"Imagen africana" obra de mi autoría, año 2008
ESE TORNADO MARAVILLOSO...
Cuando uno comienza a escribir, se ve envuelto bajo el influjo de la ilusión, ese tornado maravilloso y pasional donde todo puede darse, pese a la inevitable colisión con los límites que uno mismo tiene. Ahí andamos: rotando bajo el risueño auspicio de la musa o del ignoto e ilusionante vitalismo, yendo tras algo que pretendemos trabajar, mejorar, finalizar y que dé gusto leerlo luego. Un original que llegue con un tratamiento narrativo como llega una ola fluyendo serena en el amplio mar de la dicha, o ese sol benefactor cuando lo hace sobre los extensos campos castellanos de trigales crecidos; en tal caso, un ejercicio literario que haga soñar al lector, de la misma manera que lo soñó el escritor mientras buscaba instantes de plenitud entre las dobleces brumosas que a veces al escribir genera el esfuerzo emocional. Al final, si las palabras son bien elegidas o bien halladas —uno nunca sabe—, ellas mismas, paradigmas de lo involuntario, nos conducen, orientan y aportan la claridad deseada.
Intensificación de las emociones. Variedad de registros posibles. Particularidades. Texturas. Momentos exploratorios armonizados por la pulsión vehemente de querer inventar una historia que, una vez escrita, seduzca y atraiga, a veces de manera absurda y angustiosa, conscientes de que solo el universo interior puede proporcionarnos consuelo, reconciliándonos con nuestra impotencia, ya que todas las pasiones nos llevan a cometer errores y el fracaso puede llegar fácilmente.
El pulido esmero de obtener el lenguaje deseado, la belleza estética significada en la conformidad, la avenencia necesaria y el ejercicio sostenido, llegarán con esfuerzos a claros aciertos, como llega la gloria, el brillo y el encantamiento metafísico (Buda, Platón), en una suma de orbes de inefables paraísos que habitar tras sobrevivir a momentos de dudas y contradicciones.
Escribir bien es duro. Requiere voluntad, aprendizaje, paciencia y nobleza, así como hallar la mejor manera de lograr conseguir un rumor de fábulas que sorprendan y acosen para bien los sentidos del lector; o, como alguien dijo, iluminado y ocurrente, encontrar endorfinas que revitalicen constantemente el alma y la imaginación.
Septiembre DEL 2025
© Teo Revilla Bravo
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