"Jarrón con flores" Obra de mi autoría, 2002.
NATURALEZA MUERTA
«La atmósfera norteña, los colores del campo, los bosques y la sierra, la naturaleza siempre esplendorosa de los contornos cántabros y palentinos, unido al ambiente especial generado en la cuenca minera barruelana con sus vidas marcadas por la cercanía de la muerte, la angustia y la esperanza, hicieron brotar en mí el sentimiento y la sensibilidad que muy temprano me llevaron a la poesía y a la pintura, así como a toda forma de arte, pábulos de expresión y vida»
"Jarrón con flores" Obra de mi autoría, 2002.
NATURALEZA MUERTA
“Un poeta debe dejar huellas de su paso, no pruebas.
Solamente las huellas hacen soñar.” René Char.
TENGO
Tengo muertes suspendidas que tiemblan
a la espera de no existir ni para ellas ni para
nadie. La belleza se pone sombreros de flores
esta tarde para ocultarse. Gráciles pájaros.
Ligeros alados sueños. La corriente
de nuestra vida, en lo azul más profundo,
va acumulando aprehensibles pero Invisibles
condenas que poco a poco nos llevan
—en nave secreta y única— a lo inevitable.
Mientras tanto, pasión de tarde, la vida,
balanceada con firmeza por tus ojos, amor,
aún respira en plenitud de crepúsculo.
Esencia de las cosas, dejemos todo —pálpitos,
proyectos— en manos del viento...
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
.
"La poesía era la poesía
y el humano era el humano
y ocurrió que ya casi nunca se encontraban
la una con el otro”.
Isaac Golde , El libro de las transformaciones.
¿A quién le habla el poeta? Se habla a sí mismo, a su propia condición como ser, a la esencia de las cosas que cobran sentido en su alma. Habla también a los otros desde la modestia creativa y la lealtad humana. De silencios, de un tiempo y de un espacio impreciso y atribulado que se abre a veces en el ánimo con rabiosa ironía y desesperanza; así mismo anima a la serena reflexión sobre el tiempo lleno de discordancias que vivimos, sabiendo que no hay Edén posible, sí un continuado e incómodo exilio. El poeta nos estimula a que nos detengamos un momento ante la emotividad existencial, y así sentir crecer la experiencia con que se intentan combatir los males que aquejan a la humanidad y al propio ser.
La poesía forma parte de la realidad. Está hecha de una rica materia prima, a la que llamamos palabra. El poeta se vale de ella, para descubrirnos el alma humana sumergiéndonos en un fructífero vivero que alienta en el lector la capacidad de soñar. Hay, debe de haber, ternura en los versos, pero también contundencia y denuncia cuando lo injusto duele por dentro. De la manera en que escribamos, dependerá que sepamos llegar a los otros. Lo importante es acertar con la idea, llevarla a la reflexión y elaborar eficazmente la construcción del poema. Las grandes obras no aparecen gritando a los cuatro vientos nuestro talento; las grandes obras aparecen susurrando pues manan directas de las fuentes del silencio, tierra propicia para que crezcan plenas. La poesía es ritmo susurrado. Hay que hacerse poetas para susurrar esos silencios y acallar los gritos atronadores que con frecuencia asfixian y anulan las mentes. Que nada agobie ni chirríe. Que los versos sean transparencia, provecho y satisfacción, así como lectura intuitiva y gozosa.
Un conocimiento mejor de la palabra y sus mecanismos de interpretación, nos conducirán hacia una lectura enriquecedora. Todas las capacidades potenciales de la palabra, se han de utilizar para lograr sorprender, sugerir y emocionar. Seamos poetas de lo sencillo mediante el análisis de asociaciones que despierten las capacidades que encierran para hacer expresiva, sugerente y emotiva, la comunicación escrita. Lo invisible, inspirador y sentido, requieren reflexión sobre nuestra presencia y situación en el mundo.
Verso y poesía no son fielmente lo mismo. La poesía es una exégesis del instante único y mágico que ofrece el poeta. Todos sabemos que se escriben versos y versos, miles de versos, que suenan bien e incluso tienen una ordenación o arreglo estructural agradable, pero sin que en ellos haya una partícula real de poesía al ser dictados de mecánicamente sin el elemento esencial del encantamiento, ese algo necesario y mágico que penetra más allá de la superficie de las cosas yendo hacia la sublimación que precede a toda obra de arte. Todos notamos cuándo estamos ante un buen poema, porque como decía alguien metafóricamente, tras su lectura desearíamos morirnos de indescriptible gozo.
Barcelona.Diciembre.2014.
©Teo Revilla Bravo.
QUÉ SIENTO AL SER VIEJO (Relato)
Un joven me preguntó, no hace mucho, qué sentía al ser viejo. Me cogió desprevenido. Ni siquiera me había hecho yo esa pregunta, quizás porque no me considere viejo aunque me vea mayor. Cuando vio mi reacción de sorpresa, noté que se le cambiaba el rostro, que afluía en él una suerte de congoja quizás considerándose un imprudente al formular tal cuestión. Para animarle le dije que no se preocupara, que era una pregunta interesante, y tras reflexionar un instante añadí, que sobre todo tipo de apariencias hacerse viejo es también un regalo de la vida.
Cierto que a veces me sorprenden los cambios de la persona que habita en mi espejo, pero no me preocupo mayormente, sé que es natural envejecer. En todo caso, no cambiaría lo que tengo y soy por un estómago más plano y fibroso, por más pelo o unas cuantas canas menos. Me acepto. He aprendido con los años a no regañarme, a permitirme licencias simples como comer algunas cosas demás, a darme caprichos que antes condenaba con severidad, a estar en mi derecho de ser un poco desatento, desordenado y desoído, e incluso extravagante como pasar horas en el parque contemplando las nubes del cielo enamorándome de esa luna que suele llegar tempranera.
Es una edad, en todo caso, complicada, ya que a algunos familiares y amigos me ha tocado verles irse de este mundo antes de tiempo sin tener la oportunidad de disfrutar la libertad de hacerse viejos como yo, doliéndose mi corazón a veces en exceso por cercanía y querencia de esas personas. Pero la edad también da privilegios como escribir palabras en el ordenador, inspirado o no, sabiendo que hay amigos virtuales que generosos me leen. También puedo estar despierto hasta que me caiga rendido de sueño sin tener que rendir cuentas a nadie ni preocuparme de horarios laborales. Cierto que a veces me inunda la nostalgia y lloro y escribo poemas sentimentales como cuando era adolescente, pero me hace bien. También suelo pasear templadamente por la ciudad; o caminar por la playa con un traje de baño que se estira sobre el cuerpo flácido cuando entro en el mar para hacer un clavado en las olas dejándome plácidamente ir a expensas de las miradas que me lanzan, no sé si compasivas o risueñas, algunas jovencitas envueltas en bikinis que toman el sol en la arena. Ellas, aunque no piensen ni les altere lo de la edad, también se harán viejitas si tienen suerte.
Se sufre. El cuerpo cambia. Pero ese abatimiento nos da fuerza y nos hace crecer en tenacidad. Un corazón que no se ha roto en algún sentido, es un corazón estéril, querrá decir que no ha tenido el privilegio de amar y ser amado. Me siento orgulloso por haber vivido lo suficiente como para conocer ampliamente ese sentimiento, de ver que mis cabellos se vuelven grises, y también de conservar la sonrisa de mi juventud antes de que aparezcan los surcos profundos e inevitablemente la borren.
Volviendo a la pregunta del joven, podría responder: Me gusta ser viejo porque la vejez me hace más sabio y libre.
Sé que no voy a vivir para siempre. Pero mientras esté aquí voy a hacerlo en lo que sea posible según mis propias leyes, que no son otras que las que me dicta el corazón. No voy a lamentarme por lo que no fue o no pudo ser, ni preocuparme por un devenir sin sorpresas. El tiempo que esté respirando en salud, seguiré amando la vida como lo he hecho hasta ahora cercano a los míos: el resto, qué remedio, lo dejo a voluntad del destino.
Barcelona, octubre del 2022.
©Teo Revilla Bravo
"Viejo en pena" Obra de Vincent Van Gogh 1890
"Amantes" Obra de la pintora madrileña Nicolleta Tomás
LLEGA
Llega el deseo amante, inclinándose,
desviando la bruma azulada escondida
en el bosque profundo de la media tarde.
Robles, avellaneras, endrinos, moras,
por donde pasa la suave luz acariciando
las vitrinas abiertas de tu extenso cuerpo.
Los dedos lo recorren en invariable límite
de amor. La tempestad cesó y dejó de golpear
las ventanas del cielo rompiendo miedos,
despejando azulados flecos donde felices
recorrernos —múltiples manos—, reconocernos
colmados, plenos, seres casi eternos.
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
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LA PALABRA POESÍA
La palabra poesía en la antigua Grecia abarcaba el concepto actual de literatura, pero el término significaba también “Hacer” en un sentido de creación o producción. Etimológicamente quería decir engendrar, dar a luz.
El poeta era el hacedor, el que creaba una cosa que no existía anteriormente, y la expresión hacía referencia a todo acto creativo fuese artesanal o artístico.
La poesía era una forma lúdica de sentir la vida, una pulsión biológica como cultura, recordando que el cerebro hace cultura y la cultura hace cerebro, por decirlo de una manera llana y sencilla. El juego es una condición necesaria para la misma existencia de la cultura. Sin el desenvolvimiento de una actitud lúdica, la cultura no es posible como no lo es tampoco ningún acto creativo.
El poeta, para ser realmente libre, como cualquier otro creador en arte ha de tener sus propias reglas y restricciones creativas, ha de ser él mismo.
Barcelona, octubre del 2022.
©Teo Revilla Bravo
"Lluvia, vapor y velocidad"
Obra de Turner, precursor tanto del impresionismo como de la abstracción pictórica.
EL VIAJE
Dedicado a Alfonso Blanco, gran viajero.
La vida es un viaje desde que se nace, un descubrimiento continuo paso a paso dado, a veces pleno de maravillas, otras de vicisitudes, pero siempre valioso para sumar sensaciones y formarnos a través del encuentro con un crisol de actitudes y ambientes humanos sorprendentes con sus culturas, idiomas, aspectos vitales y actitudes. Lo hallado en el camino sirve para formarnos como seres comunicativos, abiertos y solidarios.
El buen viajero necesita ver, con sus propios ojos, los espíritus de los lugares que visita; hacerse una idea clara de lo que se le ofrece; aprender, conquistar, y entrañar, entablando un diálogo afable con lo que le ofrece su andadura.
Un viaje que hay que inventar y a menudo que reinventar con la sorpresa recibida a cada paso, con la emoción que brota de cada respiro. Narrarlo, dibujarlo, recrearlo, pues la sal y el gozo de todo viaje es la aventura y meterse en ella, es arriesgar estando dispuestos a cambiar el rumbo cuando es necesario.
Un viaje en soledad. No puede ser de otro modo aunque mientras lo recorramos encontremos seres afines con los que compartir momentos. La introspección nos acompaña como seres únicos desde que nacemos. Es a través de ella que elegimos la manera de estar en el mundo, de agrandar la capacidad para reconocernos, cosmopolitas de vocación, eligiendo rutas y senderos que nos permitan vivir los lugares a los que llegamos, héroes capaces de lograr ser aquello que queremos ser.
El viaje comienza antes de la partida, en la imaginación y apertura hacia el misterio. Saber que se va en pos de fronteras abiertas lejos de nacionalismos exacerbados que restan en lugar de sumar, achican la mirada, merman lo atrayente e impiden captar lo interesante que ofrece la vida y aprender.
El viaje nos ayuda a formarnos, a vivir y a compartir, a ver cosas que el nativo no ve o no se percata de ellas por la fuerza de la costumbre o porque simplemente no hay una sola verdad en la forma de mirar y afrontar la vida: la mezcla de conocimientos, nos beneficia en todos los sentidos.
El viajero, cuando narra o cuenta lo andado vivido, nos hace imaginar situaciones abriéndose a caminos, desiertos, playas, bosques, aldeas, a mundos cálidos o helados, a pequeñas o grandes experiencias. Nos transporta al vuelo de la imaginación, agrandándolo en favor del arte y de libertad, reflejo de lo que significa la vida como metáfora de lo posible.
Barcelona, septiembre del 2022
©Teo Revilla Bravo
"Silver moonlight (1880) obra de Nicholas Grimshaw.
El pintor y arquitecto británico, tenía una manera talentosa y romántica de recrear la luz nocturna llenándola de encanto y magia. Se le llamó el pintor de la luz de la luna...
LA NOCHE
La noche cercena el rostro.
Imposible creer en mañana si dejo
de recibir el aliento pretendido
que tu mirada alienta.
Lloro ante la verdad burda
del destino, oscura sensación
que se deslíe rota como agua
de un torrente desbocado.
Imposible parapetarse ante
el incierto ocaso; imposible
soñar con tenderse plácidamente
al lado de las florecidas riberas
verdes de los prados santullanos.
Todo parece gastado,marcado
por la fatiga del desaliento
tras la Indecisión de la súplica
que acompaña hoy tu mirada;
hasta la palabra acompasada
y libre cuando pronunciabas
empastados amores glosados
en sueños, rosa y vino lo parece.
Hoy sufro, abstraído, el lento
deshoje otoñal de los sentidos;
Mañana, tras la ausencia sin rastro
de olores ni colores envolventes
volados los cuerpos sin destino,
entraremos en la borboteante
tiniebla de la desmemoria donde
quizás se esconda perfecto el mundo.
¡Qué extraña resulta la vida,
amor, si no advertimos el clamor
luminoso de los lirios!
BROTAN LAS PALABRAS
© Teo Revilla Bravo
Autorretrato de la artista.
BERTHE MORISOT
Berthe Morisot es una artista insuficientemente valorada, imagino que por falta de conocimiento de su obra. Sin embargo se la suele considerar como uno de los grandes exponentes del impresionismo francés. Su arte, exigente y vigoroso a la vez que delicado y resuelto con dotes de pintora sensible, resulta imprescindible.
El desconocimiento de esta artista, viene dado también por el hecho de ser mujer en un mundo reservado tradicionalmente a los hombres, al limitarse mucho el papel creativo de la mujer y no darle la relevancia que pudiera tener. Fue un tiempo —aún lo es en muchos casos— cruel para la mujer en aspectos sociales y culturales de su vida. En el de la pintura y escultura, se las excluía de las academias de Bellas Artes, hasta ahí llegaba el machismo imperante. Lo cierto es que Monet, Pisarro, Renoir y otros artistas contemporáneos, fueron conscientes de su valía, quedando admirados del extraordinario talento que poseía; Pisarro honró al grupo impresionista, aportando a él su presencia; Manet, admirador, amigo y colaborador suyo, sintió verdadera devoción por su libertad de experimentación.
“Tengo la impresión de que tu vida ha de ser estupenda en este momento: hablar con Degas mientras miras cómo dibuja, reír con Manet, filosofar con Pubis, me parecen cosas dignas de envidia”, escribe Edma Pontillon a su hermana Berthe Morisot, en 1869.
Pues, eso: un pequeño reconocimiento personal a la labor de esta gran artista francesa, valiente y singular, de la que se comienza a hablar elogiosamente por fortuna tras haberla tenido acallada para el arte más de un siglo..
Berthe Morisot nació el 14 de enero de 1841 en Bourges (Francia) en el seno de una familia de la alta burguesía. Siguió, junto a su hermana Edma, los cursos de Eugene Benot Buichard, discípulo de Ingres y de Delacroix. Su Abuelo paterno parece que fue un arquitecto famoso, y su padre Tiburcio Morisot estudió en la Escuela de Bellas Artes. Berthe Visitó Italia y Grecia, y tuvo influencias de Édouard Manet al que conoció en el Louvre donde realizaba su tarea como copista, e incluso fue modelo de algunos de sus cuadros como el de "En el Balcón". Cosas del destino, se emparentó con él al contraer matrimonio con su hermano menor Eugène.
Esta mujer, con gran tesón, fue forjando un estilo impresionista poco a poco, caracterizado por la delicadeza y sutileza de su pincelada, trabajando tanto al óleo como a la acuarela, sobre todo paisajes y escenas de mujeres con niños. Entre su obra destaca, “Madame Pontillon sentada en la hierba” obra de 1873, ahora en el Museo de Arte de Cleveland, y ”El espejo de vestir” de 1876, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
Berthe Morisot falleció el 2 de marzo de 1896 en París, y fue enterrada en el sepulcro de los Manet en Passy.
Barcelona.-Noviembre.-2014.
©Teo Revilla Bravo.