ENTRE PALABRAS Y SILENCIOS

lunes, 6 de abril de 2026

OPINIONES SOBRE EL JAZZ

 

"Sesión de jazz" 2007, obra de mi autoría






OPINIONES SOBRE EL JAZZ


Toda palabra tiene acepciones, produce diferentes y heterogéneos sonidos, complejas emociones, inquietudes, genera recuerdos y contagios. Detengámonos en la palabra “jazz” y centrémonos en algunas frases asociadas que quedaron unidas al legado registrado sobre el tema. Hurtadas de diversas fuentes al azar, las he ido anotando y nutriendo de contenido, malinterpretando algunas muy posiblemente.

Comenzaré por una que suena muy fuerte: “Desgarro de pezuñas extendidas”. Lo decía Jack Kerouac amedrentándonos con la demostración de una emoción poco contenida. ¿Qué representaba esa imagen del jazz para el escritor? Difícil saberlo. Uno puede imaginarse a un felino extendiendo sus patas sobre el escritor, mostrándole a la vez sus largas uñas, para desgarrarle luego el vientre, envolviéndolo con las heridas de la turbación y del sentimiento más profundo, arrebolado y lacerado por emociones sublimes.

“Corazón donde laten todas nuestras sangres” se atrevió a escribir Julio Cortázar. En esta frase se aprecia un sentido rubicundo para determinar impulsos o latidos apasionados a través del movimiento impulsivo de la maquinaria desde donde se deslizan a borbotones entusiastas sentimientos. Decía también Cortázar: “Me gustaría morir con una trompeta en los labios”. Tal la devoción y apasionamiento que sentía por esta música.

Boris Vian, como elegante escritor que era, resultó más pragmático: “Un cóctel gris perla y verde menta, con un gusto a pimienta y ahumado”. ¡Casi nada! A Boris se le abría el gusto del tacto y del paladar de pura sensibilidad, regalándose complaciente con sonidos que le deleitaban el alma.

“Conozco pocas impresiones más fuertes o más crudas”. Esto es de Sartre, el filósofo posmarxista, quien se derretía ante la verdad desnuda del jazz.

Nuestro querido poeta Federico García Lorca también fue seducido por esta música: “Los negros hacen música porque aman el azul del cielo”. Lorca lo lleva y lo centra directamente en la poesía, como no podía ser de otro modo. También nos legó esta otra locución: “Las únicas cosas que Estados Unidos ha dado al mundo son sus rascacielos, el jazz y los cócteles. Está claro que el poeta quedó seducido, tocado, emocionado y maravillado tras su viaje a Nueva York.

Casi todos los intérpretes tenían una gran formación académica en música. Bill Evans, por ejemplo, fue influenciado por músicos como Ravel, Debussy, Rachmaninov… Los clásicos aportaron mucho a la inspiración jazzística, aunque no lo parezca. Es recomendable escuchar al respecto la maravillosa grabación “All Mine” de Bill Evans.

El jazz es un estilo musical, pero también es, al menos para los sajones, todo aquello que sea brillante o colorido. Incluso verbalizan el término “to jazz”, dando a entender que algo resulta atractivo e interesante. En la década de los 50 y principios de los 60, entre otros muchos músicos, destacan Thelonious Monk, JJ Johnson, Sarah Vaughan, Clifford Brown, Max Roach, Sonny Rollins, Art Pepper, Cannonball Adderley, Charles Mingus, John Coltrane, Ornette Coleman, Miles Davis, Lennie Tristano, Gerry Mulligan, Wes Montgomery, Oliver Nelson, Chet Baker, Shorty Rogers, Shelly Manne, Steve Lacy, Dexter Gordon, Joe Henderson, Eric Dolphy, Art Blakey, Horace Silver, Bill Evans y los que me dejo. Etiquetas al margen, el rasgo decisivo de la década de los años 50 y 60 es el derroche plural de talento. Fue un periodo de asombrosa riqueza jazzística, muy interesante y necesaria en su evolución posterior.

Paco de Lucía: “Para tocar jazz hay que pensar”. Es posible que eso mismo sea lo que diga un músico de jazz cuando se fusiona con el flamenco: puro sentimiento también, puro desgarro y lloro del alma.

No es posible entender el siglo XX sin el jazz. Fue un acontecimiento artístico tan importante como el cine, la literatura, la pintura, la escultura o el rock, influyendo como estos en casi todos los movimientos artísticos.

Gómez de la Serna, nuestro querido escritor de greguerías, decía: “Las notas de jazz machacan toda nuestra lexicografía, nuestra ideología, nuestra sentimentalogía”. ¿Se puede decir intelectualmente mejor?

“Amalgama de sudor y licores, de amor y sexo, luz y bombillas, cuerpos eléctricos y elevación de las almas”, diría sin sonrojo Jean Coteau.

El jazz ha dejado sin duda sedimentos, no solo en generaciones de músicos, sino también en la de escritores, pintores, escultores y gente sensible. "El jazz no es el "qué", es el "cómo" decía muy seguro Duke Ellington, respondiendo a un periodista que le preguntó qué era el jazz.

Para la pianista argentina Lilian Saba: "El jazz ofrece una sensación potencial de libertad a partir de lo que cada uno es desde su propia identidad" ¡Ahí es nada!

Delannoy en su libro “Carambola”: "El jazz, por su capacidad incluyente de hospitalidad al estar abierto a las fusiones, es un lugar generoso que favorece la eclosión de nuevas identidades".

¡Se puede decir tanto sobre el jazz! "Prueba sacándote el saxofón de la boca" aconsejaba Miles Davis a John Coltrane cuando este le dijo que sus solos eran tan largos simplemente porque no sabía parar.

"Escribir acerca de la música es como bailar acerca de la arquitectura". Frase atribuida a Thelonious Monk, aunque otros se la conceden al gran Elvis Costello, quien la diría sin citar la fuente primigenia de donde la recogió; parece que hay establecido todo un debate acerca de quién la dijo primero, aunque lo último leído refrenda la tesis de que fue Monk.

“Había tanta música en el aire, que si levantabas la trompeta, podías tocar ella sola”, exclamó un joven músico hablando entusiasta de las sesiones de Louis Armstrong y King Oliver en los Lincoln Gardens de Chicago.

Miles Davis inspirado, nos dejó esto para la posteridad: “El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos”. ¿Quién da más?

Otra frase, esta de Carlos Santana bastante simbólica: "El rock es una piscina; el jazz es todo un océano". Esto explicaría en parte por qué nunca tendremos una colección de jazz decente ni suficiente.

Bill Evans en su biografía (las palabras se atribuyen a Art Farmer) nos dice: “El final de los años 50 y principios de los 60 fue el momento de máximo esplendor del jazz. Pensad en los nombres que aparecen, pensad”. Todo es discutible, pero estoy con él.

Ahora una frasecita del histriónico y genial Woody Allen en la película Sueños de un seductor (1972); pensando qué disco poner para impresionar a una chica, dice: “Ahora he de tomar una decisión importante: ¿Me decido por Oscar Peterson o el Cuarteto de cuerda número 5 de Bartók?”

Hay una de Charlie Parker, que me gusta también: “Master your instrument, master the music, and then forget all that shit and just play”. En castellano sería algo así como "Perfecciona tu instrumento, perfecciona tu música, y luego olvida toda esa basura y sencillamente toca”.

“El jazz es una palabra blanca para definir a la gente negra. Decía muy seria Nina Simone, cantante y pianista de jazz y blues, añadiendo muy seria y circunspecta: “Mi música es música clásica negra”.

Para Henri Matisse, pintor francés, el jazz era ritmo y significado. ¡Qué razón tenía…!

El novelista estadounidense Don DeLillo exponía: “Más que los escritores, lo que me ha influido de verdad a lo largo de la vida han sido las películas europeas, el jazz y el expresionismo abstracto. Buen combinado, oye.

Hay otras comparaciones como la que nos dejó Steve Lacy, instrumentista de jazz, al decirnos que: “El jazz durará mientras la gente lo escuche a través de los pies y no del cerebro”.

Para el compositor John Philip Sousa, “El jazz es como el vino que cuando es nuevo es para expertos, pero cuando envejece, todo el mundo lo quiere”.

Bill Evans, músico que se pasó la vida teorizando, investigando y trabajando para mejorar su estilo, decía: “Me saca de quicio que la gente quiera analizar el jazz como si fuera un teorema musical. No lo es. El jazz es puro sentimiento”. Pues eso y mucho, mucho más, amigos, es el jazz.



Barcelona, 2 de julio de 2009.

© Teo Revilla Bravo.







2 comentarios:

  1. Qué pasada de post. Esa lista de nombres que has reunido es una auténtica enciclopedia del jazz de los 50 y 60, algunos los tengo muy dentro y otros pocos me quedan por descubrir, así que me has dado tarea para conocerlos. Miles Davis y Chet Baker son mis grandes debilidades, siempre que tengo invitados en casa el jazz es la música de fondo, es algo que no puedo evitar. Y has mencionado a mi gran diva musical, la que descubrí hace años en la banda sonora de "Mujer blanca soltera busca" y que desde entonces no me ha abandonado, es mi cantante preferida. De Chet Baker esa versión que hace de My Funny Valentine me tiene completamente cautivado, llevo años escuchándola una y otra vez y siempre me toca la fibra. Aquí otro apasionado del jazz. Me ha encantado.Gracias

    ResponderEliminar
  2. Pues justo, leyendo esta entrada, estoy con Oscar Peterson, y su Love For Sale...
    Muy buena entrada para los que amamos el jazz...
    Saludos

    ResponderEliminar