ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

martes, 10 de enero de 2017

PERCEPCIONES ALEATORIAS


Obra de Leticia Zamora, Dibujo que ilustra la fábula de Esopo titulada: ¿Quién le pone el cascabel al gato?





(Poema para no ser comentado)

PERCEPCIONES ALEATORIAS

Ojeroso me deslizo,
tonto o ridículo,
perdiéndome sin remedio
por la inconmensurable
desnuda piel de tu cuerpo...

Cascabel  al gato.

Despropósitos.
tú, yo, y la cobardía
de hallarme en ti retenido
sin querer liberarme un rato.

Lagarto, lagarto….

Si al hablarme me rozas
con voz de lírico sonido,
dulzonas melodías me aúnan
acomodándome en tu regazo.

Fina vehemencia. Blancos
párpados. Delgadas singladuras,
láminas, dibujos, tenues fibras,
serosa membrana, pericardio.

Voces, risas locas, intervalos
de tiempo, ladrillos, paredes,
rejas, encierros, vertidos
de lágrimas, suspiros, llantos.

Celos de carnívoro abotagado.
Sables, filos, herrumbres,
óxidos, leves y grandes cortaduras,
pólvora, pistolas, pasmos.




“SOLEDADES” (Provisional)
 Cuaderno  XVIII
2013- 2014)

©Teo Revilla Bravo.

 

domingo, 8 de enero de 2017

AQUÍ ESTÁN LOS REYES MAGOS


El gran poeta y amigo venezolano Luis Beltrán Mago


Querido amigo:
Te envío el poema de Luis Beltrán Mago, titulado  “Aquí están los Reyes Magos”,
Me pidió el hijo del poeta que te lo remitiera  con el propósito de que se publicara en el blog de letras ÓRBITA:
Luis Beltrán cumplirá 95 años el 15 de enero venidero y su hijo me lo hizo llegar  para celebrar su aniversario con el poema que va en adjunto.
Lo dejo en tus manos a ver si es posible publicarlo en la página de Facebook en ÓRBITA LITERARIA.
Es un poema hermoso y dotado de la sensibilidad de nuestro amigo.
Recibe un cordial abrazo.
Alejo


AQUÍ ESTÁN LOS REYES MAGOS
                                                                                    LUIS BELTRAN MAGO
                06-01-2017
Como desde hace
siglos
la lluvia nos recordó el pasaje
bíblico
de los tres reyes recorriendo
distancias
en busca de una
estrella
que iluminaría el
pesebre
donde el amor se hizo
luz.
         Como ayer, mojo las puertas de mí
ventana
y acompañó al frío de
Enero
a recorrer el camino hacia
Belén.
         Hoy conversé con Gaspar.
Me dijo como en una madrugada se
encontró
con un caminante coronado
-Baltasar- el Rey negro
que buscaba en la superficie
celeste
a la estrella que lo llevaría a encontrar a
Jesús
el niño que nacía para hacer
la revolución cristiana.
         También me habló de
Melchor, bohemio y amigo del
vino,
y supo que una aparición
divina
lo convenció de la urgencia de
contemplar
cómo por los espacios del
cielo
la estrella iba haciendo
caminos
para el histórico encuentro.
Y así, sobre
camellos andariegos, fueron los tres:
Melchor, Gaspar y Baltasar del mundo,
al abrazo de la divinidad.
         Hoy supe que los tres estuvieron junto
a mi sueño
porque en el piso de mi
balcón,
donde durmieron mis
zapatos,
encontré los regalos que desde mí
infancia
me traían en la madrugada de un seis de
Enero
de fantasía y esperanza.
         Hoy la lluvia volvió a caer con
amor
sobre la tierra de todos para recordar
aquella memoria

y hablarnos de la Paz.


miércoles, 4 de enero de 2017

CAMBIA LA TARDE


"Cuadro en acuarela de Liencres" y "Acuarela de un atardecer en la playa de Galizano" del pintor Rubén de Luis,

        Dice el pintor: "Son dos atardeceres pintados de dos playas de Cantabria en las que el día se despide y es que en este tipo de temas, lo que prevalece es el cúmulo de sensaciones que nos llegan en este momento del día."






CAMBIA LA TARDE


Va mudando la tarde al antojo de apatías

sopores y movimientos calmos.

Lo hace con todo lo que arde y cual llama

se va durmiendo lentamente por los campos

soleados del otoñal septiembre —ráfagas

de viento sobre las hojas, sobre las  mieses—        

barruelano, desperfilándose emigrante

para ocultándose indolente luego entre tenues

veladuras que generoso va ofreciendo,

confirmando presagios entre fuegos amarillos

que agitan las sombras, el dorado ocaso.

 

Si se rompiera este momento somnoliento

y mágico donde la belleza de la tarde se impone,

cuántos tesoros, cuántos sentidos naturales

y carros alados cargados de hermosos

regalos naturales en la nada se volatilizarían.  

 

Y también —vientos del norte, praderías,

 lechos de verde hierba, pétalos de rosas,

visión de altas cumbres— cuántos lloros,

 melancolías,  palpitaciones, goces y algazaras,

cuántos  jardines floreados, árboles y perfumes

que se encienden y apagan en la opacidad

de un tiempo que a todos, cedidos a lo bello,

 en sin igual gozo entre esplendores reconfortan. 




Cuaderno V. 1978 a 1980

©Teo Revilla Bravo.




viernes, 30 de diciembre de 2016

. ENTRE EL OLEAJE



Obra del pintor alemán Emil Nolde "Moonlit Night". 1914







ENTRE EL OLEAJE


En el crepúsculo dorado
asomada a la curvatura
aventurera del horizonte,
entre irisaciones de luz
oleajes, y rosadas nubes,
bañada de yodo, mar,
dulzura, sentido amor,
sentada  en el vértice 
oscilante de la cara
iluminada de la luna, 
en cósmico brillo te hallé.

Tiene tu rostro en la atlántica
noche serenidad; 
y en tus ojos plenos de resonantes 
ecos, brillan sutiles enredos.
Te peina a pie de silencio, 
te prepara para largo viaje,
dibujada en singular véspero 
mientras la media luna girándose 
repentina,desciende oceánica 
hacia las olas transmutada 
en ligero bajel.

Infinito instante:
                              la impresión
que el rostro apresa a través 
de relucidos olores salinos 
y suaves reflejos, se crece pez 
serpenteando por el luminoso 
mar─ de exaltación y vida. 


“SOLEDADES” (Provisional)
 Cuaderno  XVIII
(Del 04 de febrero de 2013, al 12 de enero de 2014)
©Teo Revilla Bravo.



lunes, 19 de diciembre de 2016

SUEÑO EN LA CIUDAD DESIERTA




SUEÑO EN LA CIUDAD DESIERTA

La tarde se pone melancólica y parda. Se va estirando arrastrada por la noche que llega atenazada de prisa y tristeza. La ciudad flores de luces y sombras balancea sinsabores y espesuras. 
Camino sin rumbo, quién sabe adónde, por calles que se abren como heridas. La poesía que duele asoma valerosa entre los jirones de sombras esparcidos por avenidas, jardines y paseos. Observo. Como en las grandes panorámicas naturales, todo, a cada paso que doy, va cambiando de tintes y tonos. Es como entrar en un sueño de pájaros ocultos, espacio donde se entierran muertos y se desbaratan fugaces relámpagos. Triviales malaventuras me acosan, no me dejan caminar. Es la soledad. Son las vueltas y recovecos de un camino incomprendido, donde presiento silencios, noche bronca en la que intento apartarme del miedo buscando atisbos de lucidez mientras siento acechante la llegada inevitable olvido. ¿De qué estará hecho el olvido?, me pregunto. Residuos, despojos, cenizas… Quizás se refleje charcos que dejó la lluvia en esos espejos que me miran insultantes más allá o acá de mí mismo reflejando una nadería como miran a la poesía los insensibles. Pobre poesía a la que quisieran estrangular con la bufanda blanca -amagada crueldad- de oficiales laureles. 
Sigo. Camino aparentemente impávido por la ciudad desierta. Lo hago entre refulgencias y obscuridades, embriagado de pensamientos y atmósfera lobreguez. Una ventana iluminada y otra y otra, dan idea de encrucijadas humanas, actividad y vida; un turbio edificio y otro y otro, aferrando corazones, forman la interminable metrópoli del desconsuelo; un televisor, una guitarra destemplada, el lloro desgarrado de un bebé, la grieta abierta en el alma enamorada de una joven postrada en la cama de la desventura; la soledad extendiéndose como oscura mancha; rostros de mujeres y hombres; historias que empiezan y acaban de mil modos diferentes, la vida.
Doy vueltas a todo sin concretizar nada. Soy una entelequia más en todo este espanto. Quizás la más absurda. Existo, sí, y muero. Sé que existo y que muero. No quiero entrar al respecto en dudas, pero como un Ulises desterrado sin Ítaca posible que recuperar, misterioso ser atravesando duro desierto, ay dolor e infortunio, sin cuándo, sin antes, sin después, lloro esta noche donde nada es lo que parece ser. 
Hay un surco abierto en el asfalto a modo de garabato que me atrae poderosamente la atención. Quizás sea la línea obscura de los versos de Verlaine, que desde hace años me persiguen. No lo sé. En tal caso, el camino me desgasta, me obliga a detenerme y buscar un lugar donde reposar, con o sin ayuda de la absenta, con o sin Verlaine al lado, acunado y protegido por los setos de un jardín cercano, por la luna honda y la estrella alta que me miran desde las alturas, imploro un sueño redentor. Así, introducido en limbo surrealista, siento que caigo en éxtasis redentor o  quizás en redentora nada.
Cumplido sesenta y cinco años. Sesenta y cinco años y sigo apegado como en la infancia a utopías, ilusiones, pinturas, libros, películas, a estímulos y a liberadoras fantasías aún con la boca abierta ante espejuelos y abalorios que sorprendentes aparecen por doquier; aferrado a la curiosidad, al desacierto, y al desconcierto. La vida desgasta indeleblemente como por otro lado lo hace la hermana muerte. Hay puertas giratorias que no rotan; contraventanas inoportunas que nunca se abren; caminos fraccionados imposibles de recorrer; pero también cielos desplegados que conmueven y nos llenan de belleza y amor, ese amor que necesita aire abundante y fresco para no asfixiarse. Sé que las cosas, los objetos, todo lo que me rodea, jamás sabrán que he existido a su lado rozándolos, tocándolos, sirviéndome de ellos para bien o para mal. Morir es una necesidad que se adquiere con el nacimiento y que nos conduce, indefectiblemente día a día, a la vida goce, dolorcon la fórmula mágica del artificio embaucador, la misma con que la existencia nos devuelve luego indefectiblemente a la muerte. Olvidar el fracaso de la hora última. Olvidarlo todo. Dejar de deambular entre pájaros muertos y ciudades imposibles, e iniciar los caminos que conducen a las estrellas. Regresar al antes del nacer donde todo en nada estaba bien. Lograr por fin la inocencia, fiesta eternal del universo, simbiosis y armonía sin destino ni presión.



Barcelona, diciembre, 2016.
©Teo Revilla Bravo.



martes, 13 de diciembre de 2016

LOCURAS




La obra: Pinturas SUMI-E de Miguel Elías para un libro sin murallas



LOCURAS

Locuras abismales. Olas desprendidas del carro de la imaginación 
que se vencen, que se caen por tierra salpicando de polvo
e incongruencias la oleada de pájaros que raudos levantan 
vuelo y desaparecen veloces dejando solitario el poblado 
de la desazón y la desdicha. 

Locuras. Cautividades. Lunas anchas imposibles de poblar. 
Pavor, gesto agrio, estallidos de dolor e incertidumbre 
más allá de las horas, corazones asediados por el llanto, 
la miseria y el hambre.  Risas que se asoman de repente, 
tras vidrios rotos, animadas por el sonido peculiar 
de un relámpago de ilusión que incide deslumbrante, 
misteriosoen el centro mismo de las entrañas. 

Locuras. Entidades no fiables del alma que mira con sus ojos 
bien abiertos ─el futuro será diferente en imposible 
mapa el norte prometedor de vida y bienes. 
Cruel disyuntiva quedarse o marchar. Anhelo, viento, sol, 
mares. Imposibles manantiales, vagabundaje en horas 
temibles; desprendimientos o etapas fugaces y definitivas 
que a la larga, embellecidas entre los negros velos del amor 
y de la esperanza, gimen incesantes e impotentes sobre 
el rostro oculto polvareda tediosa del imprevisible destierro.


Locuras. Dilemas sin salida. Caballo hermoso desbocado 
y sediento trotando malherido en lucha terrible contra 
los elementos, mientras va mordiendo el polvo turbio 
de la extensa llanura, -desértica, quimérica-  hacia el puerto 
marítimo que grita -frágil cayuco en la arena- libertad.


DESDE EL FONDO 
Cuaderno V. del 4 de octubre de 1978 al 27 de julio de 1980
©Teo Revilla Bravo.



miércoles, 30 de noviembre de 2016

ENTRO EN EL VERSO


Obra de Amador Montes. Oaxaca, México.




ENTRO EN EL VERSO

     Entro en el verso como el sediento peregrino entra en el oasis que se abre a la fuente de los cielos. Fuera del verso no cabe nada, se rompe todo contacto que humaniza, aúna y despeja; nada hay en este nido de avispas que, irredentos, sin querer habitamos o nos habita.

Aun sabiendo que escriba o no escriba prosa, rima métrica, poemas asonantes o consonantes, endecasílabos, églogas, madrigales, odas, versos de arte mayor o menor, décimas, sonetos o composición de arte libre, bien o mal, escribo. Voy dejando jirones de palabras aun sin saber si lo hago bien, regular o mal, pues el verso, pese a no ser conciso ni claro ni tener normas precisas en mí, se me crece por el alma como la infatigable hiedra lo hace sobre la pared de una blanca ermita. El verso me hace —¡ay, Hernández!— libre, me pone alas, soledades me quita, cárcel me arranca.

No quiero reglas. No quiero fronteras ni prisiones que colapsen y retengan los circuitos del alma. Necesito libre circulación por cielos, tierras y mares. Por eso esta terrible duda que a veces me invade de si escribir o no merece la pena.

Vaya rollo, te dirás —si lo lees—, querido amigo. No sigas. Qué más da leerlo o no, pues el fin no es otro que desagraviar gramáticas internas que se descorazonan en el alma.

Entro en el verso como el gorrión entra en su nido o el pez en un ocasional cardumen. Entro para cobijarme en lo cálido, retirarme del mundanal ruido e intentar lograr atrapar el inasible fulgor del silencio, tu silencio y el mío.



“SOLEDADES” (Provisional)
Cuaderno XVIII, del  2013 al 2014.
©Teo Revilla Bravo