"La Lectora de novela" Obra de Vincent Van Gogh
LA NOVELA
“Si leer una novela constituye un esfuerzo, es mejor no leerla”.
-William Somerset Maugham-
Hay que entrar en la novela, con ganas; con tiento devorador; con ansias de encontrarnos con algo inefable que nos haga abrir los ojos y el alma. Pocas novelas reúnen los requisitos que permitan ser leídas de principio a fin sin que el interés decaiga en algún momento. Hay quienes sin pensarlo saltan contenidos yendo al encuentro de aquello que les estimule, dejando atrás posibles aspectos esenciales.
Hay novelas maravillosas. Novelas colmadas y reveladoras de las que no se deben obviar ni una sola palabra, porque con cada una de ellas se armó para sostener la importancia y relevancia que el autor quiso tuvieran. En cambio hay otras, que se podrían eliminar sin cargo de conciencia todas las páginas por irrelevantes. Parece ser que a partir de cierta edad, nos hacemos cada vez más selectivos retirándonos de lecturas que no nos causan especial emoción. Hasta esa edad más o menos, leemos todo lo que cae en nuestras manos, a veces compulsivamente creyendo que de todo aprendemos algo. Pero al hacernos (si lo logramos) adultos como lectores, caemos en la cuenta de que aquello que nos carga e irrita, aparte de aburrirnos nos hace perder un tiempo valioso.
Coleridge, poeta, crítico y filósofo inglés, decía a propósito del Quijote, que es un libro que debe leerse de principio a fin con sumo cuidado y esmero una sola vez, para después volver a él solo puntualmente. Con ello quería decir, que algunos pasajes de la obra le resultaban pesados o tediosos. Antes de esa edad considerada como adulta en lecturas, uno prefería aburrirse con Proust porque era Proust, o con Stendhal porque era Stendhal, antes que divertirse con otro escritor no tan considerado. A partir de esa edad, ya no se tiene el inconveniente de reconocer que las diversas partes de la extensísima obra proustiana presenta, como decía Coleridge en relación al Quijote, méritos desiguales, al menos en cuanto a su interés. Si esto pasa con los grandes escritores, qué no pasará con el resto de aficionados. Al final todo se resume a saber si la novela o el libro que tenemos entre manos nos interesa por una cuestión u otra, o si lo estamos leyendo tediosos porque otros lo hicieron y nos lo recomendaron. En todo caso, junto al escritor William Somerset Maugham, deberíamos hacernos la pregunta obligada: ¿La novela es una forma de arte? ¿Es su finalidad instruir o entretener y deleitar? Si es instruir, no tiene por qué considerarse obra de arte ya que la finalidad del arte según todos los preceptos es deleitar.
Barcelona.-Mayo.-2014.
©Teo Revilla Bravo.







