas, 
el cuerpo fragmentado, las frases congeladas como la rabia, 
el destino, la soledad, el mismo tiempo.

Llevo a cuestas un proceso estéril al tratar de  cocinar  
nuevas palabras, saco algunas de mi viejo  portafolios  
construido por el viento,  quiero coser una frase hecha
con otra ya desecha, la intersección o un conector diferente
a las vocales permutadas, el dedal, el horno a cuatrocientos grados, 
los botones del placer, el ojal y el cierre, hilvanados
al  cristal  de las ideas de la misma forma que el camello 
pasa por el ojo transparente del misterio.

Pongo punto y aparte en este momento en que te busco
y te encuentro, te acepto y te rechazo y sin embargo estoy 
de nuevo en la conjura del sol de las once de la noche, 
repitiendo las mismas frases,  leyendo el cuento de una forma parecida 
sin pensar que esto puede volverse diferente; el cansancio 
y los párpados cerrados, el ron, el viaje, el cigarro, las reumas 
que de un tiempo acá le aquejan a mi mente y sin poder contar 
con esa yerba milagrosa que aligera las neuralgias y las penas.


Para leer el poema, completo dirigirse a esta dirección:


Barcelona.- Febrero.-2013.
©Teo Revilla Bravo.








domingo, 5 de abril de 2020

BARRUELO PUEBLO MINERO



Obra del pintor barruelano Brosio (Ambrosio Ortega), el pintor de los mineros 









BARRUELO PUEBLO MINERO


Por escalas del tiempo descendiendo,
cercenado, abatido pueblo, patria pequeña
enternecida  y clareada, luz entre santullanos
montes y cántabras laderas, abrumado 
por la melancolía, desde la memoria 
en estas horas de nostalgia -sin nunca 
haberme ido- a tu encuentro llego.

El valle me detiene en su regazo 
eliminando la razón de mi tristeza, 
como lo hace el insecto atrevido en la nívea 
piel de tu blanco seno, amor, cuando 
sentada en el polifónico prado  al lado 
de la tranquila poza, sol y bonanza respiras.

Imperioso en aparente resignación,
como nada vigorosa, lanzada tu grandeza
obrera a una cruel odisea impensable,
entero permaneces entre rumores 
de un tiempo nunca esclarecido.

Brioso, comprometido,denunciando 
traiciones  asociativas e industriales 
de tiempos aparentemente mejores, 
abandonos de viles prohombres llegados 
un día con sus máscaras oscuras 
-letales maquinarias- para enriquecerse, 
expoliar lo mejor de tu rico subsuelo,
enfermar de silicosis la valiente sangre
minera, dejar a su paso rastros de dolor 
y muerte.

Hoy duermes- o pareces hacerlo- 
en esfuerzo final, tu mejor sueño. 
Abstraído. Recogido en el regazo vivificante 
de tus montes y prados, de tu gentes 
quedadas, de los sanos aires generados 
en la alta hermosa sierra que te circunda, 
templadas vaguadas, altas cumbres 
palentinas, Cantabria amada.

Evadido de larga espera,
respiras sosiegos:
                            vives
dibujando -aire en cielos 
limpios, en aquiescencia de valle,
verde, blanco, marrón, negro-
esperanza, recuerdos, sueños.



OCÉANOS DE LUNA
(Cuaderno  VIII. De 1984 a 1987)
©Teo Revilla Bravo.