Cómo la soledad, cómo la duda que en ella
se envuelve todo lo nubla y nada apacigua.
Cómo tus ojos, incontenibles hoy en los míos
me hablan y susurran —pausa, hueco, tiempo—
cubriéndome de absoluto empeño, de soledad,
desierto o naderías…
Cómo la danza me conmueve porque toca,
suena y permanece en el alma.
Cómo el eco de un recuerdo puede hacer
reír o llorar destemplando.
Cómo la pena a veces se tremenda y se enquista
buscando infructuosamente el sentido que se oculta
en cada punzante arista de la muerte.
Cómo una galera que se hace a la mar
en emigración constante e intangible,
nos mece solitaria entre sueños y olas,
para luego desaparecer.
Cómo este poema que intento habitar cada día
ávido de luz se mira en mi espejo achicándose,
Aquietándose, para empañarse irresoluto
e imperfecto de absoluto.
Cómo los reflejos del bosque al atardecer
lo acallan todo. Cómo la pericia de la ternura
nos eleva de sueño en sueño hacia la irresoluta
nada…
Cómo el amor, en la larga expectativa se dispara.
©Teo Revilla Bravo

Es un poema realmente precioso, es corto o más bien se hace corto porque quisieras seguir leyendo dentro de esa profundidad en la que nos introduces mientras intentamos como tú, buen pintor y poeta, buscar la luz que nos vuelvan a la vida, porque cada ocaso tiene su amanecer y cada luz tiene su sombra. Repito, es precioso y conmovedor. Besitos
ResponderEliminarQué decirte, Karyn, despejas muchas dudas, logras que me reafirme un poco más en mi afán por escribir.
EliminarUn abrazo.