(Poema para no ser comentado)
«La atmósfera norteña, los colores del campo, los bosques y la sierra, la naturaleza siempre esplendorosa de los contornos cántabros y palentinos, unido al ambiente especial generado en la cuenca minera barruelana con sus vidas marcadas por la cercanía de la muerte, la angustia y la esperanza, hicieron brotar en mí el sentimiento y la sensibilidad que muy temprano me llevaron a la poesía y a la pintura, así como a toda forma de arte, pábulos de expresión y vida»
ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS
martes, 10 de enero de 2017
PERCEPCIONES ALEATORIAS
(Poema para no ser comentado)
domingo, 8 de enero de 2017
AQUÍ ESTÁN LOS REYES MAGOS
LUIS BELTRAN MAGO
miércoles, 4 de enero de 2017
CAMBIA LA TARDE
CAMBIA LA TARDE
Va mudando la tarde al antojo
de apatías
sopores y movimientos calmos.
Lo hace con todo lo que arde y
cual llama
se va durmiendo lentamente por los
campos
soleados del otoñal septiembre
—ráfagas
de viento sobre las hojas,
sobre las mieses—
barruelano, desperfilándose emigrante
para ocultándose indolente
luego entre tenues
veladuras que generoso va ofreciendo,
confirmando presagios entre
fuegos amarillos
que agitan las sombras, el dorado
ocaso.
Si se rompiera este momento
y mágico donde la belleza de la
tarde se impone,
cuántos tesoros, cuántos
sentidos naturales
y carros alados cargados de
hermosos
regalos naturales en la nada se
volatilizarían.
Y también —vientos del norte,
praderías,
lechos de verde hierba, pétalos de rosas,
visión de altas cumbres— cuántos
lloros,
melancolías, palpitaciones, goces y algazaras,
cuántos jardines floreados, árboles y perfumes
que se encienden y apagan en la
opacidad
de un tiempo que a todos, cedidos a lo bello,
en sin igual gozo entre esplendores reconfortan.
viernes, 30 de diciembre de 2016
. ENTRE EL OLEAJE
ENTRE EL OLEAJE
lunes, 19 de diciembre de 2016
SUEÑO EN LA CIUDAD DESIERTA
Camino sin rumbo, quién sabe adónde, por calles que se abren como heridas. La poesía ─que duele─ asoma valerosa entre los jirones de sombras esparcidos por avenidas, jardines y paseos. Observo. Como en las grandes panorámicas naturales, todo, a cada paso que doy, va cambiando de tintes y tonos. Es como entrar en un sueño de pájaros ocultos, espacio donde se entierran muertos y se desbaratan fugaces relámpagos. Triviales malaventuras me acosan, no me dejan caminar. Es la soledad. Son las vueltas y recovecos de un camino incomprendido, donde presiento silencios, noche bronca en la que intento apartarme del miedo buscando atisbos de lucidez mientras siento acechante la llegada inevitable olvido. ¿De qué estará hecho el olvido?, me pregunto. Residuos, despojos, cenizas… Quizás se refleje ─charcos que dejó la lluvia─ en esos espejos que me miran insultantes más allá o acá de mí mismo reflejando una nadería como miran a la poesía los insensibles. Pobre poesía a la que quisieran estrangular con la bufanda blanca -amagada crueldad- de oficiales laureles.
Sigo. Camino aparentemente impávido por la ciudad desierta. Lo hago entre refulgencias y obscuridades, embriagado de pensamientos y atmósfera lobreguez. Una ventana iluminada y otra y otra, dan idea de encrucijadas humanas, actividad y vida; un turbio edificio y otro y otro, aferrando corazones, forman la interminable metrópoli del desconsuelo; un televisor, una guitarra destemplada, el lloro desgarrado de un bebé, la grieta abierta en el alma enamorada de una joven postrada en la cama de la desventura; la soledad extendiéndose como oscura mancha; rostros de mujeres y hombres; historias que empiezan y acaban de mil modos diferentes, la vida.
martes, 13 de diciembre de 2016
LOCURAS
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La obra: Pinturas SUMI-E de Miguel Elías para un libro sin murallas |
Cuaderno V. del 4 de octubre de 1978 al 27 de julio de 1980
©Teo Revilla Bravo.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
ENTRO EN EL VERSO
Entro en el verso como el sediento peregrino entra en el oasis que se abre a la fuente de los cielos. Fuera del verso no cabe nada, se rompe todo contacto que humaniza, aúna y despeja; nada hay en este nido de avispas que, irredentos, sin querer habitamos o nos habita.
Aun sabiendo que escriba o no escriba prosa, rima métrica, poemas asonantes o consonantes, endecasílabos, églogas, madrigales, odas, versos de arte mayor o menor, décimas, sonetos o composición de arte libre, bien o mal, escribo. Voy dejando jirones de palabras aun sin saber si lo hago bien, regular o mal, pues el verso, pese a no ser conciso ni claro ni tener normas precisas en mí, se me crece por el alma como la infatigable hiedra lo hace sobre la pared de una blanca ermita. El verso me hace —¡ay, Hernández!— libre, me pone alas, soledades me quita, cárcel me arranca.
No quiero reglas. No quiero fronteras ni prisiones que colapsen y retengan los circuitos del alma. Necesito libre circulación por cielos, tierras y mares. Por eso esta terrible duda que a veces me invade de si escribir o no merece la pena.
Vaya rollo, te dirás —si lo lees—, querido amigo. No sigas. Qué más da leerlo o no, pues el fin no es otro que desagraviar gramáticas internas que se descorazonan en el alma.
Entro en el verso como el gorrión entra en su nido o el pez en un ocasional cardumen. Entro para cobijarme en lo cálido, retirarme del mundanal ruido e intentar lograr atrapar el inasible fulgor del silencio, tu silencio y el mío.






