"Máscaras" 1983. Obra al óleo: Identidad, emociones, dualidad del ser humano, creencias...
LA LEVEDAD DE LA VIDA
Asombra la levedad de la vida, la intrascendencia de los días escapándose sin remedio. Nos vamos, y al final, ¿qué dejamos? La mayoría, nada edificante y sólido que se sostenga y sirva para bien de los que quedan. La vida, consumida detrás de algo que, impulsados a ello, mientras la vivimos no logramos saber bien qué es; quizás como el mismo tiempo, una simple burbuja de jabón reventándose sin más en las manos. Visto lo visto, tampoco es tan fundamental hacer o dejar hacer: el hombre sigue atendiendo más a su primitivismo antropológico que a la cultura alcanzada y trabajada durante milenios.
La vida suele ser redundante, perdiendo interés con los años en la mayoría de los casos por esas gotas que se producen en la memoria. Quizás no debamos darle tanta importancia al hecho de ser (uno se va de sí mismo sin poder hacer nada para retenerse) y actuar simplemente con nobleza como hacen los animales y las plantas; vivir libres y a gusto con uno mismo debería bastar, pues al fin y al cabo somos como esas esporas de los árboles dispersadas por los vientos desapacibles a saber a dónde en la bella primavera.
Según Cicerón, "la vejez firma el fin de la vida como el último acto de una representación: una representación en la que debemos evitar la fatiga, sobre todo cuando a la fatiga se le añade la saciedad”. Es difícil saber cuándo uno renuncia a querer vivir bajo la tiranía de una enfermedad, sea mental o física. Nos atamos con fervor a la vida.
Que el sentido común no nos abandone y podamos cumplir el ciclo vital con entereza y buena disposición, capaces de mantener el ritmo hasta el final sin desafinar grotescamente antes degradando la belleza de lograr respirar primaveras florecidas.
Decía Chirbes “que la muerte es un desnudamiento, una entrada en la verdad”.
Barcelona, mayo del 2025
© Teo Revilla Bravo
Estimado Leo, siempre es un placer leerte... gusté especialmente del penúltimo capítulo.
ResponderEliminarEntre victorias y derrotas, sigo el lema de dar lo mejor de mí.
Actualmente estoy triste con mis amigas brasileñas. Llevo diez años enseñándoles el significado del Día de la Mujer, y todas lo llaman 'día de las mujeres' y me desean un muy feliz día ¡Paciencia!... Sonrisas...
A pesar del frío, ya se vislumbran las señaes de la primavera, más apreciads por quienes viven su otoño.
Felices días, amigo mio.
Un grande abrazo.
~~~
https://reinodascorujinhas.blogspot.com/
~~~~~
Gracias, Majo, por esas lecturas y por tu presencia, amiga, en este pequeño rincón de emociones. Entiendo tu preocupación por las amigas brasileñas. Qué importante tomar conciencia de lo que todavía es necesario defender.
EliminarUn fuerte y agradecido abrazo y buen fin de semana
Es cuestión de eso, de no desafinar, mientras en el momento cumbre se baja el telón.
ResponderEliminarUn abrazo.
Un abrazo, apreciado Alfred.
EliminarGracias por tu presencia, por las palabras y la sensibilidad que regalas siempre.
Un abrazo.
Ir hacia el final con la mayor serenidad posible, aceptando que es inevitable.
ResponderEliminarSin duda, tu buen texto es para meditar.
Muy buena la pintura.
Un abrazo.
Cierto, Amalia. No hay ofra forma de afrontar la vida de manera digna: hay un ciclo que cumplir, breve o largo, y hay que intentar hacerlo de la mejor manera.
EliminarUn abrazo y buen comienzo de semana.
Uno debe vivir con plenitud pero con paz. Te mando un beso.
ResponderEliminarSin duda, amiga Judit; sin duda. La paz ante todo, tanto personal como social. Un abrazo.
EliminarEn tu texto fluye la impermanencia de la vida. Conviene hacerse aliado del tiempo para disfrutar este viaje de ida... Adónde? Adonde cada cual crea o decida. La misma impermanencia atraviesa la concepción que uno tenga o adquiera. Porque todo continúa. Nada comienza ni termina...
ResponderEliminarAbrazo admirado Teo amigo!!
Conviene, Carlos, ¡qué razón tienes! Y en cuanto a lo otro, enlaza perfectamente con el poema que acabo de leerte, que comparto plenamente.
EliminarUn inmenso abrazo.
Leve es la trayectoria y a veces mal aprovechada. Bien narras esa levedad abriendo la mente y el espíritu. Qué poco pensamos en el tiempo que pasa y lo poco preparados que estamos par el momento culmen. Gracias Teo por traer tan buenos capítulos de la vida de todos y que tan escondidos están o no queremos busca.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Así es, amiga Nani: la vida pasa como si fuera un suspiro, sin casi poder apresar los momentos más felices y llevaderos.
EliminarGracias a ti por la constancia en la lectura de estos escritos,
Un fuerte abrazo.
Hola Teo. La levedad de la vida... es ese don, que precede a la obra que se intenta dar cauce y avanza con su mesura, a veces desigual y con encrucijadas, y otras, vestida de alfombras verdes en campos de amapolas y creando y recreando cuanto nos llega y prende en ese interior que presto edificamos. Buena semana.
ResponderEliminarUn abrazo
Sí, Dionisio, la vida es leve y breve y hay que parovecharla, como bien sabemos, al máximo. Hermoso tu comentario, apreciado amigo, muy agradecido.
EliminarTe va un abrazo desde esta Barcelona soleada de hoy.
Hace ya unos años que el tiempo se escapa de mis manos casi sin darme cuenta. La levedad de la vida a mi edad se siente de manera especial.
ResponderEliminarAmo la vida y en ella me refugio, esperando llevar lo mejor posible la decrepitud que se acerca a pasos agigantados.
Pero...que me quiten lo bailao...como se suele decir.
Solo queda aceptarlo con la mayor dignidad posible.
Abrazo grande.
Me sucede lo mismo, Maripaz: no lo veo venir y ya se ha ido y cada vez más rápido. Pero hay que seguir disfrutándolo en lo posible. ¡Que nos quiten lo bailado! Pero para eso lo mejor es aprender a bailarlo bien, claro.
EliminarUn abrazo muy grande, paisanuca guardense.
Estoy con Shirbes. La finalidad de la vida nos rebasa en razones que finalmente, no nos aseguran el sentido de la misma. Pero siento que hacer para satisfacción de estar para SER , puede ser la razón. No la aseguro. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarUn abrazo muy agradecido, amigo Carlos. Difícil es asegurar algo así, cómo te entiendo.
EliminarQue estés bien.
Tan bueno como sobrecogedor y rela tu relato sobre la vida, tanto las alocuciones a Cicerón como a Chirbes son tan ciertas como en realidad es la visión de la vida misma.
ResponderEliminarMe Encanta amigo.
Un fuerte abrazo
Gracias, apreciado José Antonio. Ahí vamos, dilucidando sobre la vida.
EliminarUn fuerte abrazo y, como te decía en tu blog, a seguir pintando.
Pienso, que nadie que esté lúcido reniega a esa parte de la vida, a pesar de las enfermedades y del deterioro físico propio de la edad, y más, desde que existen las unidades del dolor, así como también, hasta el momento en que uno mismo pueda llevarse a la boca una cucharada de comida, porque a partir de ahí es cuando uno se debe custionar si merece la pena aferrarse a la vida, sin perder la dignidad, o es el momento de renunciar a la vida...y que nos quiten lo bailao. Difícil dilema ¿verdad?.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo Teo, y gracias, porque de nuevo me haces pensar profundamente, con tu relato, y eso, siempre es bueno para lo que te acabo de responder.
Interesante lo que piensas, amigo Manuel. Creo, leyéndote, que estás cargado de razones. Difícil dilema, sí. Gracias por tanta atención, Te dejo un fuerte abrazo y saludos a esa Sevilla que tanto amas, qué maravilla de ciudad.
EliminarLa levedad que describes, Teo, no pesa: ilumina. Porque en esa conciencia de lo efímero no hay derrota, sino una forma más honda de estar en el mundo, aceptando que somos tránsito, sí, pero también latido, memoria y gesto noble mientras dura el viaje. Quizá ahí resida lo esencial: en no desafinar, como dices, y en sostener la dignidad de cada amanecer, aunque sepamos que el telón caerá sin avisos. Gracias por recordarnos, una vez más, que la vida es breve, pero no por ello menos hermosa.
ResponderEliminarUn abrazo agradecido, amigo.
Ilumina, Enrique, ilumina. Qué importante en tiempos de destrucción y sombras, querido amigo Enrique. Vengo de leerte, de recoger lo que de abrazo regalas y regaló tu madre. Eso es iluminar.
EliminarGracias por tu comentario, siempre rico en esencia y bondad: la vida es breve, sí, hay que tomarla a bocanadas...
Un inmenso abrazo.
No entiendo por qué el saber que vamos a morir, no nos vuelve locos. ¿Será que en lo secreto el alma nos calma susurrándonos que la muerte es una de las tantas transformaciones a lo largo de la eternidad que somos? Va un abrazo, Teo.
ResponderEliminarEs difícil entenderlo. Tenemos que tener un mecanismo que nos protege, amigo Julio David. Lo que apuntas tiene bastante sentido.
ResponderEliminarGracias y un abrazo.